Buenos Aires, 23/09/2017, edición Nº 1774

Nito Mestre presenta su nuevo disco

El ex integrante de legendarias agrupaciones como Sui Generis, Los Desconocidos de Siempre y Porsuigieco habló sobre Trip de Agosto.

(CABA) Le puso Trip de Agosto como un guiño al primer acto musical de Sui Generis (Tres Trips), pero sobre todo porque lo hizo durante ese mes. Y como suele decirse, de una: con todos los músicos tocando juntos y a la par en el estudio. Es el séptimo disco de un dilatado, pero zigzagueante trayecto solista, que arrancó hacia el primer año de la década del ’80 del siglo pasado con 20/10; lo presentará en el ND Teatro (el viernes 17 de abril a las 21) porque siente a esa sala como su casa. “Es como jugar de local, para mí”, dice, sobre el espacio musical de Paraguay al 900, donde grabó su primer DVD hace dos años. “Aclaro que no voy a presentar todo el disco, de una. Eso es algo muy plomo”, destraba de entrada este hombre nacido casualmente en agosto de 1952, bajo el nombre de Carlos Alberto Mestre. Y hecho a la música bien de joven: tenía menos de 20 años cuando, colocado en espacio, tiempo y compañía ideales (Buenos Aires, 1972 y Charly García, claro), formó Sui Generis, grabó discos esenciales para la historia del rock argentino (Pequeñas anécdotas sobre las Instituciones, en especial), y devino otros que no le fueron en zaga: PorSuiGieco y Los Desconocidos de Siempre. “Me avala la experiencia… a esta altura, para armar los shows siempre me pongo del lado del público. No es que dejé mi ego al costado, no, sino que me pongo en un plano medio más equilibrado. Pienso en qué es lo que me pasa a mí cuando voy a ver el show de otros.”

–¿Sólo la experiencia lo avala?
(Risas) –No sólo eso… También una secuencia que tuve cuando me invitaron a tocar antes de Paul McCartney, cuando él vino la primera vez, en 1993. Obviamente me volvía loco y eran sólo tres shows los que tenía que hacer… estaba recontrafeliz. Pero lo que quiero decir es que, en ese momento, yo venía viendo que había músicos que presentaban un disco y lo tocaban entero, medio como renegando del pasado, y era algo que avalaba la prensa también, ¿no? “Qué bien, tal presentó sólo lo nuevo”, se decía. Y yo decía “qué extraño”, porque uno llega al material nuevo por todo lo que hizo en su carrera. La cosa es que cuando me tocó tocar antes de McCartney tenía dudas sobre cómo iba armar el show… yo esperaba que tocara temas de The Beatles, de Wings, de otros momentos, y se lo pregunté.

–¿Qué le preguntó?
–Si iba a tocar “Yesterday”, u otros temas viejos, y me dijo “sí, obviamente”. Le pregunté si no se aburría de cantarlos y me dijo que no, que todos los días los hacía de forma distinta, que el lugar, la gente y él estaban cada día distintos. Ahí fue cuando realmente vi cómo se armaban los shows más equilibradamente: una mitad con temas viejos y otra con temas nuevos, y que éstos no vayan todos pegados… nunca tres temas juntos que empiecen en sol, por ejemplo. Para que el espectador retenga la atención, hay que hacer ciertos cambios de clima. Yo muchas veces altero las listas de temas, porque noto que algo está pasando en la gente… necesito bajar o subir, porque los preliminares que te parecen un ideal no siempre funcionan. Pero hay un problema, sí, y es que cuando tocás con muchos músicos esos cambios de complican.

