Buenos Aires, 27/05/2017

Pedro Robledo anunció que será Jefe de Gobierno

En una entrevista para Política Argentina, lanzó una advertencia para Martín Lousteau sobre su candidatura. También se refirió a sus relaciones con dirigentes kirchneristas y su acercamiento al nazismo.

(CABA) En una de las paredes de la oficina de Pedro “Piter” Robledo hay tres fotos en hilera. Por su tamaño, la imagen predominante es la que lo muestra con el Papa Francisco. Las otras dos compiten en importancia: en una se ve a Piter conversando con su principal referente político, Mauricio Macri. En la otra, con una figura que él hará emerger una y otra vez a lo largo de la entrevista: Cristina Fernández de Kirchner. Una al lado de la otra, las dos fotos no parecen implicar una contradicción para el subsecretario nacional de Juventud y presidente del espacio joven del PRO.

El funcionario de 25 años se define como “la pata progresista” del Frente Cambiemos. Responsabiliza al gobierno anterior por la pobreza estructural que dejó y plantea que el kirchnerismo perdió por no dar lugar al disenso a nivel interno. Pero también admite que “hablaría mal de mi persona no reconocer las buenas cosas del kirchnerismo” y confiesa que hay medidas y personas que no le “gustan tanto” al interior de su espacio político. Aunque no quiere dar nombres, su mensaje es claro: “No me gustan las tarifas”. “Carolina (Stanley) y Marcos (Peña) deberían hablar más, y otros deberían hablar menos”, acota.

Hace un tiempo definiste al PRO como un espacio progresista. A ocho meses de gestión de Macri, ¿lo seguís sosteniendo?
Sí, claro. Uno se tiene que hacer cargo de su propia historia. No me gustaría ser como los peronistas que no se hacen cargo de Menem. Uno no puede negar que nuestra historia política nació como una fuerza de derecha conservadora. Ahora, me parece que la batalla más linda que hemos dado muchos jóvenes en nuestro partido fue haber podido torcer ese timón.

¿Cuándo ves ese giro?
Creo que cuando se da de manera contundente es con el segundo gobierno de Macri en la Ciudad. Cuando el PRO empieza a entenderse como una fuerza política y no como un partido de paso. Al tener que conformarse como fuerza política, si uno no permite la contradicción ideológica, uno achica la base electoral y la capacidad de poder interpelar. Si hay algo que admiro del peronismo como movimiento político, fue la capacidad de contradicción. Creo que lo que le termina pasando al último peronismo/kirchnerismo fue esa no capacidad de contradicción. Creo que el PRO tuvo el proceso contrario: agrandó su capacidad para interpelar a distintos actores. En eso entramos los que nos consideramos… yo siempre digo que soy la pata progresista.

Más de uno te respondería que muchas medidas de estos primeros ocho meses no tuvieron que ver con una política progresista. La quita de retenciones al agro y las mineras, por ejemplo. ¿Cómo ves esas medidas desde tu explicación de lo que es el PRO?
Algunas me gustan, otra no. Eso también es tratar de empezar a entender las políticas y hechos sociales de una manera distinta. Siempre nos quieren posicionar en blanco o negro, sí o no, Cristina yegua o Cristina salvadora. No se analiza así la política. Cuando se quiere decir que sacarle las retenciones al campo es ayudar a la oligarquía, es analizar la política de esa manera. Porque si me decís que le sacaron las retenciones a todos los pool de soja en un cien por ciento, yo doy un paso al costado del Gobierno, porque no estoy a favor. Pero si yo te digo que le sacaron las retenciones al yerbatero de Misiones, ¿eso es de izquierda o de derecha?

