Buenos Aires, 23/11/2017, edición Nº 1835

Pinamar: cuatriciclos y camionetas corren picadas en la arena y aseguran que no las pueden controlar

Arrancan después de las 19 cuando los médanos quedan sin policía. El intendente dice que no las puede parar porque se hacen en tierras privadas.

(PBA) No se trata de una estación de servicio pero hay olor a nafta. Nadie oficia de banderillero oficial, pero siempre hay alguien dispuesto primero a levantar y, después, a bajar rápidamente la mano: esa es la señal de largada. No hay una pista delimitada, pero los motores rugen igual. En la arena de la zona norte del partido de Pinamar, atardecer en la playa no es sinónimo de comer churros ni de jugar a la paleta: acá se corren picadas.

Mientras cae el sol, cerca de los gazebos que arman quienes bajan a la playa en camionetas de tracción 4×4, distintos vehículos se alinean junto a otros de su especie. Los cuatriciclos compiten contra los cuatriciclos, las camionetas contra las camionetas, y los UTV -vehículos utilitarios todo terreno que, desde este año, corren el Dakar- contra los UTV. Cuando alguien baja el brazo, salen disparados hasta una línea de llegada imaginaria consensuada por todos los participantes. A los costados de la improvisada pista, sentados sobre sus propios vehículos o parados, están los espectadores de las carreras que, como sabiendo que el atardecer es la hora indicada, se van acercando a esta zona de la playa. Hay grandes y también hay chicos entre el “público” que, sin ningún tipo de separación entre la “pista” y ellos, asiste a la competencia entre, por ejemplo, cuatriciclos que alcanzan los 130 o 140 kilómetros por hora en pocos segundos.

“Lo hacemos por diversión”, dice un chico joven que a veces señala la largada y a veces pica en cuatriciclo. “A veces hay alguna apuesta: algo de plata, un champagne o el asado; yo llevo ganados tres costillares”, se enorgullece. Alrededor, tres hombres que esperan su turno para montarse a sus camionetas prenden un habano cada uno, y otro llega haciendo ruido con el motor de su nuevo UTV. “Es turbo”, ostenta. En la nuca se tatuó “Turismo carretera”.

“Si llega a venir la Policía no les van a dar las patas para correr a estos”, se ríe una mujer. Es pareja de uno de los informales corredores de la tarde, y junto a otras mujeres y varios chicos, saca fotos y graba con el celular. “¿Qué haces si viene la Poli?”, pregunta a uno de los corredores. Pero “la Poli”, que se supone que circula en cuatriciclos por la zona hasta las 19, no viene: apenas pasó esa hora y la arena se volvió un autódromo.

Las picadas son difíciles de controlar, tienen vehículos más rápidos que el Estado y podés entrar en una persecución que resulte aún más peligrosa”, admite Martín Yeza, intendente de este partido, aunque matiza: “Se trata de tierras privadas de la empresa Pinamar SA y lo que hace cualquier adulto en tierra privada corre bajo su responsabilidad”. Desde esa firma, dueña de gran parte de los terrenos que faltan lotear en Pinamar, aseguran que las playas en donde se corren las picadas “son parte de la localidad de Montecarlo”, que pertenece al municipio pinamarense pero no a la empresa.

Matías Yeannes, secretario de Seguridad de Pinamar, aclara el panorama: “La parte donde la arena es plana es de la Provincia, lo privado empieza al pie del médano. Más allá de de quién sea, no puede haber picadas, el Estado debe intervenir en eso”. Según el funcionario, “siempre hubo este tipo de carreras y en el último tiempo disminuyeron; y la ley de tránsito no es clara respecto del tránsito en la playa por eso hacemos pequeñas intervenciones como la empalizada que restringe el acceso a los médano, o la presencia de una ambulancia 4×4 y de un gazebo de la Policía para que circulen en cuatriciclo”.

Fabián Perroni, titular del Operativo Sol, apela al argumento de la propiedad de la tierra: “Son tierras privadas, aunque no me desligo de la responsabilidad; la cantidad de efectivos en cada punto de las 42 localidades que abarca el Operativo varía según qué pasa cada día, qué eventos hay”, sostiene, y enfatiza: “Nos vamos a ocupar, vamos a ir”.

Según pudo saber Clarín, la presencia policial en la zona norte de Pinamar está activa en horario de playa, es decir, el mismo en el que trabajan los guardavidas: entre las 9 y las 19. Lo que pasa es que esta playa es, más que una cancha de tejo, una pista de carreras sin control. NR


Fuente: Clarín

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