Buenos Aires, 21/09/2017, edición Nº 1772

Nueve hábitos que comparten las personas influyentes

Rasgos que se pueden imitar de este grupo de personas que se destacan por innovar y por ir siempre hacia adelante.

(CABA) Las personas influyentes generan un profundo impacto, no importa el lugar del mundo en el que se encuentren. Sin embargo, logran esto no sólo porque ejercen mucha influencia hacia el afuera sino también porque hacen un gran trabajo en su interior.

El formador de opinión de LinkedIn, la red profesional de negocios, doctor Travis Bradberry, describe nueve rasgos de este grupo de personas que se destacan por innovar y por ir siempre hacia adelante, hacia cosas mejores.

“Este es un trabajo de amor, que estas personas persiguen detrás de escena, todos los días. Su búsqueda de la excelencia es impulsada por nueve hábitos que se pueden imitar”, dice.

-Piensan por sí mismos: las personas influyentes no son azotadas por la última tendencia o por la opinión pública. Forman sus opiniones con cuidado, sobre la base de los hechos. Están más que dispuestos a cambiar de opinión cuando los hechos lo apoyan, pero no están influenciados por lo que piensen los demás, sólo por lo que saben.

-Son gentilmente disruptivos: nunca están satisfechos con el status quo. Ellos son los que constantemente se preguntan, “¿Qué pasa si?” y ¿por qué no?”. No tienen miedo de desafiar la sabiduría convencional, y no interrumpen sólo por el hecho de ser disruptivos sino que lo hacen para mejorar las cosas.

-Inspiran conversación: cuando las personas influyentes hablan, las conversaciones se extienden como ondas en un estanque. Y esas ondas son multidireccionales; influenciadoras e inspiran a todos a su alrededor para explorar nuevas ideas y pensar de manera diferente acerca de su trabajo.

-Aprovechan sus redes: saben cómo hacer conexiones duraderas. Más importante aún, agregan valor a todos los miembros de su red. Ellos comparten consejos y saberes y conectan a personas que deberían relacionarse entre sí.

-Se centran sólo en lo que realmente importa: no se distraen por trivialidades. Se centran en lo que importa, y se lo señalan a los demás. Sólo hablan cuando tienen algo importante que decir, y nunca aburren a la gente con bromas sin sentido.

-Aceptan el desacuerdo: no reaccionan emocionalmente y defensivamente ante opiniones diferentes, sino que las reciben. Son lo suficientemente humildes como para saber que no lo saben todo y que alguien más podría ver algo que se perdió. Y si esa persona es la adecuada, toman la idea con mucha pasión porque se preocupan más por el resultado final que por tener la razón.

-Son proactivos: no esperan a que las nuevas ideas o tecnologías los encuentren, sino que ellos van a buscarlas. Siempre quieren anticipar lo que se viene. Son influyentes porque ven lo que viene, y ven lo que viene, ya que intencionalmente lo buscan. Luego, lo comunican al mundo.

-Responden en lugar de reaccionar: si alguien los critica por cometer un error, no reaccionan inmediatamente. Esperan. Piensan. Y luego, entregan una respuesta adecuada. Saben que las relaciones son importantes, y no van a dejar que se dañen por una sobrerreacción emocional. También saben que las emociones son contagiosas, y que generan una influencia.

-Creen: siempre esperan lo mejor. Creen en su propio poder para lograr sus sueños, y creen en que otros comparten ese mismo poder. Creen que no hay nada fuera de su alcance, y esa creencia inspira a quienes los rodean para alcanzar sus propios objetivos. Creen firmemente que una persona puede cambiar el mundo.

Por su parte la revista Time, destacó dentro de las 100 personas más influyentes del mundo en 2015 a autoridades como Barack Obama, Raúl Castro y el papa Francisco que comparten el privilegio junto a la premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai. También artistas como Taylor Swift y Emma Watson.

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