¿Es de izquierda o de derecha hacerlo por igual para el yerbatero de Misiones y para el gran productor agropecuario?
Yo lo que digo es si hubiesen sacado el cien por ciento de retenciones al productor de pera y manzana y el cien por ciento al del pool de soja, yo tendría un signo de pregunta hoy cuando me voy a dormir. Pero a la soja le sacaron un cinco por ciento, y este gobierno no fue el que impulsó el proceso de sojización en la Argentina. En los últimos diez años en el campo hubo un proceso en el cual hubo una clara intención de sojizar la tierra. ¿Quién lo hizo? ¿Madrake, el mago? No. Hubo una señora y un señor, Néstor y Cristina, que lo permitieron.

No parece que vaya a cambiar eso, y el campo o su sector más visible -pensando en el último acto de La Rural- está muy a favor de este Gobierno y de todas las medidas que se fueron tomando.
Me parece que verlo al titular de la Sociedad Rural como representante del campo argentino es ver de vuelta blanco y negro. Me parece que el campo es el productor que está en Corrientes, en Córdoba. Y hay un sector que capaz tiene más micrófonos y más cámaras de televisión. Yo no creo que todos los militantes de Miles sean antisemitas, pero tienen un dirigente como es Luis D’Elía que cada tanto se le escapa algún que otro comentario en contra de la comunidad judía. Y me parece que no se puede meter a todo en una misma bolsa. Es la forma más fácil de analizar. Para mí lo más fácil sería decir ‘los de La Cámpora son todos chorros’, o ‘los de La Cámpora son todos hijos de puta’ pero yo jamás lo haría, porque me parece que eso no construye un mejor país. No suma. Como cuando me acusaron a mí hace pocas semanas de que era nazi. Era re lindo el relato: ‘El joven del PRO que usa bigotito, es nazi’.

El episodio que hace algunas semanas puso a Robledo en el centro de la escena se cuela en la conversación. Fue cuando dos representantes de Bandera Vecinal, la agrupación neonazi liderada por Alejandro Biondini, formaron parte de una reunión en Casa Rosada convocada por la Subsecretaría de Juventud. Las redes sociales estallaron y el tema se mantuvo durante varios días en los grandes medios, mientras Robledo aseguraba que no habían sido invitados y la agrupación neonazi insistía en que sí.

A tres semanas del escándalo, Robledo cuenta que Bandera Vecinal intentó contactarse con él previamente para ingresar a ese encuentro. Pese a esa advertencia, describe lo que pasó como un error de la persona de su equipo que les permitió ingresar, aunque deja abierta una interpretación más conspirativa.

¿Cómo releés ese episodio con Bandera Vecinal, ahora que pasó un poco de tiempo?
Me lastimó mucho. Me dolió mucho. No solamente por el trabajo que vengo haciendo con las organizaciones judías. Cuando explota esto eran las once y media de la noche de un jueves, yo estaba en mi casa tomándome un vino porque al otro día inauguraba con el Presidente la Casa del Futuro. Quería estar tranquilo. Estaba solo. Me escribe Jorge Rial. ‘¿Qué? ¿Nazis en la Casa Rosada?’ No entendía nada. Abro mi Twitter y me había convertido en Adolf Hitler. Y no me chupo el dedo. Me considero un buen pibe, pero no soy tarado. En siete horas yo necesitaba que los medios comunicaran el lanzamiento del Plan de Juventud, y de repente se habían infiltrado en la Casa de Gobierno alguien que se había hecho llamar partido vecinalista… Yo sé quiénes son Bandera Vecinal. Por saber quiénes son sé que no los quiero cerca. Se me hace un signo de pregunta que es: ¿no habrán querido enchastrar la relación que yo estaba teniendo con las organizaciones judías?

¿Quién puede haber querido enchastrar ese vínculo?
No lo sé. Pero me dolió por eso. Esto en el campo de la política. Pero además, el tema del Holocausto y la Segunda Guerra fue mi obsesión durante toda mi adolescencia. Nunca pude entender cómo el ser humano pudo llegar a ser tal bestia. Entonces me puse muy mal, al punto de quebrarme, de quedarme llorando en mi casa. Y de saber que había mucha gente a la que le hacía muy bien.

