Buenos Aires, 25/09/2017, edición Nº 1776

Parque Patricios: declaran de Interés Cultural la Casa de los Cien Gardeles

Se trata del frente del Taller Inclán, donde vecinos y artistas hicieron un mural para homenajear al Zorzal Criollo.

(CABA) En su última sesión, la Legislatura de la Ciudad declaró de Interés Cultural la obra “La Sonrisa de Gardel”, una obra colectiva que incluye cien murales de cantor hechos con mosaicos.

En Parque Patricios, artistas y ve­cinos hicieron un mural con mo­saicos para homenajear al Zor­zal Criollo. Su risa es una obra de arte, replicada cien veces con venecitas y azulejos sobre el muro de una casona anti­gua de Inclán al 3090. Carlos Gardel apare­ce realista a color, y caricaturesco en grises, eterno y sonriente. El perfil de las damas del tango y una estrofa de “Mi Buenos Ai­res querido”, también en mosaico, comple­tan el rincón.

La obra, al alcance de todos, es una rea­lización colectiva. La artista plástica Mirta Regina Satz la dirigió, y junto a sus asisten­tes Rufino Venicio Bogado y Claudia Adrián, además del notable fileteador Luis Zorz, y vecinos de entre cinco y 83 años, hicieron de esta casa de principios del siglo pasado una suerte de galería a cielo abierto.

Mirta, que desde hace más de vein­te años da talleres artísticos allí, inició este proyecto al que bautizó “La sonrisa de Gar­del”, tras haber intervenido la vereda del taller con baldosas circulares “para armar juegos callejeros”. Después imaginó “ver a Gardel desde varios puntos de vista, com­plementados en una sola obra para evocar nuestras raíces y nuestra cultura”.

La casa también homenajea a las gran­des mujeres del tango. En la parte supe­rior, los mosaicos se combinan con maes­tría y devuelven los perfiles de Tita Merello, Libertad Lamarque, Susana Rinaldi, Nelly Omar y Virginia Luque. “Son como estre­llas que en lo alto iluminan el mural”, se­ñala Mirta.

La puesta en marcha del proyecto llegó durante las va­caciones de invierno del año pasado. Ta­lleristas de varias dis­ciplinas se sumaron al mosaiquismo para trabajar varios días a la semana. “Hubo momentos de pleni­tud, venían las fami­lias a ayudar y en las casas se seguía ha­blando de Gardel”, añade.

Al principio no teníamos materia­les; los vecinos nos decían dónde había obras en construc­ción o bolsas tiradas. Algunos venían y nos donaban piezas”, cuenta Alejandro, de 43 años, quien se sumó al proyecto a través de su esposa, Cecilia.

Yo no conocía a Gar­del, ahora me resulta una fi­gura simpática, me recuerda a mi abuelo”, cuenta Lautaro, de nueve años. Juani, de siete, se emociona al recordar cada vez que “veía que una parte del mural to­maba armonía”.

Con los casi cien Gardelitos circulares terminados, salieron a la calle a “armar el rompecabezas” del muro. “Trabajar en la calle y ver que los vecinos salían de sus ca­sas para ser parte de la obra nos hizo sentir la importancia de retomar el vínculo social de compartir la vereda”, afirma Mirta.

En el barrio este nuevo paisaje urbano es un orgullo y una satis­facción. Héctor y Elisa, que viven frente al mu­ral, cuentan que es lo primero que ven al poner un pie en la ca­lle. “Esto es una ale­gría porque renovó el barrio”, comentan.

La presentación for­mal del muro se hará durante la Semana de Gardel, en el próximo mes de junio. En paralelo, está en produc­ción un documental del realizador Ricardo Piterbarg sobre el mural. A Mirta le sorpren­de tanta repercusión. Asegura que “como Carlitos, que cada día canta mejor, en el mural siguen pasando cosas”. Y concluye: “Al final, la sonrisa de Gardel es la que nos quedó a nosotros al realizar esta obra, que ya pertenece a todo el barrio”.

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