Buenos Aires, 24/10/2017, edición Nº 1805

Obelisco: ¿torre de vigilancia?

Escribe Andrés Pérez Esquivel  (CABA) ¿Cuál es la diferencia entre poner policías las 24 horas con binoculares en la punta del Obelisco e instalarle cámaras de vigilancia? Más allá del ahorro en sueldos, ninguna. El Obelisco es un ícono indiscutible de nuestra identidad nacional y identificación mundial de Buenos Aires y el país. Se erige en el primer sitio donde se izó la Bandera nacional en la Ciudad, y es centro...

obelisco

Escribe Andrés Pérez Esquivel 

(CABA) ¿Cuál es la diferencia entre poner policías las 24 horas con binoculares en la punta del Obelisco e instalarle cámaras de vigilancia? Más allá del ahorro en sueldos, ninguna.

El Obelisco es un ícono indiscutible de nuestra identidad nacional y identificación mundial de Buenos Aires y el país. Se erige en el primer sitio donde se izó la Bandera nacional en la Ciudad, y es centro de la Plaza de la República, con los escudos provinciales, en señal de nuestra unidad nacional y nuestro carácter federal. Ha sido epicentro de hitos populares históricos, como la vuelta de la democracia en 1983 y la celebración del Bicentenario de la Patria en 2010.

Fue declarado Monumento mediante la Ley Nº 3792, para dotarlo de protección integral, el más restrictivo nivel de preservación que sólo admite intervenciones para devolverlo a su estado original. Pero hoy es víctima de una tergiversación de su carácter histórico-conmemorativo para darle otros usos.

El Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, sacando provecho de su altura y ubicación, le instaló cámaras de vigilancia policial provocando una grave desculturización, equivalente a poner una videocámara o una sirena policial en la elevada cabeza de bronce de San Martín, en la plaza que lo homenajea. Desde su fundación, en 1936, con intendentes de facto de por medio, es el primer gobernador que se atrevió a modificar de forma permanente su valor cultural para convertirlo, nada más y nada menos que en una torre de vigilancia.

Los valores de unidad nacional, independencia y democracia que promocionaba el Obelisco fueron trastocados por una cultura del control radicalmente contrapuesta a la que ha representado por generaciones. Hoy el Obelisco ya no une a la República, la vigila.

La instalación de dispositivos de seguridad es un fenómeno mundial que está avanzando a un ritmo muy acelerado, no siempre acompañado de un adecuado debate y aplicación legal.

El uso que hace la Policía Metropolitana de sus cámaras esté cuestionado legalmente por la Defensoría del Pueblo, el Centro de Protección de Datos Personales, la Auditoría General y la Legislatura de la Ciudad, por no cumplir con las obligaciones que establece la ley de protección de datos personales y las garantías de control ciudadano y sesión de imágenes que establece su ley regulatoria.

La empresa que le instala las cámaras al gobierno se llama Global View S.A. y fue creada por Mario Montoto, un ex comandante montonero secretario de Mario Firmenich, que luego devino empresario de la revolución conservadora de la mano de Ciccone y Taselli.

No sin irregulares contrataciones, su empresa ha instalado cámaras en distritos políticos clave del país como la CABA, Tigre, Rosario y Lomas de Zamora.

En algunos casos se lo pudo ver anunciando a los medios que había ganado una licitación antes de que concluyese. Y a intendentes denunciando públicamente presiones para adjudicarle contratos. Incluso Montoto, como vicepresidente de la Cámara de Comercio Argentino-Israelí, viajó con Daniel Scioli a Jerusalén en el año 2010 y contrataron un centro de monitoreo para toda la provincia con sede en La Plata.

En 2012, para expandirse internacionalmente, Global View se asoció con la empresa japonesa NEC Argentina, presidida por Carlos Martinángeli, CEO para toda Latinoamérica y vice presidente del Club Quilmes”.

NEC es una corporación que opera en todo el mundo, factura cerca de 1000 millones de dólares anuales en la región y tiene intenciones de liderarla con base en Argentina.
No resulta descabellado, entonces, pensar en la conveniencia de que pueda ostentar a sus clientes y competidores internacionales una vidriera de productos que incluya al símbolo urbano más importante de nuestro país.

De esta manera, Macri y el lobby empresarial de la seguridad han tomado el Obelisco para convertirlo en el cartel publicitario más exclusivo del país.

Fuente: Perfil

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