Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

¿Por qué es necesario el amor para el sexo?

Se trata de la demisexualidad, agrupa a las personas que no sienten atracción sexual a menos que haya un vínculo emocional y afectivo previamente con alguien.

(CABA) La sexualidad entre los seres humanos suele fragmentarse en cuatro partes: la heterosexualidad, la homosexualidad, la bisexualidad y la asexualidad. Son orientaciones bien definidas -algunas más comunes que otras- y están relacionadas directamente con la atracción sexual de una persona hacia otra de su sexo contrario o de su mismo sexo. Sin embargo, de la asexualidad (ausencia de atracción sexual por completo) se desprende una quinta pata que pocas veces está ubicada en el centro de la discusión: la disexualidad.

“La demisexualidad es una variante de la asexualidad. Es decir, personas que no sienten atracción sexual por otras a menos que intervenga el romanticismo. Se da mayormente en los jóvenes, que necesitan vivenciar un sentimiento amoroso para tener sexo. En algunos es una combativa postura frente al “sexo fácil”; en otros, en cambio, es una forma de relacionarse. Los pudores y miedos también influyen”, explicó Walter Ghedin (MN 74.794) , médico psiquiatra y sexólogo.

Sin dudas que es una manera de afrontar la sexualidad poco conocida, pero que incluye a más personas de las que uno podría imaginarse. El término demisexual estaría a mitad de camino entre la sexualidad y la asexualidad, lo que no significa que los demisexuales tengan una sexualidad a medias o incompleta, sino que requieren de esa fuerte conexión emocional para que sus experiencias sexuales sean plenamente satisfactorias.

“El riesgo de esta conducta demisexual es decepcionarse por una realidad que impone el sexo desde los primeros encuentros. Estos jóvenes sostienen su deseo y lo defienden. Es una actitud congruente con lo que sienten”, dijo Ghedin, quien aseguró que “los pudores surgen por ideales culturales o de belleza. Es una expresión sexual en donde aparecen los miedos por creer que no cuentan con habilidades eróticas. Son inseguridades personales respecto a la conducta sexual.

Cuando una persona demisexual forja ese vínculo emocional con alguien, ya sea a raíz de una amistad especial o enamorándose por completo de una persona, experimenta un deseo sexual que está dirigido únicamente hacia esa persona con la que han logrado conectar a otro nivel.

“Las personas asexuales no quieren ser consideradas ‘enfermas’ ni catalogadas con diagnósticos médicos (deseo sexual hipoactivo o trastorno por aversión al sexo), también rechazan interpretaciones psicológicas que explican ‘su problema’ como el resultado de las defensas: la represión, sublimación o desplazamiento del deseo hacia otros objetivos”, dijo el experto.

Ghedin concluyó que “los asexuales definen la asexualidad como una de las tantas formas de identidad sexual y son congruentes con su forma de sentir. Defienden las relaciones vinculares basadas en el romanticismo sin tener el sexo como objetivo prioritario. No obstante se debe tener en cuenta que muchos problemas que aquejan al deseo son provocados por problemas médicos (endócrinos, efectos adversos de fármacos, entre otros), así como psicológicos (traumas sexuales, parejas conflictivas, violencia, poca estimulación, rutina, etcétera). El descarte de estas y otras causas que pueden bajar al deseo es fundamental”.

S.C.

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