Buenos Aires, 21/11/2017, edición Nº 1833

Peleate vos…

La estrategia del jefe de Gobierno es no confrontar con la presidenta Cristina y dejar que Maru Vidal haga ese trabajo, rol que alguna vez supo ejercer Horacio Rodriguez Larreta, hoy alejado de la exposición pública; dedicado a construir poder puertas adentro de la gestión.   Podría deberse a las prácticas budistas a las que, según confesó, Mauricio Macri se hizo afecto en el último tiempo. Sin embargo, no sería...

La estrategia del jefe de Gobierno es no confrontar con la presidenta Cristina y dejar que Maru Vidal haga ese trabajo, rol que alguna vez supo ejercer Horacio Rodriguez Larreta, hoy alejado de la exposición pública; dedicado a construir poder puertas adentro de la gestión.
 

Podría deberse a las prácticas budistas a las que, según confesó, Mauricio Macri se hizo afecto en el último tiempo. Sin embargo, no sería ese ánimo zen, sino un consejo explícito de Jaime Durán Barba, su asesor, lo que llevó al jefe de Gobierno a evitar confrontar con el Gobierno nacional.

“Organizaciones no gubernamentales nos criticaban tan duramente por lo que no habíamos hecho y ahora otros gobiernos hacen esas cosas de vetadores seriales y nadie dice nada”, soltó el viernes la mandataria por cadena nacional, en clara alusión a Macri, quien lleva vetadas más de cien leyes desde que asumió su primer mandato en octubre de 2007.

 

El jefe de Gobierno mantuvo un silencio de iglesia . Solo su vice, María Eugenia Vidal salió a defender “el derecho constitucional” al veto , siempre cuidando el tono y sin agresiones directas a Cristina.

“Existe una estrategia de no confrontar, de no agredir. Durán Barba se lo aconsejó a Mauricio, le explicó que la realidad es que en las últimas elecciones la gente lo eligió a él y también la eligió a ella (por Cristina) por similar porcentaje de votos y que lo mejor era no pelear”, contó un funcionario del Ejecutivo porteño, y precisó que tras esa recomendación el jefe de Gobierno “bajó línea a todo el Gabinete de no confrontar, pero pareciera que todo tiene un límite, aunque no está claro cuál es”.

La idea es mostrar un Macri abierto al diálogo, a generar consensos y a trabajar en equipo. Y sobran ejemplos de la prolijidad del líder del PRO para acatar las consignas. “No estoy de acuerdo con encarar el tema de reforma constitucional en este momento. Lo importante es que trabajando juntos podemos mejorar, el Gobierno nacional y de las provincias tenemos que trabajar juntos”, fue la respuesta de Macri al nuevo intento kirchnerista de instalar la reforma de la Constitución como un asunto de agenda pública.

Una opinión cuidada, si se la compara con las duras expresiones de rechazo a la embestida K de otros dirigentes de la oposición.

Ya a fines de 2011 y poco después del rotundo triunfo electoral de Cristina se advirtieron signos de acercamiento entre la Ciudad y la Nación. Macri felicitó a la mandataria desde Italia por su victoria en las internas de agosto, Cristina le agradeció públicamente y le devolvió el gesto cuando él ganó el balotaje en la Ciudad. Poco después hubo un intercambio de mails entre el ministro del Interior, Florencio Randazzo y el jefe de Gabinete macrista, Horacio Rodríguez Larreta buscando consensuar una agenda que permitiera destrabar algunos temas clave , como el traspaso de la Federal y la administración de terrenos.

Pese a que esos intentos del PRO por crear puentes con la Casa Rosada parecen no encontrar terreno propicio, en el macrismo insisten: “No van a encontrar respuestas agresivas ni ataques por parte nuestra”. Y de hecho no las hay. No se advirtieron manifestaciones fuertes hacia la administración kirchnerista cuando se anunció el traspaso imprevisto del Subte a la Ciudad o el retiro de la Policía Federal de las estaciones, autopistas y hospitales porteños. Quizá el más duro fue el ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro, pero que apuntó a su par de Nación, Nilda Garré: “Da la sensación que un poco están retirando a la Policía Federal de la Ciudad. Nos toma un poco de sorpresa”, dijo.

A ese perfil amistoso y conciliador que se busca imprimirle a Macri se suma la estrategia de mantenerlo ajeno a los asuntos controvertidos de la gestión porteña.

En ese caso, el equipo de comunicación de la Ciudad decidió designar a Vidal como la vocera de las malas noticias. Sería la ex ministra de Desarrollo Social quien, de ahora en más, saldría a dar explicaciones y respuestas frente a los reclamos de la oposición o los vecinos. También a los embates de Cristina. Macri prefiere apostar al budismo.

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