Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

No existe la voluntad política de resolver los problemas de seguridad

El ingeniero Christian Joanidis explica por qué la seguridad no es un área para que haya puestos políticos y por qué no es una prioridad para el Estado.

Por Christian Joanidis

(PBA) La pregunta es válida. ¿Quienes nos gobiernan creen que la seguridad es realmente una prioridad? ¿Quiénes están en los altos mandos de las fuerzas de seguridad están convencidos de que su campo de acción debe ser una prioridad en la Argentina de hoy? Sin señalar a nadie en particular, a todos nos resulta evidente que los responsables de solucionar el delito en la Argentina no están obteniendo demasiados resultados. Da la impresión, aunque resulte duro asumirlo, que no existe la voluntad política de resolverlos. Sea por desidia, por negligencia o por connivencia, el resultado es el mismo: todos los argentinos seguimos sufriendo las consecuencias del delito.

¿Qué tan dura es la lucha que se está librando contra el narcotráfico? No es cierto que es invencible: el crimen organizado no puede superar nunca con sus fuerzas al Estado. Tal vez la delincuencia sea más ágil, a lo que se le agrega la ventaja operativa de no tener límites morales, pero definitivamente nunca podrá ser más fuerte que el Estado. Ninguna persona que pertenezca a una fuerza de seguridad y esté en su sano juicio dirá jamás que el narcotráfico es invencible.

Pero volvamos a la pregunta anterior. ¿Se está librando una verdadera lucha contra el narcotráfico? El Gobierno anterior desplegó varios operativos con nombres rimbombantes, pero los resultados tal vez no difieran de lo que se venía haciendo hasta ahora. Parecería que se trató más de una acción de marketing orientada a llevar tranquilidad a la población antes que de un despliegue genuino. Seguramente, y estoy haciendo una hipótesis, se les asignó a las operaciones en curso un nuevo nombre y se lo comunicaron a la sociedad bajo la apariencia de un redoblado esfuerzo por combatir al crimen organizado. ¿Los resultados? La calle nos dice que la droga sigue entrando al país.

El problema del ingreso de drogas a la Argentina no es un problema técnico. Todos conocemos cómo lo hacen y las fuerzas de seguridad ciertamente cuentan hasta con detalles de esta operatoria. Incluso se sabe perfectamente cuál es la solución. Hace ya un tiempo Jorge Lanata, en una entrega de Periodismo para Todos, habló de la falta de radares en la frontera. El crimen organizado prefiere utilizar el método de entrega aéreo, porque los cielos argentinos son más vulnerables que los pasos terrestres. La droga entra por el aire. Todos sabemos que la radarización de la frontera es parte de la solución. Luego tenemos que asegurarnos de que las fuerzas de seguridad cuenten con los procesos y los elementos para alcanzar estas naves áreas e interceptar las cargas entregadas. Pero si se conoce la solución, ¿por qué no se implementa?

A esta altura no creo que nadie se atreva a hablar de falta de fondos. Todos sabemos que el dinero existe. La cuestión es que se está gastando en otras cuestiones. Tal vez se le compra a las fuerzas equipamiento de otra índole, tal vez se termina gastando en puestos administrativos, en remodelación de oficinas, en estudios y operaciones que tienen poco impacto o incluso en cuestiones que benefician a un reducido grupo de personas, en detrimento de la fuerza en su conjunto. Todas estas son posibilidades y con la falta de datos duros que caracteriza a nuestra Argentina de hoy es imposible saber qué está sucediendo realmente. La única certeza es que los radares no aparecen y los que están desplegados no queda claro si funcionan como deberían, si son realmente útiles o si en definitiva son piezas de utilería.

Si el problema no es el dinero, si no es una cuestión técnica, entonces sólo queda pensar que se trata de falta de voluntad política. Como en tantos otros temas, muchos son los que hablan de seguridad: son los mismos que no trabajan ni mueven a la gestión para concretar soluciones sustentables. Sólo palabras. Cuando vamos a la realidad, la seguridad no es una prioridad.

Personalmente, no creo que sea connivencia, creo que es desidia, falta de ganas de solucionar las cosas y sobre todo, de un foco puesto en cuestiones menores, en rencillas internas, en privilegios adquiridos que no se quieren perder. En mis muchas charlas con uniformados nunca tuve la percepción de que fueran ellos a los que les faltan ganas de trabajar; de hecho, veo gran vocación en todas nuestras fuerzas. ¿Estará el problema en los altos mandos? ¿Estará el problema en los funcionarios? Tal vez todos ellos no están haciendo su trabajo. Tal vez mientras se dedican a buscar un lugar donde el sol sea más cálido se terminan olvidando de todo un país que queda a merced del crimen organizado.

Como sociedad tenemos que saber reclamar soluciones duraderas y no conformarnos con operativos fugaces que no tienen otra intención más que serenar los ánimos. Los responsables de la seguridad suelen apostar a nuestro olvido, sabiendo que nuestro reclamo se apagará con el tiempo. Solucionar los problemas de seguridad de la Argentina no requiere ni grandes soluciones técnicas ni grandes inversiones, sólo dedicación. Pero mientras los responsables de implementar las soluciones sean personas con escasos conocimientos u oportunistas devenidos en especialistas, seguiremos sufriendo las consecuencias.

Pienso que la seguridad no es un área para que haya puestos políticos, es un área técnica en la que tienen que involucrarse especialistas en seguridad y gestión en todos los niveles de responsabilidad, desde los ministros hasta los efectivos. De otra forma, la desidia y la falta de conocimiento seguirán siendo los verdugos de una sociedad que pide a gritos que se detenga al narcotráfico. NR

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Fuente: infobae

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