Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Palito Ortega quiere salir de gira con Cacho Castaña y Alejandro Lerner

“Es posible que este año salgamos los tres para divertirnos”, aseguró el cantante, tras lanzar su nuevo disco Cantando con amigos.

(PBA) Después de lanzar un nuevo disco llamado Cantando con amigos, y a pocos días de una exitosa presentación en el Teatro Gran Rex, Ramón “Palito” Ortega anunció que tiene ganas de salir en una gira nacional junto a Alejandro Lerner y Cacho Castaña.

Sobre las ganas de darse gustos musicales y con amigos y sobre la carrera de sus hijos y su futura gira, Ortega charló en extenso.

-Presentaste el disco en vivo con muchos invitados. ¿Tenés pensado salir de gira por Argentina y América Latina?
-Es algo que hago más esporádicamente de lo que lo hacía 10-15 años atrás. Cuando empezamos a trascender con nuestra música hacia los países de Latinoamérica teníamos demanda en países que nos alegraba mucho visitarlos. Nos hemos cruzado mucho en giras con Sandro y Leonardo Favio, que éramos los que más salíamos. En esa época, las películas habían llegado a esos países y por eso ya nos pedían los temas de las que habíamos hecho. Ahora, por ejemplo, hicimos recitales Lima y Colombia, y pegué la vuelta porque sinceramente empiezo a sentir los viajes. Actualmente tengo que llegar por lo menos dos días antes para recuperarme y preparar bien todo. Los años van pasando para todo el mundo.

-¿Cómo sería esta nueva gira?
-Tengo una relación entrañable con Cacho Castaña, por ejemplo, que gracias a Dios está superando el cuadro de salud y siempre hablamos de por ahí salir juntos a tocar el año que viene. De hecho, hablando con Alejandro Lerner el otro día dijimos de salir los tres, salir al escenario a divertirnos. La idea es hacer lo que la gente espera que cantemos, pero también desde el punto de vista humano sentirse acompañado, sentir que estás cantando abrazado con amigos. Así que es posible que este año salgamos los tres para divertirnos.

-¿Cómo fuiste viviendo el día a día del disco, emocionalmente?
-No había otra manera de hacerlo ni de vivir ese clima que no fuera emocionalmente, con mucha alegría. No es fácil que se dé, no es fácil convocar a mucha de la gente que participó en mi recital del Rex. El otro día pasé, por ejemplo, por el Teatro Opera cuando cantaba Celeste Carballo. Toqué con ella “Sabor a nada” y sentí que la gente reaccionó con un aplauso hermoso, conmovedor. Esas cosas se dan. Yo sé que le digo a Celeste que canto una zamba en Tucumán, se la aprende y se viene a cantarla. Algo así puede pasar tranquilamente. A lo mejor uno no se da mucha cuenta, pero en el Gran Rex estaba rodeado de la historia misma del rock argentino. Me tocó a mí ser una voz cantante y le agradezco profundamente a todos ellos.

-¿También sentís eso de extrañar a los nietos saltándote encima?
-Sí, totalmente. Pero no sólo te saltan, quieren jugar al fútbol y yo no puedo correr. ¡Arrancan y ya no los alcanzo! Me pasaba con mis hijos, que jugábamos al tenis y al principio los sobraba, pero después me daba rabia porque ya no llegaba nunca. Esos son los mejores indicadores que te da la vida de cómo va pasando el tiempo de buena manera: ahora son grandes, profesionales y hacen su vida, y está la tercera generación que son los que vienen. Es un juego hermoso que la vida te permite tener y yo lo disfruto inmensamente.

-¿Cómo te sentiste este año que tus hijos Sebastián y Luis encararon la historia de los Puccio y la convirtieron en un éxito televisivo?
-Bueno, ya lo repite un canal importante. Sebastián, como productor, tuvo un par de aciertos que al viajar por Latinoamérica me detenía a mirar, como Los Roldán. Vendió los formatos en todo Latinoamérica. Después, lo de Tumberos le resultó muy bien, Los Exitosos Pells lo vendió en varios países y después Graduados, que fue una muy buena idea. Lo veo con mucho entusiasmo preparando una comedia para el año que viene, mientras está haciendo Historia de un Clan, donde por primera vez Luis aceptó dirigir en televisión. Leonardo Favio decía que Luis iba a ser su sucesor, porque él se toma su tiempo para hurgar mucho en el personaje, se detiene mucho en el detalle de la cosa humana y trata de sacarlo adelante con la cámara. Los actores me dan una referencia de alegría por haber trabajado con él, porque es muy respetuoso pero muy capaz de sacarle lo que él necesita. Historia de un Clan es un papel muy difícil porque aparece rezando en la iglesia en un momento y en otro en una escena de violencia; tiene ingredientes variables en todo momento. A Tristán, que es un cómico, lo puso en un papel serio y le salió perfecto.

