Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

Para Ravenna, “La sobreprotección puede causar obesidad en los hijos”

La afirmación se basa en una investigación de la Universidad de Oporto, Portugal, que arrojó que una protección exagerada de los padres puede provocar más ansiedad en los hijos y, consecuentemente, causar obesidad, dado que hay niños que buscan mitigar su estrés a través de la ingesta desmedida de alimentos. (CABA) La investigación, cuyos resultados preliminares fueron publicados por la facultad de medicina de esta universidad, destaca además que estos...

La afirmación se basa en una investigación de la Universidad de Oporto, Portugal, que arrojó que una protección exagerada de los padres puede provocar más ansiedad en los hijos y, consecuentemente, causar obesidad, dado que hay niños que buscan mitigar su estrés a través de la ingesta desmedida de alimentos.

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(CABA) La investigación, cuyos resultados preliminares fueron publicados por la facultad de medicina de esta universidad, destaca además que estos riesgos son superiores entre las niñas, porque tienen mayor tendencia a canalizar el estrés a través de los trastornos alimentarios.

Al respecto, Ravenna explica que “la actitud sobreprotectora genera miedo e inseguridad en los menores, lo que hace aumentar los niveles de cortisol, la hormona del estrés, por lo que éstos buscan diferentes estrategias para combatirlo”.

El especialista explica que “los datos sugieren que, cuando existe esa vinculación insegura, los más chicos tienden a exteriorizar el comportamiento comiendo” y agregó que “esta es una muestra más del rol preponderante que juega la cabeza en aquellos que sufren de sobrepeso y obesidad”.

El también psicoterapeuta argentino ya había anticipado que la relación entre obesidad o sobrepeso corporal y el malestar psico-emocional es cada vez más recurrente. Los trastornos alimenticios son a la vez causa y consecuencia de numerosos problemas psicológicos; y los problemas del cuerpo y la mente conviven mutuamente, en un círculo vicioso, que, de no interrumpirse, compromete la salud.

El estudio advierte que estos comportamientos, sobre todo entre las niñas, pueden derivar en enfermedades como la bulimia y deben ser combatidos con terapias psicológicas para corregir los hábitos y actitudes, y aprender a lidiar con las emociones.

Al respecto, Ravenna dijo que “descubrir las relaciones entre los alimentos consumidos y el estado de ánimo y viceversa es el primer paso para frenar la costumbre de comer cuando se tienen problemas, y de enojarse cuando las consecuencias de la comida se vislumbran en el aspecto físico”.

En el mismo sentido, las conclusiones de la investigación del centro de estudios de Portugal recomiendan nuevos métodos para combatir la obesidad infantil, que tengan en cuenta también la salud mental, sobre todo cuando se observa la connivencia entre una personalidad introvertida y el exceso de peso.

En concordancia, Ravenna finalizó diciendo que “para recuperarse hay que salir de este círculo vicioso, rompiendo con los cánones de la comida emocional, y así recuperar la libertad de experimentar los verdaderos sentimientos”.

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