¿Entonces pensás que alguien fomentó eso con la intencionalidad de arruinar el anuncio del día siguiente y tu vínculo con las organizaciones judías?
Sí, y claramente esto fue fogoneado. Siempre digo que capaz tengo un despechado en la redacción de C5N. No sé… capaz alguno que no le di bola esté despechado ahí. Porque no puede ser que todas las semanas Minuto Uno, C5N, Ámbito Financiero, de una manera coordinada me inventen pelotudeces.

En este caso había un hecho concreto…
¿Pero por qué no me llaman? Después que yo salí a hablar seguían diciendo que yo los había invitado. Y yo publiqué 200 veces el listado oficial que yo había firmado de invitación y no estaban (los de Bandera Vecinal). El otro día en un programa querían que pidiera perdón. No voy a pedir perdón, porque perdón uno pide cuando se equivoca de manera adrede. Si yo los hubiese invitado o no hubiese sabido quiénes eran. Pero yo sabía quiénes eran. Yo no los invité. Lo que puedo decir es que hubo un error, claramente, de alguien que permitió que esta gente pasara.

¿Se revisó algo en cuanto a ingresos a la Casa Rosada? ¿Alguien dice que es de “un partido vecinalista” y se mete?
Una persona de mi equipo -que obviamente no voy a decir quién es, ya hablamos en privado- en un momento empieza a tomar el listado, quedan dos chicos con cara de pendejos de nuestra edad que dicen ‘che, somos de un partido vecinalista de la provincia de Buenos Aires’. Hago una pregunta, y esto lo dijo Margarita Stolbizer en un programa de televisión, donde salió a defenderme. Dijo ‘imagínense si estos chicos eran de un partido vecinalista y Piter no los dejaba pasar, ¿qué hubiesen dicho?’.

Podían decir que no estaban en la lista…
Pero hubiesen podido decir que somos autoritarios y no dejamos entrara a un diálogo político a un partido vecinalista porque no es afín al gobierno nacional.

Los que sí dijeron que no los invitaron fueron algunos espacios de juventud kirchnerista…
Sí, los invitamos. Facundo Tignanelli (de La Cámpora) nunca contestó el teléfono (saca su celular y muestra los mensajes enviados a través de WhatsApp). Sí fue invitada La Cámpora. Y Gastón Gama, que es este muchacho del partido nazi, me escribió y yo nunca le contesté. Porque querían ir. Y yo nunca les contesté el teléfono porque sabía quiénes eran.

O sea que habían intentado pasar formalmente…
Y yo no les contesté el teléfono. Soy una persona que frente al tema de los derechos humanos, ante el tema de la autodeterminación de los pueblos y que cada pueblo pueda hacer lo que quiere, yo pongo un signo de pregunta. Con una persona que defiende políticas nazis no dialogo. No le contesto un WhatsApp.

¿Entonces lo ves como una campaña específica en tu contra?
Y… Soy el presidente de la juventud del PRO. Estoy a cargo de la juventud. Creo que les molesta la manera en la cual respondo ciertas acusaciones desde el Gobierno. Capaz hay gente a la que le molesta que vaya a merendar a lo de Wado de Pedro. Capaz hay gente a la que le molesta mi buena relación con Estela de Carlotto.

¿Hay buen vínculo con Wado de Pedro?
Fui a merendar hace un mes a la casa, en Mercedes. Capaz hay gente a la que le molesta que me pueda sentar a tomar una birra con (Oscar) Parrilli. Entonces creo que con las diferencias que tengo con Parrilli o con Wado, no hay otra manera de construir un país. Después yo he recibido acusaciones internas, memes poniéndome en fotos con (el referente de La Cámpora Andrés “Cuervo”) Larroque diciendo que yo había estado con un tipo que había defendido el pacto con Irán.

