Buenos Aires, 24/09/2017, edición Nº 1775

Paula Ormaechea escala posiciones y quiere ser la nº1 de tenis mundial

La tenista de Sunchales cerró el año escalando hasta el puesto 62 y afirma que su objetivo es llegar a la cima del ránking. (CABA) Mientras se pone a punto para un 2014 lleno de ilusiones, la mejor tenista latinoamericana de la actualidad hace un balance de esta temporada 2013, que marcó su despegue definitivo. Arrancaste el año 136º y lo terminás 62º. ¿Cuál es tu balance? En general no...

La tenista de Sunchales cerró el año escalando hasta el puesto 62 y afirma que su objetivo es llegar a la cima del ránking.

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(CABA) Mientras se pone a punto para un 2014 lleno de ilusiones, la mejor tenista latinoamericana de la actualidad hace un balance de esta temporada 2013, que marcó su despegue definitivo.

Arrancaste el año 136º y lo terminás 62º. ¿Cuál es tu balance?

En general no me fijo mucho en el ránking. Empecé 136 pero casi enseguida pasé a estar 198, con peligro de 230, y en todo momento sólo me preocupé en seguir entrenando para crecer y mejorar. Gracias a Dios pude pegar el salto para llegar adonde estoy hoy. Fue un año movilizante. Meterme en el famoso top 100 y subir lo máximo posible era lo que quería, pero pasaron muchas cosas en el medio, y todo me ayudó a fortalecerme. Estoy contenta, y también ocurre que cuando te metés más y más, a veces cuesta poner un freno para hacer justamente el balance y darse cuenta de todo los logros. Era algo que buscaba, así que creo que termino un muy buen año.

¿Cuál es el secreto de las Williams, que dominan a su antojo el circuito?

Ya de por si, siempre se dijo que los atletas negros son físicamente superiores. Pero, (se baja los lentes y abre los ojos) ¿vos viste lo que son? ¿Viste esos físicos? Los ves y te imponen un respeto. Son imponentes, realmente imponentes. Algunos dicen que Serena es gorda. ¡Por favor! Yo la he visto en el vestuario sin top y no lo podés creer. Es todo fibra. Se le marcan todos los abdominales. Es tremendo. Y además tienen una potencia. Nunca jugué contra Serena, pero debe ser terrible, impactante. ¡Te pega esos gritos! El día que me toque enfrentarla, le doy la mano, le digo “bien jugado” y me voy a mi casa (risas). Pero también se mueve muy bien en la cancha, empezaron a los 16 o 17 años. Son más de 15 años de actividad. Y se han ganado un enorme respeto de sus rivales.

En un momento cuestionaste el hecho de que el tenis femenino se haya convertido en algo más visual, que la gente y algunas empresas se acercan a las tenistas por la belleza y no por el juego en sí, ¿cómo te adaptás a eso, porque me da la sensación de que hoy por hoy es inevitable?

La mujer se preocupa mucho por cómo se ve. No sólo en el tenis sino también en la vida. Por como soy yo, la verdad que le evito a todo eso. Al que no le guste como soy, que no me mire. La hago muy fácil. Y si no le gusto a nadie, bue, estaré así. Por lo que yo veía por la tele, ahora hay cosas que cambiaron. Por eso me impacta más. Y quizás me pasa qe ahora veo las cosas desde adentro. No sé si se nota, pero muchas jugadoras han perdido peso en los últimos años. Se las ve mucho más flacas, como que se cuidan más en lo estético que en lo deportivo.

¿Cómo asimilaste el retiro de David Nalbandian?

La verdad es que me puso muy triste, más allá de que de alguna manera todos esperábamos esa decisión porque hace rato que no podía salir de sus lesiones. Pero me entristece que no esté más en actividad porque me llevo muy bien con él, le tengo un enorme cariño, me parece una gran persona. He tenido oportunidad de juntarme a comer con él y reírme como nadie porque es una persona muy divertida y con miles de anécdotas. Es una lástima. Creo que el tenis pierde una gran figura. Desgraciadamente su físico dijo basta y le agradezco por todas las horas que pasé frente al televisor sufriendo y poniéndome muy nerviosa viéndolo jugar, pero a la vez disfrutándolo.

¿Qué te pasa cuando escuchás o leés críticas hacia vos o hacia algún tenista argentino en tu propio país?

Mucha gente habla desde afuera. Nunca se van a ponerse realmente en el lugar del que está jugando. Es como cuando juega la selección: “La defensa esto, la defensa lo otro”. Chicos, si están ahí jugando con la camiseta argentina, seguramente algo bueno harán. Es muy fácil criticar desde el sillón, ¿no? (se fastidia) Eso a mí no me gusta nada. Me molesta. Trato de no escuchar, ni leer, ni nada. Como deportista, me pone muy mal, porque una sabe el esfuerzo que tenemos que hacer para estar ahí, y que la gente fácilmente desde su casa lo único que haga sea criticar, es muy fácil. Es como si yo me sentara y te dijera: “No, loco, no hacés nada bien, no hacés una nota bien. Sos un desastre.” Y en realidad no tengo idea de lo que estás haciendo vos, ni del esfuerzo que hiciste y hacés para estar ahí. Ese es el fanatismo del argentino.

