Buenos Aires, 19/10/2017, edición Nº 1800

Pasajes, un respiro en medio del vértigo porteño

Silenciosos, elegantes, bohemios, con aire autóctono o estilo europeo, estas arterias conservan su identidad en la “ciudad de los buenos aires”. Son muy buscados a la hora de vender una propiedad. (Ciudad de Buenos Aires) Para los amantes de Buenos Aires, los pasajes aparecen como pequeños mundos: cobijan leyendas, encierran ritmos de otros tiempos, propician mágicos encuentros, inspiran. Incluso -afirman los estudiosos del tema- hacen a nuestra identidad y cuentan...

Silenciosos, elegantes, bohemios, con aire autóctono o estilo europeo, estas arterias conservan su identidad en la “ciudad de los buenos aires”. Son muy buscados a la hora de vender una propiedad.

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(Ciudad de Buenos Aires) Para los amantes de Buenos Aires, los pasajes aparecen como pequeños mundos: cobijan leyendas, encierran ritmos de otros tiempos, propician mágicos encuentros, inspiran. Incluso -afirman los estudiosos del tema- hacen a nuestra identidad y cuentan acerca de nuestro particular modo de transgredir, de rebelarnos.

Interpretaciones sociológicas y psicológicas al margen, en su libro Pasajes , el arquitecto Rolando Schere describe el origen de estos retazos urbanos. Dice que, a raíz de la epidemia de fiebre amarilla, en 1871 las clases altas abandonan el sur de la ciudad y se dirigen a la Catedral Norte, iniciándose un proceso de densificación urbana. Así, hacia 1880 la inclusión de calles interiores que permitan aumentar el número de viviendas se presenta como una solución al problema habitacional, como la posibilidad de “densificar en horizontal la manzana”. Un modelo-negocio inmobiliario que se aplica hasta las primeras décadas del siglo XX, sobre fracciones de gran tamaño y como inversión destinada a unidades de alquiler. De la ubicación de los terrenos dentro de la manzana surgen las distintas variantes: pasajes en cul de sac , en forma de U o de L; peatonales, vehiculares o mixtos; cubiertos o a cielo abierto, públicos o de acceso restringido.

Manuel Mel, del sector ventas de Raúl Mel Propiedades, amplía el concepto y comenta: “No hay que confundir pasajes y cortadas. Aunque ambos quiebran el original trazado en damero de Buenos Aires, desde los comienzos responden a diferentes necesidades. La cortada, una calle que se extiende por pocos metros, se produce espontáneamente ante la aparición en la traza convencional de algún escollo. El pasaje, en cambio, es desde siempre planificado, resultado de un emprendimiento particular o de una empresa”.

Hecha la diferenciación, cabe preguntarse qué lugar ocupan hoy los pasajes no ya en el imaginario colectivo sino en el mercado inmobiliario.

Jaime Llauró, director de Llauró Propiedades; el arquitecto Gregorio Berberian de Shenk Propiedades; el arquitecto Darío López, de Arquitectonika; Diego Migliorisi, socio gerente de Migliorisi Propiedades, y el mismo Mel, al ser consultados sobre esta cuestión, coincidieron en señalar que los cuarenta pasajes porteños y algunas de las quinientas y pico de cortadas ofrecen, en su gran mayoría, un espacio privado, un rincón en el corazón de la ciudad donde la serenidad y el silencio todavía son posibles. Y agregaron que, además, en esos recovecos urbanos aún suelen conservarse las características esenciales de cada barrio.

Llauró rescató al pasaje Bioy Casares, ex Schiaffino, “por lejos el mejor y más valorado, único en Recoleta”. Mel, al pasaje Malasia, ex Arribeños , como “uno de los más elegantes de Belgrano, rodeado de embajadas y arboleda añosa. Berberían, por su parte, se refirió especialmente al Roberto Arlt, donde las tiendas cool palermitanas parecen no haber podido con el indomable espíritu del autor de Los Siete Locos , que residió en el lugar.