¿Acusaciones internas en tu espacio político? ¿Por qué?
Todos los partidos tienen sectores conservadores. ¿Te hubieses imaginado ocho años atrás que el presidente de la juventud de Macri podía ser un homosexual reconocido de manera pública? Capaz hay gente que no le guste. Cuando en La Nación di una entrevista en diciembre que dije ‘si este gobierno fuese de derecha, muchos nos iríamos’, hay gente a la que no le cayó bien. Pero prefiero no caerle bien a esos.

¿Con Larroque seguís teniendo una buena relación?
Larroque me parece que tiene una piedra en la cabeza.

Pero tenías una cercanía con él…
Sí, pero un día escribí algo que no le gustó en La Nación y me dejó de contestar el teléfono. Wado me parece que es un tipo mucho más profundo en la discusión política.

El peronismo, y sobre todo el kirchnerismo, aparecen una y otra vez en la conversación. La foto con la ex presidenta en la pared recuerda al episodio que lanzó a Piter Robledo a la vida pública, cuando fue víctima de una agresión por su condición sexual y fue recibido por Cristina Fernández de Kirchner en Casa Rosada. En su casa, el tema no pasó desapercibido. No sólo porque hacía poco más de un mes que les había contado a sus padres sobre su homosexualidad, sino además porque a su mamá le generaba –y genera- un especial rechazo la figura de CFK. A Eva Perón, en cambio, su madre la admira. Y algo de eso heredó él, porque además de las fotos en su oficina hay un cuadro de Evita en el suelo. Está ahí sólo momentáneamente, porque se cayó el clavito, aclara enseguida.

¿Por qué tenés la foto con CFK en tu oficina?
Porque creo que es una de las referentes más importantes de la política argentina. Después, si es chorra o no, lo decide la Justicia. Yo no soy juez ni fiscal de nadie. Los boludos que decían al otro día que había aparecido muerto Nisman que ella lo había mandado a asesinar, yo digo ‘Dios mío, si seguimos con tantos boludos en este país no vamos a poder progresar nunca’. Porque me parece que del otro lado pasa lo mismo. ‘Macri tiene escondidos diez millones de dólares en Panamá’. Me parece que eso es para la tribuna que trata de meter leña al fuego. Hay ciertas cosas que me gustan del kirchnerismo, me parece que la historia no se puede borrar con el codo. Matrimonio igualitario, cantidad de gente que puede acceder a la jubilación. Hablaría mal de mi persona no reconocer las buenas cosas del kirchnerismo. Y Cristina es una dirigente que te puede gustar o no lo que dice, pero no podés decir que no es fascinante cómo lo dice.

¿Cómo influyeron en tu vida personal y política aquel ataque que sufriste y luego la reunión con la entonces presidenta?
Yo les había dicho a mis padres que era homosexual un mes y medio antes. Así que fue ‘se la bancan o se la bancan’. Con mi madre hablamos, charlamos y me acuerdo que a los diez días fuimos al cine con ella y mi novio, estaba todo bien. Con mi padre fue mucho más largo. Fueron dos años y medio de no mucho diálogo. Le costó mucho más.

¿Primero te metiste en política y después blanqueaste el tema de tu sexualidad en tu familia?
Milito desde los 16 años. Mi miedo más grande con mi sexualidad fue la política. No eran mis amigos, no era mi familia: era la política. Y no el PRO, la política en general. La política es conservadora, machista. Es así. Acá la defiendo a Cristina, como defiendo a Dilma (Roussef), a (Michelle) Bachelet, a (Ángela) Merkel, a Hillary (Clinton). Vos agarrás a las cinco mujeres dirigentes más importantes contemporáneas y a todas les tiran con algo. Cristina es autoritaria y levanta la voz y es una mandona. O la controlaba Néstor. Dilma que no tiene corazón y es una amargada. Bachelet, más de un atrevido ha hablado de su sexualidad. Hillary, que no entiende nada. Y fijate con Vidal: decían que era Heidi que no entendía nada y se la iban a llevar puesta. Fijate lo conservadora que es lo política. Entonces, mi sexualidad era un tema. Yo he pasado noches enteras de llorar en mi almohada y decir ‘nunca voy a poder estar en política’, ‘nunca voy a poder ser feliz estando en política’. A mí me hacía ruido estudiar derecho siendo homosexual. Ir a la UBA. Todos en la Facultad de Derecho de traje y yo con mi chupín. Yo soy como soy.

