Buenos Aires, 15/12/2017, edición Nº 1857

Pio Collivadino: el pintor de Buenos Aires

Un clima de alegría y celebración reinaba ayer al mediodía en la presentación de la muestra Pío Collivadino Buenos Aires en Construcción , que por muchos motivos marca un hito en la historia de nuestro museo mayor. (CABA) En primer lugar, porque pone en valor y en su justo lugar la estirpe plástica de un artista mayúsculo, un pintor con todas las letras que en las primeras décadas del siglo XX selló con...

Un clima de alegría y celebración reinaba ayer al mediodía en la presentación de la muestra Pío Collivadino Buenos Aires en Construcción que por muchos motivos marca un hito en la historia de nuestro museo mayor.

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(CABA) En primer lugar, porque pone en valor y en su justo lugar la estirpe plástica de un artista mayúsculo, un pintor con todas las letras que en las primeras décadas del siglo XX selló con sus pinceles el testimonio visual de la ciudad en transformación. En la aldea de casas bajas se levantaban los primeros edificios de alto; se construían bancos, usinas, puentes, frigoríficos, puertos y silos. Esa pujanza económica encontró en el virtuosismo de Collivadino un intérprete impar.

Había nacido en 1869 en Barracas, hijo de carpinteros y constructores lombardos. Tenía diecinueve años cuando viajó a Italia para estudiar pintura en una bottega romana y regresó formado como artista, animado por la curiosidad del joven que asistía al nacimiento de la metrópolis.

La directora ejecutiva del MNBA, Marcela Cardillo, presentó esta retrospectiva como un símbolo de la cooperación interdisciplinaria entre el Museo Pío Collivadino y la Universidad de San Martín, que tuvo a su cargo la restauración de las pinturas y es también ahora custodio de los valiosos archivos de la Fundación Espigas.

Subrayó Cardillo el invalorable aporte de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes, representada por su presidente, Julio Crivelli, y por Josefina Blaquier, para la realización de este digno homenaje. Durante la visita guiada, la curadora Laura Malosetti Costa destacó la colaboración del Museo de Cine para la exhibición de películas mudas de la época, en la que se ven “nacer” soberbios edificios como el Plaza Hotel.

Hoy, la inauguración será acompañada por música en vivo, que animará ese cine sin palabras, pero elocuente.

En sintonía con las grandes muestras que pueden visitarse en Buenos Aires en estos días (ver recuadro), la exposición Pío Collivadino Buenos Aires en Construcciónpermite revisitar una época, un pedazo de nuestra historia, desde la mirada de artistas que compartieron ideario y estéticas.

Son ellos los integrantes del grupo Nexus, que regresaban de Europa con el deseo de una renovación formal y el ímpetu de mostrar el nuevo paisaje urbano, ese enorme obrador que era la ciudad de Buenos Aires en construcción.

Más acostumbrados a asociar la obra de estos artistas, entre ellos nada menos que Quirós y Fader, con el campo y las naturalezas muertas, resulta un atractivo contrapunto descubrir en sus pinturas, como en las de Rossi, Lynch, Lazzari y Quinquela, los pliegues de ese horizonte mutante del que poco a poco se borra la frontera con el campo donde nacen los suburbios de coloridas y abigarradas tramas.

La hora del almuerzo, pintura con la que Collivadino representó a la Argentina en la Bienal de Venecia de 1903, es el cuadro central de la exposición. Un trabajo de gran calado que lo muestra en pleno dominio de su arte. Los gestos, la ropa y hasta el ambiente de trabajo, propio de una escena costumbrista, ganan potencia por el tratamiento naturalista de la escena. Es Collivadino un hombre de su tiempo que saca partido de lo que ve, sabe elegir los puntos de “observación”, como el puente alto de La Boca, la Diagonal Norte, el ex Banco de Boston y las usinas eléctricas, testimonios de la modernidad. Allí comienza a conjugarse la vida cotidiana de otra manera. Malosetti Costa celebra esa condición natural de Collivadino para sacar partido de las perspectivas y pintar una Buenos Aires “monumental”.

Hay una cita de Borges en las paredes del pabellón donde se exhibe la muestra que habla de los “colores blandos”; ésos son los que Collivadino elige. Una paleta con sordina para pintar la ciudad y sus gentes, lo cotidiano de manera sublime.

En los bocetos de pequeño formato se adivina la frescura del trazo suelto y libre que será estructurado con precisión en la tela definitiva.

Las obras proceden de la colección del MNBA, del Museo Pío Collivadino, del Museo Sívori, del Museo del Tigre, del Palacio de Hacienda y de colecciones particulares. No está el primer envío argentino a la Bienal de Venecia en 1901. Collivadino representó al país ese año con Vida honesta;el cuadro no volvió. Fue adquirido en la misma mostra por el Museo de Udine. Finalmente, la figura de Collivadino creció como docente y director de la Academia Nacional de Bellas Artes durante tres décadas. Fundó la cátedra de Grabado. Era un grabador eximio. Murió en 1945.

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Fuente consultada: La Nación

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