Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

Pasear por plazas aumenta nuestra atención y la sensación de bienestar

Las personas que toman caminatas por la naturaleza tienen menos pensamientos repetitivos enfocados en los aspectos negativos propios

(CABA) En la actualidad, más del 50% de las personas viven en zonas urbanas del planeta. Este número ascenderá a un 70% de la población global para el año 2050. A medida que avanza esta urbanización (se cree que en el 2025 ya habrá al menos 35 ciudades con más de 10 millones de habitantes cada una) también lo hacen las investigaciones relacionadas con el impacto que tendrá en nuestra vida el alejamiento de zonas mayormente verdes hacia la ciudad. Por ejemplo, desde la neurociencia se está estudiando el impacto que tiene para la salud mental el contacto o no con la naturaleza. Uno de los últimos papers al respecto, conducido por investigadores de la Universidad de Stanford llamado Nature experience reduces rumination and subgenual prefrontal cortex activation, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAs), sugiere que las personas que toman caminatas por la naturaleza experimentan menores niveles de rumiación, entendiendo a esta como pensamientos repetitivos enfocados en los aspectos negativos propios, comparado con las que salen a caminar por zonas urbanizadas. También concluyeron que las primeras mostraron menor actividad neuronal en zonas del cerebro asociadas a riesgos de enfermedades mentales, por lo que concluye que el acceso a zonas con abundante vegetación será vital para la salud mental de una sociedad global en plena urbanización.

Andrea Goldin, doctora en ciencias fisiológicas y licenciada en biología de la Universidad de Buenos Aires, advierte que hay que ser cauto al afirmar una relación directa entre el efecto de las caminatas en zonas verdes y la disminución de posibles enfermedades mentales, pero sí asegura que hay mucha evidencia sobre los beneficios que estas generan en la atención y foco y en la sensación de bienestar que se genera al experimentarlas. “Entonces, si tenés una hora de almuerzo o un momento de descanso, no te metas en un restaurante o lugar cerrado, es mejor buscar un parque o plaza cercana. Los experimentos muestran que con poco tiempo de exposición, 10 a 30 minutos en contacto con la naturaleza ya tiene un impacto positivo”, explica.

También estudios en niños han demostrado que aquellos que atravesaban un parque al menos tres veces a la semana para llegar a la escuela mostraban mayor retención de contenidos que aquellos que caminaban por la ciudad. “A su vez, niños diagnosticados con algún grado de trastornos de la atención realizaron mucho mejor actividades que requerían foco luego de pasear por un parque”, describe Goldin, que además es miembro del Laboratorio de Neurociencias de la Universidad Di Tella.

En 2010, un grupo de investigadores, liderados por el biólogo Andrew Pullin, realizó un metaanálisis (análisis de decenas de papers referidos a la exposición de las personas en la naturaleza), para revalidarlos y sacar nuevas conclusiones. Entre los 25 papers elegidos se concluyó que en general presentaban evidencias de los beneficios de caminar o correr en ambientes naturales por sobre ambientes sintéticos. También se observó mayor poder de atención de quienes caminaron por parques versus ciudades. Goldin refiere a otros estudios en los que con sólo mirar imágenes (en fotos o hasta en la computadora) de paisajes o zonas edificadas, se registra distinta actividad neuronal con resultados similares a los que se obtuvieron visitando ese tipo de lugares. “Y nuestra historia humana respalda esto. Venimos como especie de la sabana africana, nuestro cerebro se va adaptando lentamente pero hay lugares en los que se siente más a gusto”, cierra. NT

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