Los prejuicios y estereotipos relacionados con la sexualidad y el género le molestan tanto como los de clase. Por eso se enoja con “los boludos que hablan de que en San Isidro son todos chetos”. Nació y creció en ese distrito bonaerense, pero en la localidad de Boulogne, en una familia de clase media que casi queda en la calle en 2001, con una hipoteca y un padre desempleado.

En esa familia con diez hijos, donde nunca hubo política partidaria pero sí “discusiones hasta por quién come la última empanada”, Piter Robledo era el hijo “modelo” que estudiaba Derecho, jugaba al rugby, militaba y siempre tenía novia. La última fue Olivia, a los 21 años. Todo lo demás, pasó desde entonces hasta los 25.

A menos de una década de haber empezado a militar, Robledo ya pasó por un cargo en la Ciudad y, desde el 10 de diciembre, está al frente de una subsecretaría nacional, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social. Además, quedó como responsable de la Juventud PRO, una meta que se había propuesto alcanzar.

Abocado a trabajar con las juventudes de todo el país, Robledo critica con dureza la gestión anterior en la Subsecretaría que ahora coordina –habla de expedientes desaparecidos, computadoras formateadas, presupuestos millonarios esfumados y hasta una rata y un murciélago muertos en su escritorio cuando asumió el 10 de diciembre- pero reconoce –con chicanas- el peso que tuvo el kirchnerismo para su generación. “Hay que agradecerle a Néstor y a Cristina que los jóvenes hayamos vuelto a la política. Muchos porque militaron por ellos y muchos porque se espantaron de lo que hacían. Yo empecé a militar gracias a Néstor y Cristina, porque no quería dejar el país en manos de gente que me decía desde un balcón en Puerto Madero que la oligarquía quería quedarse con todo”.

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Pretendías llegar a dirigir la Juventud PRO y ya estás ahí. ¿Qué sigue?
Cuando te inventan que sos nazi, que te gastás mil dólares por día en el Vaticano, que contrataste a todos militantes, hay un cierto desgaste emocional. El otro día la ex presidenta lo decía: cuando le decían ‘yegua’ y eso, son cosas que duelen. Te fortalecen o te hacen dar un paso al costado. Espero que no me hagan dar un paso al costado. Pero yo no voy a entregar mi vida, no voy a entregar mi felicidad a un par de idiotas que escriben cualquier cosa. Mientras que yo sea feliz, voy a continuar. En el momento que no sea feliz, no. ¿Qué sigue? Para mí sigue internamente profundizar una discusión adentro del Frente Cambiemos y del partido para posicionarnos con mayor fuerza como un partido progresista. Para que aquellas cosas en las cuales quienes nos consideramos progresistas no estamos de acuerdo podamos plantarnos con más fuerza para poder marcarlas.

¿Dónde te ves de acá a unos años?
Cristina siempre decía ‘quien esté en política y diga que no quiere ser presidente es un chanta’. Pero es medio aburrido el trabajo de ser presidente. Te mandan de evento en evento, de acto en acto, tenés que decidir. Para mí, Desarrollo Social en lo que es territorio es apasionante. Si me decís ‘cuál es tu objetivo’, me gustaría a los 28 años ser ministro de Desarrollo Social en la Ciudad de Buenos Aires. Y voy a ser jefe de gobierno: que (Martín) Lousteau lo sepa. Si no compite con el pelado (Horacio Rodríguez Larreta), compite conmigo.