Sin embargo, cualquier lista de pasajes porteños no podría obviar al original de la Piedad, único en forma de U; tampoco al afrancesado Rivarola en San Nicolás, ni al elegante Corina Kavanagh, en Retiro. Siquiera al italianísimo Colombo, en Balvanera, ni a su vecino Sarmiento, ambos ajenos al ensordecedor batifondo de su entorno. Menos aún pueden olvidarse los hoy disputados pasajes palermitanos, que incluyen tanto al Bollini como al Santa Rosa. O a los de perfil más bajo pero contundente personalidad: en Colegiales, el General Paz, con puentes que atraviesan el interior, flores en los balcones y mayólicas españolas en los muros; en el Barrio Chino, el de Arribeños al 2300, que remite a una calle de Andalucía, o el Portugal, en Parque Centenario. Y, finalmente, pero para nada en último lugar, están los menos europeos pero muy nuestros, aquellos en los que sobreviven las casas bajas y sencillas: el pasaje Butteler en el límite entre Boedo y Parque Chacabuco, o el Pescadores y el Gerónimo Espejo, en el barrio de Flores.

“Muchos pasajes -comenta Mel- mantienen intacta la identidad que el barrio tenía décadas atrás. Son silenciosos, quietos y permiten desenchufarse del vértigo propio de la ciudad contemporánea. Entre sus límites las casas suelen ser más chicas que las de las calles convencionales y, salvo algunos casos como el del pasaje Dr. Bernardo Veléz en Belgrano R, no albergan torres o construcciones de gran altura. Las propiedades que contienen suelen ser requeridas por gente joven, profesionales o artistas que descartan lo estándar. “

Algo similar comenta Berberian respecto de lo que hoy se reconoce como Palermo Fashion. “Aún dentro del sector de Palermo Viejo cotizado comercialmente, la normativa no permite que en los pasajes se de cabida a emprendimientos gastronómicos o que puedan traer molestias a los vecinos. Por eso, en esas angostas y empedradas callecitas, todavía se conservan viejas casonas muy bien recicladas, como la de Oreiro y Mollo, y hay propiedades que despiertan especial interés entre los extranjeros”.

Claro que no todo es color de rosa. Los entrevistados parecen coincidir también en que, últimamente, la inseguridad suele jugar en contra de los pasajes más tradicionales. Llauró comentó que, “sobre todo en el Centro, la falta de movimiento propia de los días y horarios no laborales, hace que el público dispuesto a vivir en los pasajes de la zona disminuya”.

Ni más ni menos en lo que hace a costos, en la mayoría de los casos y en promedio, los valores de las propiedades en pasajes no difieren sustancialmente de los de propiedades ubicadas en otras arterias de la misma zona, sobre todo en paisajes ajenos al centro de la ciudad y en construcciones sin la alcurnia de los clásicos pasajes al estilo europeo.

El pasaje Túnez, cercano a Libertador y Monroe, asocia la tan mencionada tranquilidad con excelentes accesos. Tal vez por eso ha concitado el interés de distintas empresas. Allí Arquitectonika/López /Leyt/ López/Yablon encara un emprendimiento que proyecta unidades flexibles de uno y dos ambientes, con amplias terrazas parquizadas. Bajo el sistema de fideicomiso al costo, la propuesta parte de 2000 dólares el m2.

Por su parte, Migliorisi es responsable de la venta de PH de 4 ambientes, vecinos al Parque Centenario, en el pasaje Portugal donde el m2 cotiza entre 1800 y 2000 dólares. Tanto en los alrededores del Obelisco como en lo que fueron las orillas de esta capital, ayer y hoy los pasajes avanzan hacia eso que Borges, gran caminante y conocedor de la ciudad, definió como el “centro secreto de las manzanas”. De esa manera incitan a desentrañar los misterios que hacen a su identidad, a descubrirle antiguos y nuevos encantos.

En Palermo es más difícil encontrar sobre los pasajes propiedades a estrenar, Shenk comercializa, en el pasaje Soria, una casa antigua en excelente estado. Son 230 m2 y se cotizan en alrededor de 500.000 dólares para la venta y 14.000 dólares mensuales de alquiler.

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