Buenos Aires, 23/11/2017, edición Nº 1835

Once: Con diez operaciones, Natalia vuelve a casa

Fue la última rescatada del tren y será la última en volver a casa. Natalia Meza, tras pasar 10 operaciones pide que no la olviden. Natalia espera en un clínica porteña. Pudieron salvarle las piernas y le falta al menos un mes para el alta. Mueve las piernas para contar que fue ella misma, apenas salida del horror de los fierros del primer vagón del tren 3772, la que firmó...

Fue la última rescatada del tren y será la última en volver a casa. Natalia Meza, tras pasar 10 operaciones pide que no la olviden.

Natalia espera en un clínica porteña. Pudieron salvarle las piernas y le falta al menos un mes para el alta. Mueve las piernas para contar que fue ella misma, apenas salida del horror de los fierros del primer vagón del tren 3772, la que firmó la autorización ante los médicos del Santojanni para que la llevaran al quirófano y la salvaran de la amputación . “Fue una operación importantísima, recién había bajado del helicóptero y me decían que si esperaba a algún familiar iba a ser tarde para la operación. Por suerte estaba conciente y firmé yo. Si no, no tendría ninguna de las dos”.

Natalia Meza tiene 28 años. Es la única sobreviviente de la tragedia de Once que todavía sigue internada. Fue la última que rescataron del primer vagón y ahora, también, será la última en volver a su casa. Está en el Fitz Roy, en Villa Crespo, un centro privado que atiende a las ART. Al menos 100 de los 700 heridos en el choque fueron derivados ahí. Pero ella siente que ya nadie habla del tema y no quiere ser un fantasma, o “pasar rápido al olvido” .

Aquel 22 de febrero, Natalia salió apurada de su casa en Merlo para ir a trabajar a un mayorista de Once y se subió al tren del Sarmiento más tarde de lo habitual. Fue directo al primer vagón, a pesar de que su papá siempre le decía que el lugar más seguro era la mitad del tren. “Pero yo igual viajaba en el primero, al fondo”, lamenta. Y relata: “Cuando fue el choque quedé del lado de las vías, no sé si apretada contra la ventanilla, sólo sé que tenía hierros apretándome las piernas , pero no podía ver nada. El impacto se sintió muy fuerte y destrozó la parte de atrás del vagón en un segundo. Cayeron chapas y vidrios de todos lados, todos gritaban. Algo me hizo un corte la cabeza, y tuve que arrancarme un mechón de pelo para poder mover la cabeza y la tira de mi mochila, que me apretaba el cuello y me ahogaba.

Arriba mío tenía un señor que había fallecido, lo tuve todo el tiempo . Y al lado una mujer, también muerta. Eramos una montaña de cuerpos muertos o mutilados”, recuerda Natalia.

Y sigue el relato, de corrido, todavía con todo el dolor pegado al cuerpo. “Los bomberos cortaban hierros, las chispas me caían encima y tenía miedo que me cortaran a mí.

Trataba de gritar, pero no podía. Un chico me calmaba todo el tiempo, me daba la mano, yo le decía hasta acá llegué, pero él me daba fuerza. Lo escuché quejarse de un corte en la cara que le dolía mucho. Sé que es Alan Mesa, el chico que estuvo internado en Haedo, que también es de Merlo. Me gustaría reencontrarme con él para hablar de lo que pasó.

Natalia aguantó el horror hasta que oyó de cerca a los bomberos. “Escuché que decían ella está viva, tiene prioridad y después me sacaron”. La llevaron en helicóptero al Santojanni. “Por suerte estaba conciente y pude firmar el consentimiento para que me operaran. Yo misma terminé salvando mis piernas”, se sorprende. “Y después los médicos hicieron el resto”.

Dice que está dolida porque en medio del rescate le robaron plata de la mochila y un celular. Y que está angustiada porque son pocos los que la ayudan . “Estoy conforme con este lugar y además me ayudan del Gobierno nacional. Pero me siento abandonada: durante los dos primeros meses nunca vi nadie que hablara de mí. Recién cuando salí los diarios y en las radios aparecieron todos de golpe, pero después no volvieron. Es feo sentir que no existo ”, se queja.

Ahora está flaquísima. Reconoce que apenas puede comer, que siente dolor, pero que igual aguanta. Su mamá la acompaña siempre. Ya pasó bastante: diez operaciones, mañana cumple tres meses internada y una recuperación larguísima en la misma cama. Pero todavía le falta: según los médicos, tiene por lo menos para un mes más . ¿Y después? “Mi mamá no quiere que vuelva a viajar en tren para ir a trabajar. Me gustan los animales. Ojalá cuando salga de acá pueda estudiar Veterinaria. Mientras tanto escribo en un cuaderno. Y la tele me sirve para darme cuenta de lo grave que fue lo que viví. Le echan la culpa al maquinista pero para mí no es así: él también pudo haber muerto ahí. Sólo quiero que no me olviden . Y que haya justicia”.

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