Y cuando ganás un torneo.

Ahí somos todos los mejores. Como le pasa a Juan Martín (Del Potro). Ahora todos hablan bien de él y lo elogian porque tuvo muy buenas actuaciones, pero antes, cuando estuvo lesionado o cuando no jugó la Copa Davis, lo mataron.

¿Se entiende como profesional esa decisión?

La verdad es que no puedo juzgarlo, porque sus motivos son sólo suyos. Pero lo banco a él y a todos. Si realmente él tiene el sueño de ser número uno del mundo, adelante. Yo persigo el mismo sueño y lo entiendo. Por más que lo comparen con Djokovic o Nadal, que juegan la Davis y pelean por el número uno. No hay comparación, porque no son todos los seres humanos iguales. (otra vez se fastidia) Eso es lo que la gente no ve. “Ay, no, pero ellos juegan la Davis y están 1 y 2, y él no juega y está 5”. No tiene nada que ver. No importa. No son la misma persona. Eso quizás molesta: las críticas que no suman. El público argentino es muy fanático, quiere que todos ganemos todo, y a veces no se puede, porque no somos campeones del mundo. Y después están los que esperan la derrota para decir: “Pecho frío, está 5 del mundo.” Por favor. ¿Cuántos juegan y cuántos quisieran estar 5 del mundo? Miles y miles en el mundo. ¿De qué estamos hablando? Además, el nivel es cada vez más alto. Los que están arriba se matan adentro de una cancha, y Juan Martín demostró estar a la altura de ese nivel y más. Pero claro, “pecho frío, perdió la final con Djokovic 7-6 en el tercero.” Dale, esas cosas son increíbles.

¿Te incomoda o te mete presión que a veces se te nombre como “la sucesora de Sabatini”?

Para nada. Me encanta. Todo lo contrario. Es una inspiración. Ojalá pueda lograr todo lo que logró ella. Yo sueño con llegar a lo más alto, y ella estuvo 2 del mundo así que. No la vi jugar porque cuando se retiró yo era muy chica, pero es admirable lo que hizo. Que haya estado ahí. Viajás por todos lados y te dicen “La próxima Gabriela Sabatini”. Ojalá, Dios te escuche, les respondo yo, jajajaja. ¿Sabés qué? ¡Te lo firmo ya mismo! ¡Compro!. Gaby está muy bien considerada en todo el mundo. En todos lados la recuerdan con mucho cariño y lo manifiestan. No escucho más que buenas cosas de ella. Así que ya firmo el contrato que me garantice que voy a ser la 2 del mundo (risas). Me la crucé una sola vez en Mar del Plata, durante una Fed Cup, cuando yo debutaba. Tenía 15 años y ni le hablé, sólo la saludé. Nunca tuve la posibilidad de decirle que es una genia, así que si lo lee, que lo sepa (risas).

Dentro del tenis, tu sueño es luchar por llegar lo más alto posible en el ránking, ¿Y fuera del deporte?

Hay algo que me encantaría poder cumplir es ser piloto de avión. Justo tengo unos amigos que están haciendo las horas de vuelo y me dan unas ganas bárbaras de sumarme a ellos. Pero todavía me quedan muchos años en el tenis para llegar a eso. Otra cosa que me encantaría es algo que depende de cómo me vaya a mí en el tenis, pero me encantaría poder tener una fundación para ayudar a la gente. Me encantaría poder ayudar a las personas que lo necesitan. Hay tanta gente que necesita apoyo, que realmente me gustaría ayudarla, para de alguna manera retribuir todo lo que a mí me ayudaron a lo largo de mi vida.

¿Qué es ganar?

Ufff. ¡Qué pregunta! Ganar, para mí, es poder venir a entrenar todos los días y hacer lo que me gusta, y hacerlo en el nivel que creo estar haciéndolo. Y poder trabajar con mi equipo, para seguir mejorando todos los días un poco. No importa el ránking que pueda llegar a conseguir en mi vida, y si logro cumplir mi sueño o no, pero yo soy una agradecida de la vida, que me permitió y me permite poder intentarlo. Creo que eso es ganar. No se gana por lo que se hace adentro de la cancha, sino por todo lo que se hace afuera.

¿Y perder?

Es lo peor que se puede pasar, je. Yo aprendí mucho últimamente de las derrotas. Antes era una persona que perdía y no lo soportaba, ni podía hablar con nadie, ni mirar a la cara a nadie. Hoy aprendí a perder. Se pierde más de lo que se gana, y es algo que te ayuda a seguir y a mejorar. Me pasó en el torneo de Guangzhou. Fue una de las peores derrotas de mi vida (cayó en primera rueda por 6-2 y 6-1 ante la taiwanesa Hsieh Su-wei, 86º del mundo), porque además yo estaba muy mal psicológicamente, y poder haber tenido cerca a Juan Pablo, mi entrenador, fue una de las mejores cosas que me pasó, porque pese a perder, él me hizo notar muchísimas cosas que no eran como yo las creía o pensaba o hacía. Y todo eso fue porque perdí, porque si ganás no tenés esa charla, que realmente me cambió mucho. Ese día, yo aprendí a perder.

Fuente consultada: Canchallena

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