Buenos Aires, 19/09/2017, edición Nº 1770

Polémicas estructuras para los floristas en Chacarita

El Gobierno porteño las colocó para reordenar el funcionamiento de los quioscos, pero algunos las consideran un despropósito.

(CABA) “¿Viste lo que han hecho frente al cementerio de la Chacarita? Me parece un despropósito”, me dijo un compañero de trabajo. Uno de esos adorables personajes que tienen cierta sensibilidad por el patrimonio arquitectónico de la Ciudad. “Pusieron unas estructuras con quioscos para flores que tapan el pórtico de acceso al cementerio que es una belleza”.

Abel Alexander es fotógrafo y se dedica a recopilar fotos históricas. Se refería al llamado peristilo del Cementerio de la Chacarita, diseñado nada más y nada menos que por el arquitecto Juan Antonio Buschiazzo cuando fue director del Departamento de Obras Públicas de la entonces municipalidad, durante el gobierno de Torcuato de Alvear. Y a las obras que encaró el Gobierno porteño para “recuperar y poner en valor” su lindero Parque los Andes.

La propuesta sobre la calle Guzmán, paralela al murallón del cementerio, es ingeniosa. Crearon una estructura metálica irregular por donde crecerán enredaderas que taparán los autos de las playas de estacionamiento previstas para esa calle. En cambio para la plaza de enfrente del acceso principal al cementerio, armaron un lugar para los floristas con una especie de paraguas que dan para la polémica.
Debajo de estas estructuras de chapa por las que se quejaba mi colega hay unos prismas que alojan los puestos de flores. Con cierto tino, los citados paraguas tienen una altura que tiene la virtud de no tapar y dejar apreciar desde la avenida la arquitectura del acceso al cementerio.

La idea en general me parece bien: reordenar el funcionamiento de los floristas. Y, en lo posible, jerarquizar el acceso a la necrópolis. Pero no me gusta la manera en que está resuelta. Para mí, la forma de esos objetos “paraguas” no admiten ser pegoteadas a otras cosas. A lo sumo pueden estar pegados unos con otros o puestos en damero. No resisten tectónicamente ser sostenes de otra estructura. Por eso no me gustan, porque van en contra de su propia naturaleza. Pero esta es solo mi opinión.

A ver. Me gusta el diseño del Metrobus y no me gusta el de estos paraguas. Me gustan los nuevos juegos de los parques, pero aunque en casos haya que tolerarlas, en general no me gustan los diseños de rejas que han puesto en las plazas. Y por caso, no me gustaban para nada las rejas que habían puesto en la plaza del Centro Cultural General San Martín y me gustan mucho más, las “defensas” de vidrio con las que las han reemplazado.

Pero insisto, estos son solo mis opiniones y gustos. En algunos casos coincidentes y en otros enfrentados a las de quienes proyectaron estos diseños. Este justamente es el problema. ¿Puede ser que una obra de equipamiento urbano en el espacio público sea producto del gusto o capricho del gobierno de turno? O más bien del profesional designado por ese gobierno de turno. Se sabe, hay cargos y funciones que son políticas y otras que son técnicas. Y para el caso de los proyectos públicos o en el espacio público, lo mejor para la Ciudad es que los hagan los más capacitados. ¡Si habremos visto desembarcar en oficinas del Gobierno funcionarios arquitectos puestos a dedo por políticos que no han dejado rincón de la ciudad sin imponerles sus proyectos!

Ya alguna vez el Consejo Profesional de los arquitectos luchó por una ley para que estas obras fueran realizadas por concurso o cuando por su especificidad lo ameriten por oficinas de gobierno, pero dirigidas técnicamente por profesionales que hayan sido seleccionados cuidadosamente por concurso.

* Editor General ARQ

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Fuente: Clarín

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