El show presentación de Trip de Agosto en el ND podría ser la escena, porque el ex Sui Generis mostrará sus nuevos temas junto a algo bastante parecido a una big band: Ernesto Salgueiro en guitarras acústicas y eléctricas, Fernando Pugliese en pianos y órgano, Eduardo Cautiño en guitarras, órgano, pads y coros; Jonatan Szer, en percusión, Andrés Dulcet en bajo y Oscar Giunta en batería, más Alfredo Toth y Alejandro Piediz como invitados. “Si tengo que cambiar un tema lo pienso dos veces, claro. Pero es divertido ir sintiendo el feeling de lo que está pasando con el show, y eso es lo que me dijo McCartney… que todos los días son distintos. Es inevitable mirar el contexto, es lo que te produce algo, porque si no sería un plomo. Sería dormirse en los laureles”, cuenta Mestre que, de un set de veinticinco temas, hará sólo ocho de Trip de Agosto: el resto se puede asegurar como un mix de temas de las tres grandes agrupaciones que el cantante y guitarrista formó en el pasado. “‘Hoy tiré viejas hojas’ va seguro, porque lo incluí como bonus del disco”, se ríe.

–Hay excepciones notables respecto de lo que decía sobre el armado de la lista de temas. Bob Dylan, por caso, que jamás le da importancia al contexto, o Luis Alberto Spinetta que, cuando presentaba sus discos, bueno, presentaba sus discos.
–Cuando fui a ver a Spinetta y se cantó todos los clásicos en Vélez fue lo más, porque todos los músicos estábamos esperando eso: “Loco, algún día hacelo” (risas). Fueron seis horas y mil toneladas de temas. Pero a veces hay un tema con eso. Me voy a poner como ejemplo: cuando me despedí con Los Desconocidos de Siempre se me ocurrió tocar todos los temas. Lo hice en el Country Club de Banfield, y el show duró como tres horas. Pero luego dije “no sé si conviene”, porque había hecho lo que se me había dado la gana a mí, y exageré (risas). Toqué todo y me pareció demasiado. Me pareció que no resultó, por extremadamente largo, porque a mí como espectador me parece así.

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–A propósito: ¿qué pasó con Los Desconocidos de Siempre? ¿Por qué se separó ese grupo que, en la época, el segundo lustro de los setenta, era tan popular como Seru Giran?
–Estaba cada uno por su lado. Unos meses antes se habían armado como tres grupetes, y no la estábamos pasando bien. Estábamos todos desmadrados y en el último show, que fue en Rosario, cada uno fue por su lado: uno en tren, otro en auto… era encontrarse para tocar y yo, por experiencia, sé que cuando empieza a pasar eso mejor es tomarse el buque. Alfredo Toth se fue a tocar con Porchetto, y yo me quedé, digamos, con el Mono Fontana, y con Claudio.

–Fue el momento previo a la grabación de 20/10, su disco solista más relevante, no sólo en lo musical, sino también en términos populares.
–Grabé 20/10, sí. Yo ya venía con alguna incomodidad, porque en Los Desconocidos tenía que armar todo para todos, y acá se redujo la cosa. Fue rápido todo, el grupo se separó en junio y yo en agosto entré a grabar 20/10, con un material que tenía aparte, pensado para hacerlo solo. Algo muy personal.

–Han pasado más de treinta años de ese disco, y casi cuarenta de la separación de Sui Generis, por tomar dos mojones clave de su historia. La pregunta es: cuando se sienta a componer hoy, ¿cuáles son las rupturas y las continuidades que supone entre aquel Nito y el de hoy?
–Cuando me pongo a componer o a buscar temas, porque también hago temas de otros, lo que busco es que me produzcan una sensación a mí. Mi método, hoy, es “me siento a grabar lo que venga y de lo que grabo tomo una parte”. Es el método que tenían The Beatles: “Si vos te lo acordás, es muy factible que a otros les pase lo mismo” (risas). A veces pasa que grabás algo, lo escuchás a los tres días y es una porquería… por ahí estabas súper contento cuando lo estabas haciendo, y después te cambió el estado de ánimo y bueno, termina no moviéndote un pelo.

–¿Es aplicable a las músicas y a las letras por igual?
–La letra sufre doce mil millones de correcciones en el trayecto, porque tenés el esquema, pero después tenés que ver cómo suena y cómo se desliza sola. Y con qué palabras se desliza sola, y acá hay una cosa… hay palabras que no diría nunca, que no me sale decirlas, que pertenecen a otro tipo. Entonces busco las que me pertenecen a mí. Todo eso hace al estilo. Yo escucho músicos que pronuncian determinadas palabras y les sale bien, pero si las digo yo queda como el culo. No sé, lo escuchás a Miguel Abuelo y le escuchás un sonido normal a palabras singulares.

