Buenos Aires, 17/11/2017, edición Nº 1829

Once, del horror por los muertos al desamparo de familiares y sobrevivientes

La sirena sonó a las 8.32 en la terminal porteña de la línea Sarmiento como cada mes tras la tragedia de Once, ocurrida hace un año, y la postal de horror de aquel 22 de febrero mutó a la del desamparo de hoy de los sobrevivientes y los familiares de las víctimas mortales del choque contra el paragolpe del andén 2 de la estación. Por Juan Bernardo Domíngez (periodista DyN)...

La sirena sonó a las 8.32 en la terminal porteña de la línea Sarmiento como cada mes tras la tragedia de Once, ocurrida hace un año, y la postal de horror de aquel 22 de febrero mutó a la del desamparo de hoy de los sobrevivientes y los familiares de las víctimas mortales del choque contra el paragolpe del andén 2 de la estación.

Por Juan Bernardo Domíngez (periodista DyN)

(Ciudad de Buenos Aires) El mozo José Alejandro Carlo, de 39 años, viajaba en el primer vagón del tren que protagonizó la colisión que conmovió al país y todavía no puede creer cómo está vivo, pero asegura que no puede superar el trauma que le dejó el siniestro.

“Todavía sueño todas las noches con la sangre, el griterío y la beba que murió aplastada a pocos metros de mí. No me puedo sacar esas imágenes tremendas de la cabeza y el Estado nacional no me brinda ni atención psicológica”, dijo Carlo a DyN en la terminal, tras un acto en conmemoración del primer año de la tragedia.

El trabajador, apoyado en un bastón por las secuelas físicas del choque -una rodilla dañada y otro problema físico a la altura de la cadera-, miró a su hijo de un año y tres meses que tenía su mujer en sus brazos y, en medio de sollozos, enfatizó: “La criatura que se fue en aquel tren podía haber sido mi hijo”.

El hombre, a quien se le “vencieron las sesiones de un tratamiento” médico integral que costeaba una Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART), recordó que había quedado “boca abajo en el piso” de la formación y que sentía “golpes en la nuca” de los pasajeros que los bomberos “podían ir liberando” al usar “vaselina” para que “lograran salir de las montañas humanas”.

Con la vista fijada en las vías del andén 2, que no parecía detenerse en las flores arrojadas pocos minutos antes por los familiares de las víctimas durante el homenaje, revivía una y otra vez la colisión que provocó 51 muertos y más de 700 heridos.

“Aunque tome pastillas para dormir todavía veo ese infierno y no recibo ayuda del Estado. En el año que pasó, jamás me llamaron ni para ofrecerme un vaso de agua. Tengo una mezcla de impotencia y bronca porque nadie se hace cargo de nada”, se quejó.

Interrumpió para apoyar la posición del trabajador Héctor Zanotti, padre de Pablo, profesor de comedia musical de 36 años que murió en la tragedia de Once, y protestó: “No recibimos ninguna ayuda; solicitamos un subsidio para todos los heridos que están en un estado deplorable pero, los proyectos de los pocos legisladores que nos apoyan, son cajoneados”.

Asiente con la cabeza Zulma Ojeda de Garbuio, madre del gestor Carlos María Garbuio, de 32 años, otra de las víctimas mortales del siniestro.

La mujer, quien el 22 de agosto último reveló a este cronista que había mantenido un encuentro con la presidenta Cristina Fernández y le había dicho que sentía que a ella no le interesaba lo que había ocurrido el 22 de febrero de 2012, además de haberle manifestado que estaba “rodeada de pirañas”, sostuvo: “No nos tienen en cuenta, continúan con la burla”.

Detrás de la mujer, un gran televisor LCD colocado en un remozamiento de la terminal calificado como “maquillaje” por los manifestantes, mostraba una leyenda que parecía avalar lo dicho por Ojeda de Garbuio: “El tren es tuyo, cuidalo. Ministerio del Interior y Transporte. Presidencia de la Nación”.

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