Buenos Aires, 19/10/2017, edición Nº 1800

Palacio Miró, la joya perdida de San Nicolás

En 1841, Mariano Agustín Miró Dorrego hizo construir una mansión que se mantuvo en pie hasta 1937

(CABA) Cuando a la zona se la conocía como el Hueco de Zamudio, los desbordes del arroyo Tercero solían convertir el terreno en un lodazal. Un día, una manzana del lugar se remató en una subasta y la puja la ganó un comerciante a quien consideraban uno de los porteños más ricos de ese momento. En 1841, el comerciante se llamaba Mariano Agustín Miró Dorrego (director de varias instituciones financieras) y el terreno en cuestión comprendía la manzana de las actuales Viamonte, Libertad, Córdoba y Talcahuano, en el barrio de San Nicolás. Entonces, para ese terreno el paisaje cambió: allí, el hombre hizo construir una mansión que se mantuvo en pie hasta 1937, cuando el terreno fue expropiado por la Municipalidad para ampliar la plaza, y la demolieron. Al edificio lo conocieron como el Palacio Miró y mantiene un lugar destacado en la historia de Buenos Aires.

La construcción del palacio se terminó en 1868 y su entrada principal estaba sobre la calle Viamonte (entonces conocida como Del Temple). El edificio, construido al estilo de una villa italiana, tenía dos plantas y un importante mirador que resaltaba en el perfil de la mansión. En la planta baja una galería perimetral la hacía más señorial y le daba marco a una escalinata de mármol. El lugar, proyectado por los arquitectos italianos Nicola y Giuseppe Canale (padre e hijo), estaba destinado a que lo habitaran Miró y su esposa, Felisa Gregoria Dorrego Indarte de Miró (hija de Luis Dorrego, hermano de Manuel, fusilado en 1828). El día que se casaron él tenía 35 años y ella, 16. Aquella edificación fue una de las primeras en ser pensada con perímetro libre alrededor para que eso se convirtiera en parque.

En julio de 1890, la residencia sufrió graves daños porque quedó en medio del fuego de un sangriento enfrentamiento conocido como “la revolución del Parque”. Los antagonistas fueron una fuerza cívico-militar (integrada por gente de la Unión Cívica y grupos militares) y los leales al gobierno del presidente Miguel Juárez Celman. Agustín Miró no vio aquello porque había muerto en 1872. Pero su viuda sufrió mucho al ver las ventanas y algunas paredes destruidas por la metralla de esa disputa. También aquello afectó a algunas de las obras de arte que había allí.

Después el lugar fue restaurado y en 1910 en la mansión se realizó el baile principal por los festejos del Primer Centenario de la Revolución de Mayo, al que concurrieron el presidente José Figueroa Alcorta y la infanta Isabel, que vino en representación del rey Alfonso XIII. Para entonces, doña Felisa ya no estaba: murió en 1896. NT

Fuente: Clarín

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