Buenos Aires, 22/11/2017, edición Nº 1834

#Opinión “¿A dónde queremos ir con el transporte público?” por @frigeriorogelio

Con la inauguración de los nuevos vagones de la línea A de subtes, se produce otro punto de inflexión en la historia del transporte público de pasajeros de la Ciudad de Buenos Aires. A partir de la transferencia de este servicio a la Ciudad, el Gobierno de Mauricio Macri, suma la línea de subterráneo al nuevo sistema de movilidad que rompe con todos los esquemas utilizados en el pasado. No...

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Con la inauguración de los nuevos vagones de la línea A de subtes, se produce otro punto de inflexión en la historia del transporte público de pasajeros de la Ciudad de Buenos Aires. A partir de la transferencia de este servicio a la Ciudad, el Gobierno de Mauricio Macri, suma la línea de subterráneo al nuevo sistema de movilidad que rompe con todos los esquemas utilizados en el pasado.

No deja de llamar la atención que un gobierno al que se acusa sin fundamento de privatizador y de derecha, es el que le da prioridad al transporte público por sobre el privado y que hace un fuerte énfasis en el cuidado del medio ambiente.

Como viene ocurriendo desde hace tiempo, un gobierno supuestamente conservador promueve los cambios para mejorar la calidad de vida de la gente y, paradójicamente, los supuestos progresistas son los que siempre se terminan oponiendo.

Luego de convivir diez años con el contexto internacional más favorable de la historia para nuestro país y de contar con más recursos que ninguna otra administración, la política del kirchnerismo en materia de transporte ha evidenciado un rotundo fracaso. Es que la idea de subsidiar sin control a los concesionarios privados ?subsidio a la oferta? probó ser ineficiente y poco transparente, además de profundamente regresiva.

Desde Gobierno nacional se sigue sosteniendo que incrementar el gasto es bueno, sin tener en cuenta la eficiencia ni el direccionamiento de los dineros públicos. Esta falta de estrategia y planificación de la inversión llevó al servicio del transporte a una crisis profunda, cuya manifestación más dolorosa son los muertos y heridos como consecuencia del choque con la realidad producido en la estación Once, en febrero del año pasado.

El problema no es el subsidio en sí, que de hecho existe en la mayoría de los países del mundo. Por caso, en la Ciudad de Buenos Aires ?tomando la tarifa de subte a $3,50? el Estado financia cerca del 50% del costo del boleto. Lo que hay que hacer es foco en la demanda para subsidiar a los que más lo necesitan y dejar de favorecer como hasta ahora a sectores más ricos.

La discusión que nos debe importar es la que se refiere a cómo mejorar el servicio para que la gente viaje con mayor comodidad y seguridad. Una gran parte de nuestras vidas cotidianas transcurre movilizándonos, viajando para cumplir con nuestros sueños y obligaciones. Esta preocupación estuvo ausente durante los últimos diez años.

No es prioritario el debate respecto de si es el Estado o un privado el que tiene que hacerse cargo de la administración del transporte. Lo urgente es que el Estado no se desentienda de su responsabilidad final sobre los servicios públicos, cualquiera sea e independientemente de quien tenga en sus manos la gestión efectiva.

Por nuestra parte, no descartamos en la Ciudad que sea el Estado quien se quede en el futuro con el manejo del subte, como tampoco desechamos la idea de que a partir del 2015, ya con otro Gobierno nacional, sea también el Estado quien lleve adelante la administración del ferrocarril.

A nuestro entender, la importancia del tema radica en establecer un canal de diálogo maduro y serio, despojándonos de todos los preconceptos ideológicos que puedan sesgar la visión en el debate y hacernos olvidar que lo que realmente importa en la discusión, es mejorar la calidad del servicio y la comodidad y seguridad de los usuarios.

Rogelio Frigerio es Legislador porteño por el PRO. Columna publicada en la edición impresa del diario El Cronista.

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