Buenos Aires, 20/11/2017, edición Nº 1832

No logran identificar a la persona quemada en Puerto Madero

Creen que es una mujer, pero aún no se la pudo identificar. Tampoco se determinó si fue asesinada o se suicidó. ¿Existe relación con el Caso Nisman?

Por Gustavo Carabajal | LA NACION
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La subestación 89 de Edesur y la marca de la carbonización de una persona desconocida. Foto: Archivo
A poco más de un mes del hallazgo del cuerpo de una persona carbonizada en la plazoleta situada a cien metros de la torre del complejo Le Parc donde murió el fiscal Alberto Nisman, todavía no se pudo saber si el cadáver corresponde a un hombre o a una mujer ni si se trató de un homicidio o de un suicidio.

Hasta el viernes pasado nadie había reclamado el cuerpo carbonizado casi a la medianoche del 14 de febrero. Si bien algunos rumores indican que la víctima sería una mujer que trabajaba en la ex SIDE y que habría colaborado con Nisman, los investigadores no encontraron ningún elemento físico ni testimonial que sirviera para confirmar esa versión.

A pesar de que Puerto Madero es una de las áreas más vigiladas de la ciudad, en la plaza en la que está la subestación N° 89 de Edesur no hay ninguna cámara de seguridad. Este cronista estuvo en el lugar del hecho y las únicas cámaras de seguridad que se ven apuntan al interior de la obra en construcción de Marta Lynch 551 y al perímetro del Museo del Humor.

En la causa judicial que investiga la fiscal Graciela Bugeiro hay elementos que avalan tanto la hipótesis del homicidio como la de un suicidio a lo bonzo. Entre los elementos que cimentarían la pista del asesinato figura la ausencia de huellas digitales en el bidón de cinco litros que supuestamente contenía nafta y en la botella plástica con la inscripción “alcohol etílico” hallados cerca del cadáver. Si la víctima manipuló ambos elementos para echarse el combustible encima tendrían que haber quedado improntas digitales. La ausencia de esa huellas indicaría la posibilidad de que quien tocó ambos envases hubiera usado guantes.

Si bien no se descarta que la víctima hubiera tenido contacto con ambos elementos y que no quedaran huellas porque el plástico tiene una superficie porosa, hostil al levantamiento de improntas digitales, fueron certificados casos en los que se hallaron huellas en las tapas de las botellas y en las etiquetas, hechos con materiales de distinta densidad que el de los envases.

En el lugar del hallazgo del cuerpo los técnicos de Policía Científica de la Policía Federal y de la Prefectura no encontraron ningún proyectil, por lo que se descartaba que, en caso de tratarse de un homicidio por un tiro, el asesinato se hubiera concretado allí.

Pasado un mes, los peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense no pudieron determinar si la víctima estaba viva o muerta antes de ser consumida por el fuego.

Los más de 700 grados que alcanzó el cuerpo por acción del fuego les dejaron a los forenses poco material orgánico para poder analizar.

“En casos de homicidios, es evidente que la finalidad del victimario al quemar el cadáver es tratar de eliminar el cuerpo, que salvo raras excepciones se reduce en su totalidad. Recordemos que la cremación de un cuerpo humano requiere 900 a 1000°C y más o menos una hora y media”, escribió el forense Héctor Vázquez Fanego en su libro Investigación médico-legal de la muerte.

Con respecto al tiempo que demanda al fuego consumir un cuerpo humano, los testimonios dieron la razón el prestigioso forense. Dos testigos consultados por el diario La Nación afirmaron que las primeras llamas fueron vistas el 14 de febrero a las 23.30. El primer testigo que vio el fuego creyó que alguien había prendido hojas. El segundo testigo advirtió las llamas una hora después. En tanto que, a las 2.30, llegó al lugar un móvil de la comisaría 22» de la Policía Federal y alertó a los bomberos.

Esto significa que entre el primer testigo que vio el fuego y el momento en que llegaron los policías hubo al menos tres horas en las que las llamas consumieron el cuerpo.

La depresión que rodea la escena del hallazgo es uno de los rincones más lúgubres de Puerto Madero. Allí no hay cámaras de seguridad y de noche las copas de los árboles bloquean la luz del alumbrado público.

En un comunicado difundido el 13 de este mes, la fiscal Bugeiro indicó que tras “los resultados de la autopsia practicada por el Cuerpo Médico Forense y el estudio realizado por el Equipo Argentino de Antropología Forense se concluyó que el cuerpo correspondía a una mujer de entre 40 y 50 años, y que su altura era de entre 1,52 a 1,60 metros”. Sin embargo, fuentes policiales consultadas por LA NACION indicaron que “el cuerpo estaba tan carbonizado que resultaba imposible determinar si correspondía a una mujer o a un hombre”.

Para tratar de identificar el cuerpo, la fiscal Bugeiro solicitó “un listado de personas desaparecidas que se ajusten a los parámetros del cuerpo hallado, según los estudios del cuerpo de antropología forense”.

Según fuentes del Ministerio Público, “dicho listado fue remitido por el Área de Búsqueda de Personas Extraviadas de la Secretaría de Cooperación con los Poderes Judiciales y Ministerios Públicos, que funciona en el ámbito del Ministerio de Seguridad de la Nación. Sobre la base de esos datos, se analizarán expedientes para determinar si el cadáver podría estar vinculado con otra investigación”.

Otra de las líneas de pesquisa analiza que la víctima sea una mujer de entre 40 y 50 años con problemas psiquiátricos, que posiblemente alterada por la mediatización del caso Nisman habría elegido ese lugar para quitarse la vida “a lo bonzo”.

Una sombra de 2,70 por 0,90 metros es lo que quedó del cuerpo de la persona carbonizada contra una de las paredes de la subestación 89, en Puerto Madero. Para acercarse allí hay que bajar siete escalones; ninguno de los testigos consultados por LA NACION recordó haber visto que abandonaran un cuerpo en el lugar ni se oyeron gritos. Eso no hace más que ahondar el misterio.

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