Buenos Aires, 23/08/2017, edición Nº 2082

¿Por qué tenemos miedo?

Escribe Federico Emmanuel Mana (CABA) Temor, miedo, incertidumbre, angustia, inseguridad; términos que nos remiten a sentimientos indeseables que pretendemos evitar a toda costa, más allá de que nunca podamos eliminarlos por completo. Ahora bien, ¿cómo entender al miedo? ¿Es un simple síntoma de nuestro instinto biológico de conservación o un fenómeno cultural que porta intereses en búsqueda del control social? Por supuesto que podemos tener una primera aproximación a este...

Escribe Federico Emmanuel Mana

(CABA) Temor, miedo, incertidumbre, angustia, inseguridad; términos que nos remiten a sentimientos indeseables que pretendemos evitar a toda costa, más allá de que nunca podamos eliminarlos por completo. Ahora bien, ¿cómo entender al miedo? ¿Es un simple síntoma de nuestro instinto biológico de conservación o un fenómeno cultural que porta intereses en búsqueda del control social?

Por supuesto que podemos tener una primera aproximación a este concepto tan conocido por nosotros desde una perspectiva biológica: el miedo es parte de nuestro instinto, de nuestra animalidad más primigenia, un sentimiento de peligro inminente ante un ente determinado que nos predispone para atacar o huir; un mecanismo de autodefensa que nos pone en alerta cuando estamos bajo algún riesgo, preparando el cuerpo para actuar en consecuencia.

De esta manera, si adherimos férreamente a esta percepción, debemos hacer hincapié no tanto en nuestra reacción si no en el objeto que es capaz de despertarlo en nosotros. Desde nuestra propia experiencia podemos entender que estos “entes peligrosos” pueden ser objetos o sujetos concretos que amenazan contra nuestra integridad física, pero también ser cosas indefinidas que no nos hacen temer tanto por el riesgo si no más bien por la incertidumbre hacia donde nos conducen. Es decir, lo que despierta esta inquietud es el desconocimiento, la incapacidad de poder controlar el objeto temido.

¿Existe alguna manera de afrontar este tipo de temores? En muchas ocasiones nos los generamos nosotros mismos a través de pensamientos automáticos que emergen en nuestra mente y que nos motivan a actuar “irracionalmente”, por ejemplo, ante un mínimo dolor de cabeza convencerse que es un síntoma irrefutable del advenimiento de un ACV que nos llevará a la muerte. ¿Será entonces ejercitar la propia racionalidad un camino de salida? Tal vez debamos comenzar a cuestionar el objeto temido como así también a nosotros mismos porque ante un arma de fuego apuntando a nuestro rostro poco hay que cuestionar, pero ante el temor a entes más abstractos como el fracaso, cabe preguntarse qué es el fracaso como así también por qué a nosotros nos preocupa el fracaso y si no estaremos otorgándole un rol excesivo dentro de nuestros esquemas mentales.

A tal respecto, podemos visualizar una serie de preguntas que emergen en esta situación: ¿por qué temo? ¿Esto temido es un verdadero peligro para mí? ¿De dónde proviene este miedo? Quizás el temor surge por la sobre-dimensión de algo, por tomarlo como algo que no es y el análisis racional podría llegar a mitigarlo. Por otro lado, hay quienes sostienen que al temor hay que enfrentarlo ya que si es producto del desconocimiento, al estar enfrente de él se tomará noción de lo que es en verdad.

No obstante, pareciera que también debemos tener en cuenta otro factor más allá de la propia mentalidad. Como dejamos entrever, podría pensarse al miedo como un fenómeno fomentado por sectores de poder, interesados en usufructuar la condición de vulnerabilidad en la que nos sumerge el temor. ¿A qué nos referimos? Cuando estamos invadidos por el pánico no podemos pensar, sólo queremos que aquello que nos genera esta sensación desaparezca. Así pues, cuando un problema como la “inseguridad” se vuelve tema central en cada transmisión televisiva, es lógico que la gente sienta terror y apoye cualquier propuesta de mano dura para acabar con su miedo. Pensemos por caso cómo el discurso “anti-terrorista” en el mundo entero ha sido vehículo de cercenamiento de numerosos derechos individuales en pos de la “seguridad nacional“.

Mucho se ha hablado ya acerca de la famosa “sensación de inseguridad“. David Hume sostenía que no somos capaces de tener ideas sin tener una experiencia sensitiva previa; es decir, que desde esta visión si tenemos tal sensación es porque hemos experimentado la inseguridad. Negar que el delito se ha extendido por gran parte del país sería, como mínimo, imprudente. Sin embargo, esto no impide entender que también existe un relato que no hace más que pretender infundir miedo, pavor en las personas, más no sea para empujarlas a consumir determinados servicios.

De esta forma podemos preguntarnos qué hacer con el miedo. ¿Hay que erradicarlo o controlarlo? Quizás cuando se vuelve inmanejable, o mejor dicho cuando maneja nuestra vida, sí haya que buscar eliminarlo o al menos aplacarlo. Pero si no llega a este nivel ¿no será algo positivo que nos mantiene alerta? Puede ser que se trate de esto, de estar alerta, atentos no sólo para preservar nuestra integridad, si no también para evitar que manipulen nuestro pensamiento con un discurso que, sutilmente, se va enquistando en cada uno de nosotros hasta hacerlo indubitable y convencernos de que vivimos en una realidad que no se corresponde al cien por cien con lo que experimentamos.

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