Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Pancho Osso, el canillita porteño más antiguo del mundo

(CABA) Lleva cincuenta y cinco años vendiendo diarios en la misma esquina de San Juan y San José. Desde que era un nene con pantalones reglamentariamente cortos. Pancho Osso. Tiene nombre de embutido. De pancho grande, de pancho completo con mostaza, mayonesa y papitas pay. Se le pide que cuente cosas que sólo le pueden suceder a un hombre con más de medio siglo de canillita. O sea, algo que...

(CABA) Lleva cincuenta y cinco años vendiendo diarios en la misma esquina de San Juan y San José. Desde que era un nene con pantalones reglamentariamente cortos. Pancho Osso. Tiene nombre de embutido. De pancho grande, de pancho completo con mostaza, mayonesa y papitas pay. Se le pide que cuente cosas que sólo le pueden suceder a un hombre con más de medio siglo de canillita. O sea, algo que sólo él conoce en la Argentina toda. Y en el mundo también.

Tengo demasiado trato con la gente. Soy como un experto en muchedumbre. Es muy difícil que haya alguien que tenga esta experiencia. Modestamente lo digo. Sería rarísimo. Te cuento que mi oficio me lo enseñó mi abuelo“.

Historias de vida no, Pancho.

Bueno, lo que vos digas: conocer tanta gente sin necesidad de Facebook es como que me pone en el lugar de alguien súper familiar… Acá enfrente vivía Tiburón: Ricardo Bauleo. Y en este edificio vive José Larralde.

¿Qué te compra Larralde?

Revistas de armas. La Magnum y Revista Táctica Argentina. También le gustan las sopas de letras.

¿Qué más le pasa a alguien que labura hace tanto tiempo de lo mismo?

Creo que me convertí en un lector; no un lector compulsivo, pero leo sin parar.

Ahora tenés que nombrar la primera publicación que te venga a la cabeza. ¡Ya!

TV Guía.

¡Otra!

Radiolandia.

¡Otra! ¡Rápido!

El Tony, Intervalo…

Bien, sigamos. ¿Por qué no se escucha más el “diaroooo, diarioooo…”?

Eso se llama vocear. Llegué a vocear en el tranvía yo. San Juan era empedrada y angosta. Voceaba la 5ta, la 6ta…

Eran gritos vespertinos.

Exacto. A la tarde se voceaba más porque vendíamos mucho en los bares, y los bares empezaban a funcionar con la gente que salía de los trabajos. El voceo se hacía a la hora de los trabajadores…

Lo tuyo es lo que se dice un oficio en extinción.

No te creas. Para mí la prensa escrita de cualquier índole, pero escrita, es irremplazable. Tuve la suerte de estar en Europa y, viajando, comprendí que kioscos de diarios habrá siempre.

¿Seguirán siendo de diarios?

Es un negocio para toda la vida. Olvidate.

Creo que la del “canillita” es una historia que debería cantar León Gieco y filmar Taratuto.

¿Qué?

Nada, nada… ¿Oíste hablar del “Canillita rebelde”?

No.

¡¿No?! Abrimos un necesario paréntesis.

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El “Canillita rebelde” es un justiciero por mano propia. Dice que nunca lee los editoriales de los diarios porque quiere tener ideas propias y te cuenta que la palabra “robo” desaparece a medida que va acercándose a la cultura. Un copado. Cree que la palabra “robo” está vinculada a la obra pública y que suele funcionar bien con salideras bancarias y esas cosas, pero que se va disolviendo en la zona del transporte público de pasajeros (“Ahí los robos son hurtos”), hasta que finalmente logra escurrirse como arena entre las manos cuando “robo” llega a la cultura y se reemplaza por “plagio”. Siendo más mundanos y tecnológicos, “robar” se suplanta por “bajar”. Claro: no se roba música, se “baja” música. No se roban libros, se “bajan” libros. No se roban películas, se “bajan” películas.

Es un tipo que resignificó su puesto de diarios porque, dice, la crisis del papel también los obliga a subsistir de otra manera. Algo parecido a lo que nos pasa a nosotros, los periodistas de medios gráficos.

No lo conozco, pero me parece que está equivocado ese señor. Yo vendí películas, cedés, juegos virtuales, etc., y no hay nada como los diarios y las revistas. Lo efímero es todo lo demás, vas a ver. A mí, particularmente, no me interesan esas mezclas raras.

El “Canillita rebelde” me dijo que el futuro de los kioscos de diarios y revistas es convertirse en los viejos videoclubes.

No, no, no creo. Yo llevo un montón de años haciendo esto y pienso que lo clásico puede tener sus propias crisis a raíz de la novedad, pero es lo clásico. Y lo clásico tiene la vida asegurada.

Dice, por ejemplo, que todos ustedes deberían incorporar máquinas de café…

Nahhh, ni loco. A mí me ofrecieron vender tarjetas de teléfono y hasta poner una máquina de café. Les dije gracias, soy diariero.

Fuente: Clarín

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