¿Porqué la línea 55 es la peor de todas?

¿Porqué la línea 55 es la peor de todas?

Un coche de la línea 55 fuera de recorrido: por la calle Rosario a la altura del Shopping Caballito, cuando debería ir por Guayaquil

(CABA) Me las tomo con el 55 porque es la línea que me veo obligada a usar, como todos los que viven en Flores o Caballito, cuando hay que ir hacia Palermo y más allá. No porque crea que es la única que no cumple con las frecuencias establecidas o que tiene esa odiosa práctica de venir en caravana de 3 ó 4 coches juntos para luego dejar desierta la parada por 20 ó 30 minutos, aunque estemos en hora pico.

Tampoco creo que sea la única cuyos choferes manejan como si transportaran mercadería y no personas o que dos por tres pasan de largo sin recoger pasajeros porque el semáforo está verde.

Sólo que un día descubrí que el motivo por el cual resultaba tan desesperante esperar el 55 en Guayaquil y Calasanz -fui testigo de varios abandonos, de gente que llamaba por celular para cancelar citas importantes y yo misma tiré la toalla varias veces para hacerle señas a un taxi- era sencillamente porque muchos choferes se desviaban del recorrido y cortaban camino por Rosario, saltéandose dos paradas.

El día que vi un 55 pasar por detrás del shopping Caballito, me sentí muy tonta por el tiempo perdido esperándolo en vano en la calle paralela. Igualmente, por las dudas, entré a Internet para ver si no se trataba de otro ramal. Pues no, simplemente ganan tiempo haciéndoselo perder a los pasajeros.

Hay quien dice que hacen esto porque la empresa los sanciona a ellos, a los choferes, si no cumplen en tiempo el recorrido. No sé, tal vez sea cierto, sólo sé que en algún lado algo falla organizativamente aunque existe una Comisión Nacional de Regulación de Transporte. Más adelante veremos lo que desde ese organismo me respondieron.

Pero volviendo a internet, allí me sentí menos sola: había varias lindas frases dedicadas a la línea 55. Me gustó en particular una que decía que sus choferes eran los peores de todos… Me inspiró el título de este artículo.

Cuando logro sentarme en el colectivo, por lo general me enfrasco en la lectura. Así estaba una mañana, justo en el asiento detrás del chofer, de espaldas, cuando escucho que una señora le golpeaba la puerta. El tipo no le abría, ella insistía. El chofer, joven, le decía con sorna a la señora, tuteándola: “Estás alterada…”

La discusión me saca de mi libro y cuando levanto la vista veo que… ¡estamos frente a la parada! Era sobre la avenida Acoyte, donde hay un semáforo para los que doblan a la izquierda por Yerbal. Y justo ahí, está la parada del 55. El chofer estaba detenido por el semáforo pero no se le cantaba abrir la puerta. Entonces intervine: “¡Abrile de una vez!”

Obedeció. Ella le reprochó, pero con voz calmada: “Me estabas bardeando”. El muy cobarde negaba y negaba. No me pude contener: “Flaco, la estabas bardeando, cortala ya”. Así son. Se le antojó no abrir la puerta. Porque sí. Si nadie le decía nada, seguía de largo.

No cabe duda de que, como dice el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, en una ciudad del tamaño y la población de Buenos Aires, lo ideal es que la gente desista del auto y opte por el transporte público, colectivo (o individual no motorizado ni contaminante como es la bicicleta). Pero digamos que para la mayoría la opción es el subte y sobre todo el colectivo porque cubre toda la ciudad.

De hecho, desde que el PRO asumió el gobierno de la Ciudad viene supuestamente promoviendo eso. Digo supuestamente porque lo ha hecho a los ponchazos, sin una planificación clara y empezando por lo más barato: las bicisendas.