–O a Pappo: “No obstante lo cual”, “Es menester”, “La temperatura está inestable”, “Mi perro es perfecto, ama los blues”...
–Tal cual. Y Spinetta ni hablar. A veces a mí me da prurito meter alguna frase que me tienta porque de afuera van a decir “¿y éste qué quiso decir?” (risas). Ojo, si me recontraconvence la dejo, pero si no busco una alternativa, porque quizá no es mi estilo ser rebuscado o poético de esa manera. Cada uno va buscando su cosa, y por supuesto que en mí esto va progresando desde la época de Sui Generis, donde Charly componía todo. Yo empecé al final, y lo fui puliendo con Los Desconocidos. Igual, no me considero un compositor nato o quizá lo sea, pero soy más vago. Hay tipos como Litto Nebbia, por ejemplo, que se sientan y te hace tres temas en un día.

–La composición tiene que ver con los momentos, los estados de ánimo, situaciones de la vida o las edades. ¿Cómo funciona en usted?
–Creo que son las situaciones de la vida. La teoría indicaría que cuando sos más joven, componés más. Los Beatles, por ejemplo. Pero yo creo que son las situaciones. Había un productor que me decía: “Si estás medio triste o sentimental te conviene más”… ¡no seas turro! (risas), pero sí, si una situación te pega, te moviliza, componés de otra manera.

–¿Algún caso puntual?
–“Flores en el mar”, el tema que le hice a mi vieja cuando falleció. No quería hacer un tema así, pero me junté con otro tipo que me empezó a tirar la lengua, y me sacó. Reconozco que quedó bien… es un tema fuerte para mí. Y lo noto cuando lo estoy tocando y veo que a alguno le pasó lo mismo y se pone a lagrimear. También hay otras cosas: en este disco, por ejemplo, hay temas que tienen por lo menos tres lecturas.

–En “Nadie”, hay al menos dos. Arranca como un tema que expresa cierto escepticismo sobre el presente, sobre la realidad, y termina siendo otra cosa. Algo más personalizado, específico. Hay lecturas ensambladas, casi superpuestas.
–Va pasando del nihilismo a la esperanza (risas). Ese tema salió de una conversación con un amigo, de una tormenta de ideas que te da pautas, ¿no? Lo mismo pasa con los arreglos… cuando ya está hecho decís “vamos a pintarlo, a ponerle cositas”, y te van moviendo la cabeza, vas modificando, vas jugando con colorcitos. Hay que tener cuidado de no zarparse con esto, igual. Otros temas, como “El camino” o el que da nombre al disco también tienen lecturas ensambladas, y pasa así porque empiezan con una forma de historia, y después va incluyendo dos o tres más, que las transforman en un viaje. Es movimiento, son momentos… después, cada quien que lo interprete como le parezca.

Trip de Agosto que, además de los músicos nombrados, contó con la participación del guitarrista de Sting Dominic Miller, y de Robby Turner, que grabó en pedal steel guitar, en Nashville, es un disco de clara impronta folk rock, con una referencia cinematográfica: la de Sound City, que muestra a grandes músicos de la historia del rock universal grabando en vivo en el legendario estudio de Los Angeles. “Por eso es un viaje de una, grabado en el estudio por todos. Todo el andar del disco, es que estamos todos tocando y viéndonos la cara. No usamos ni metrónomo ni nada… es a la vieja usanza, porque es muy divertido juntarse todos y tocar. Me basé bastante en Sound City, de Dave Grohl… ese estudio que es un símil de los estudios Ion de acá, donde grabó todo el mundo y tiene una historia. De hecho, cuando termina la película graban todos juntos, en vivo, e incluso cierra con McCartney… eso me cerró otro detalle, otra cosita más, porque es aburrido poner un bajo, una batería o una guitarra sola en el estudio. Lo podés hacer, pero el disfrute en la música es otro”, concluye Nito que si se le suman los discos grupales a su cosecha solista, redondea los dieciocho a la fecha. Todo un dato.

Fuente: Página12

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