¿Cuándo planeás presentarte para jefe de Gobierno?
Apenas me lo permita la Constitución, que es a los 35 años. En diez años voy a ser jefe de Gobierno y me parece que los que son progresistas en esta ciudad van a estar muy contentos.

Siempre que en la discusión interna que proponés en Cambiemos el espacio se oriente hacia donde vos pretendés…
Yo siempre dije: más que del PRO soy macrista. Yo lo acompaño a Mauricio. Confío en él, con las cosas que se pueda equivocar o no.

¿Y si en esa disputa interna gana la inclinación del PRO más hacia la derecha?
Me parece que con algunos que no son tan kirchneristas, que se han ido del kirchnerismo más profundo, por ahí podemos hacer algo interesante.

¿Alguna figura que tengas en mente?
Wado es interesante. Facundo Moyano es interesante. Vicky Donda es una mujer muy interesante.

Además de Wado y Donda, a lo largo de la entrevista menciona una reunión positiva con Leonardo Grosso, del Movimiento Evita; señala el buen vínculo de Emilio Pérsico con la ministra Stanley y cuenta sobre un centro de atención a adictos al paco que se llama Casita Néstor Kirchner, desde donde le llegaban frecuentes insultos a través de las redes sociales, hasta que fue a visitarlos en persona. Desde entonces, se llevan bien y hasta lo invitaron a un casamiento: “Ellos dicen que son de Cristina pero que si alguna vez soy candidato van a militar por mí. Vos vas y está el cartel de Néstor, preguntales si yo alguna vez les pedí que caminen a favor del PRO para recibir un subsidio del Estado. Creo que eso nos diferencia del kirchnerismo”.

Si Robledo fuera legislador y le tocara participar de un debate por la despenalización del aborto, su voto lo pondría en la misma vereda que Donda. Aunque es católico, proviene de una familia del Opus Dei y considera que hay vida desde el momento de la concepción, reconoce que los abortos clandestinos sólo matan a las mujeres pobres y dice que hacer política es poder poner eso antes que sus posturas personales. Aunque eso lo lleve a contrariar la mirada del Presidente sobre el tema.

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¿Cuál es tu posición sobre el aborto?
Es un tema. Yo soy católico apostólico romano.

¿Estás en contra por tu religión?
No, es más profundo. La discusión no es ni sí ni no, sino la Argentina ya lo hubiese resuelto. Venimos de 12 años de un Gobierno que se autodenominó como una fuerza progresista y no puso ni siquiera el debate en el Congreso. No pasó de la comisión. Y tenían a una mujer fuerte en el gobierno anterior como Juliana Di Tullio, que es una reconocida pro aborto. Y nosotros tenemos a Laura Alonso como una reconocida pro abortista también. Yo soy católico, pero no le puedo imponer mi religión a la sociedad. Y me parece que cuando uno ve la vida de quienes se lleva el aborto clandestino, se lleva la vida de las mujeres más vulnerables. La mujer que vive en Nordelta paga un aborto clandestino y no muere, y la mujer que fue condenada por el sistema a no recibir educación, a no terminar la secundaria, a no recibir educación sexual, encima la condenamos con un riesgo de muerte. Así que creo que cuando uno gobierna o legisla a veces las cuestiones personales las tiene que dejar a un lado. Entendiendo que para mí hay vida desde el momento de la concepción, entiendo que el aborto es un problema de salud pública. Si fuese diputado votaría a favor de la despenalización del aborto.

Recientemente el Presidente fue consultado por este tema y dijo que su gobierno no iba a impulsar la despenalización.
Creo que hay una generación política un poco conservadora, que traspasa a todos los partidos. Creo que en nuestra generación, con las diferencias que tenemos, hay batallas culturales ideológicas que compartimos, con distintos matices, pero que pueden llegar a ser desde el medio ambiente, los derechos por la equidad de género, los derechos de salud pública, de la educación pública y gratuita de calidad. Son batallas que no hay ni un paso atrás. El Presidente fue contundente en decir que no se encuentra a favor (del aborto), pero él no vería mal que entre a un debate en el Parlamento y él da libertad absoluta a sus diputados. Eso es importante a la democracia, que no haya un acatamiento al estilo soldado a la decisión.