Claro que la Capital no está aislada del conurbano, y debería haber un ente autónomo que regule todo el transporte del AMBA, pero la política pequeña nos impide desde hace décadas tener un programa coordinado de transporte: no se puede erradicar el auto de la ciudad si no se piensa una política de largo plazo. En los últimos años en particular, mientras el gobierno de la Ciudad trazaba bicisendas, ensanchaba las veredas en algunos barrios y aumentaba el área peatonal en el centro, el gobierno nacional fomentaba la compra de autos porque la automotriz fue una de las industrias que motorizó el crecimiento durante la larga década kirchnerista. El resultado es que el tránsito en Buenos Aires es infernal, porque hay cada vez menos espacio para una cantidad creciente de autos.

Ahora ya no hay excusas para no coordinar una política. De todos modos, mientras esperamos por lo excelente, que tal vez no llegue nunca, no logro entender por qué no mejoramos lo existente.

Cuando me comuniqué con la CNRT, una de mis preguntas fue: “¿Con qué frecuencia y método es inspeccionada (la línea 55); es decir, cómo se controla el cumplimiento del servicio?”, en particular en lo que hace a la frecuencia, se entiende.

Respuesta: “Los controles de frecuencias los realizan diariamente inspectores de la Gerencia de Calidad y Prestación de Servicios. Los mismos se basan en una programación anual que incluye a todas las líneas urbanas de jurisdicción nacional tanto en temporada de verano como de invierno dado que los horarios son diferentes”

O sea, me leyeron el reglamento. Yo puedo dar fe de que al 55 no lo controla nadie. Jamás vi un inspector en las paradas, como sí suelo ver en otras líneas.

A la pregunta: “¿Han recibido denuncias de que en el tramo que va de Rivadavia y Del Barco Centenera hasta José María Moreno y Rivadavia, con frecuencia esa línea se desvía del recorrido y en vez de hacer Del Barco Centenera 100-200, Guayaquil 900-600, Riglos 200-250, Formosa 600-500, Avenida José María Moreno 400-1 (como corresponde según el recorrido establecido), toma un atajo por Rosario, con lo cual deja dos paradas sin atender?”.

La respuesta fue: “Durante el 2016 la Línea 55 recibió 4 denuncias por desvío de recorrido, una en el mes de abril y 3 en el mes de junio.”

No creo que haya que ser un cráneo para establecer qué frecuencia es necesaria en cada recorrido de esta ciudad, ni para fijar un sistema de controles que evite que esas frecuencias sean incumplidas, ni para sancionar a las empresas infractoras y eventualmente quitarles la concesión. Pero ¿para qué hacer las cosas bien si podemos hacerlas mal?

Mientras soñamos con un futuro ideal y hablamos de una ciudad que todavía no existe no nos ocupamos de la realidad cotidiana de cientos de miles de personas que viajan dentro de la Capital o vana y vienen entre ésta y el conurbano. Aunque no hace falta porque todo el mundo lo sabe, reitero: lo que pasa con el 55, pasa con muchas líneas más.

La CNRT me envió el cuadro de frecuencias que debe cumplir el 55. Tiene 3 ramales. Lo digo porque una vez que me quejé de esa manía de desplazarse en caravana, que hace que uno en vez de perder un colectivo pierda los tres juntos, me dijeron que era porque había varios ramales. Pues bien, no es cierto, porque si la matemática no me falla, aún suponiendo que pasen los tres ramales juntos, luego no deberían transcurrir más de 9 minutos -nueve- antes de que venga otra unidad.

Además, de la línea 55, he visto y documentado una caravana de cuatro (4) coches juntos, uno más que los tres ramales que tiene. Y el día que saqué esa foto de los cuatro 55 juntos -para tener la prueba del delito-, como no alcancé a subirme a ninguno, pensé que era el momento de medir el tiempo exacto que tardaba en venir otro: 20 minutos. A las 9 de la mañana.

No sé si es la peor línea de todas, pero estoy segura de que todos los que la sufrimos coincidiremos en que se merece estar en el podio de las peores.

Por Claudia Peiró

S.C.