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-¿Cómo nació la idea del disco Cantando con amigos? ¿Surgió de una charla con alguien?
-En realidad no hubo un principio de programación del disco. No hubo un momento en que haya surgido la idea de hacer un disco con todos y empezar a buscarlos. Esto se dio de una forma, decimos, mágica. Un día estaba grabando: Fernando Samalea había puesto una batería, yo había puesto un bajo y estaba poniendo una guitarra de una canción que tenía pendiente de grabar desde los años ’60, una versión libre de “La casa del sol naciente” de un grupo inglés llamado The Animals. En ese momento entró Charly al estudio y cuando escuchó los acordes la reconoció en seguida y me dijo “yo le pongo un órgano Hmmond”, y se sentó. Cuando se lo comenta Samalea a Pedrito Aznar, él se ofreció a venir al estudio y después de comer un asado agarró el bajo y se puso a tocar. Le mostramos el tema y empezó a ecualizar para buscarle un sonido y ponerle el bajo a ese rock y después le puso a otro. Después, cuando se lo hice escuchar a Nito Mestre, dijo de ponerle una voz, y además se quedó a grabar los coros en otros temas, como Celeste Carballo. Y con Juanse, le dije que tenía una medio Santana y por eso se apareció en el estudio.

-Se fue dando…
-Exacto, se fue dando. Las canciones parecían que las íbamos escribiendo para cada amigo. Así fue pasando el tiempo, se sumó Moris y mis hijos empezaron a ayudar en los coros. Si uno se sienta, como suele ocurrir, con una lapicera en la mano, no hay presupuesto para pagar esto. Después de tantos años vuelvo a grabar en mi compañía, porque Sony RCA fue la primera, y me dijeron de grabar donde quisiera y por eso fuimos a masterizar a Nueva York. Lo hicimos con Joe Blaney, que ya había trabajado con Charly García y con Andrés Calamaro y también tocó con diferentes grupos enormes. El tipo se sentaba al mediodía y eran las 11 de la noche y seguía. Ahí pusimos una guitarra de Jesse Harris, un músico que escribió los éxitos más importantes de Norah Jones, que lo invité a Luján cuando tocaron en Argentina y ahí nació una amistad. Son cosas que se fueron dando por afecto, porque cada uno que lo hizo fue con una predisposición enorme; cuanto más talento tienen más humildes son. Por eso, digo, es el mejor disco que hice porque grabé en los estudios más importantes del mundo y sin embargo esto parte desde el punto de vista emocional, porque un músico que entra a un estudio y te da un abrazo no lee una partitura, toca y se va. ¡Si le nace a Charly García venir y tocar…! Eso se dio con todos ellos y acá está el resultado. Para mí, lo dije y lo sostengo, es el mejor disco que hice en mi carrera. Ese componente es el gran valor que tiene.

-Hay estilos muy variados, es muy completo, y además te rodeaste de gente joven. ¿Cómo se dio todo eso?
-Fernando Samalea fue coproductor y coordinador con Luis Méndez, que se ocuparon de facilitarme todo porque uno está más bien concentrado en corregir letras y como pasarle la canción a uno u otro. Pero bueno, Nelson Pombal produjo ya a La 25 y no sé cuantos grupos jóvenes que van apareciendo, venía con una onda de conocimiento de rock. Lo bueno es que dentro de esos sonidos respetaron un estilo, que es el de mis canciones, no deformaron nada y no pusieron otros acordes que no fueran los que tenían que ir. A veces el músico, tentado por su conocimiento, tiende a agregar quintas o sextas aumentadas, pero para mí la música popular es escribir una melodía para que la gente lo entienda. Es así, no me gustan las metáforas tampoco, porque es mi formación. Yo lo escuchaba a Charly tocar música clásica cuando convivimos en Luján siete meses y me moría de envidia. Pero con la misma admiración con la que lo escuchaba, él se alegraba con mis canciones y más de una vez para calentar la voz se ponía a cantar “Media novia”. Cada cual ha ido haciendo lo que pudo hacer, pero gracias a Dios después de 50 años me subo a los escenarios y veo que la gente canta. Me sorprendo mucho más cuando veo gente joven que canta esas canciones, porque ellos ni habían nacido cuando las empecé a cantar. NR

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Fuente: Télam

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