¿Cuál considerás que es la principal problemática de la juventud en el país?
Trato de pensar que las problemáticas no son de la juventud per se. Creo que hay problemáticas que son de la sociedad en general que afectan con más profundidad a la juventud. Un tema es el empleo joven. Pero muchas veces cuando uno va a congresos o a debates muchos dicen ‘cómo se soluciona el empleo joven’. No se soluciona el empleo joven, hay una faltante de generación de empleo a nivel mundial. Ahí la juventud es quien más afectada se ve. Sí creo que hay temas que a mí como responsable de juventud en el país me preocupan con mayor fuerza, como el embarazo adolescente. Porque creo que lleva a una cadena: termina generando que el 60 por ciento debe dejar la escuela, de esas el 80 por ciento no retoma, no tener estudios secundarios en este mundo es casi un cepo a tu futuro, a poder conseguir un empleo.

“Entendiendo que para mí hay vida desde el momento de la concepción, entiendo que el aborto es un problema de salud pública. Si fuese diputado, votaría a favor de la despenalización del aborto”.

Quien encarna “la pata progresista del PRO” también se diferencia de las recientes declaraciones del Presidente en relación a la última dictadura cívico-militar. Aunque hace una lectura contemplativa de las afirmaciones de su líder político sobre la “guerra sucia” y sobre su indefinición en torno a los “30 mil o 9 mil desaparecidos”, Robledo sostiene que “claramente no fue una guerra sucia. Cuando el Estado tiene una maquinaria planificada para hacer desaparecer gente no es una guerra sucia, es terrorismo de Estado”.

¿Qué pensás entonces de las declaraciones de Macri?
Creo que el Presidente fue contundente en repetir que es y fue la época más triste y oscura de la historia argentina. Eso el Presidente también lo dijo y hay que resaltarlo. Pero al mismo tiempo, el terrorismo de Estado es la guerra más sucia. Quieras o no, es la guerra sin reglas. No respeta ninguna constitucionalidad, ninguna legalidad. Me parece que lo quiso llevar para ese lado el presidente.

Pero hablar de guerra implica hablar de dos bandos enfrentados…
Sí, por eso me parece que el jefe de Gabinete salió esa misma tarde a aclarar cuál es el pensamiento del Presidente.

¿Fue un error?
Sí, no creo que sea guerra sucia.

¿Y el Presidente?
El Presidente sabe que es terrorismo de Estado. Cuando reafirma la continuidad de todos los juicios a los represores, cuando consigue lo que no consiguió el kirchnerismo en años que es desclasificar los documentos de Estados Unidos, que nos van a traer mucha información para saber más sobre lo que pasó, creo que es una clara decisión política.

Lo vienen pidiendo los organismos hace años.
Bueno, pero el presidente Macri en diálogo con EEUU lo logró. Eso también es una clara demostración.

¿Y su planteo de que no tiene idea de si fueron 30 mil desaparecidos?
Me parece que es un debate un poco cochino. Que no se tiene que dar. Cuando desapareció una vida, un argentino, cuando desapareció cualquier persona, uno, dos, tres, cuatro, cinco, es faltar a la memoria de nuestro país. ¿Por qué digo que es cochino? Porque es meterse en algo que no corresponde. Para ensuciar algo que tiene que tener mucho cuidado en cómo se trata. Celebro que le hayan pedido un paso al costado a quien dudó de los 30 mil desaparecidos, que es el ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires (Darío Lopérfido).

¿Te pareció acertado que dejara el cargo?
Obvio que sí.

por por Luciana Rosende

Fotos: Antonela Andreotti

FUENTE: Política Argentina

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