Buenos Aires, 24/04/2017

Un nene de Laferrere volvió a caminar gracias a prótesis fabricadas con una impresora 3D

Dos estudiantes se las diseñaron por pedido de un ingeniero que se conmovió tras conocer su historia en Facebook. Valentín, de ocho años, había perdido sus extremidades a causa de una grave enfermedad.

(PBA) El lugar está revuelto. La emoción aflora por todos lados. La familia Benítez palpita porque su hijo, por fin, recuperó la esperanza después de cinco años de padecimientos luego de haber perdido las piernas por culpa de una enfermedad. Del otro lado, un ingeniero y dos estudiantes de biomedicina están expectantes: esperan que su trabajo cumpla el objetivo. Todos hacen fuerza para que el pequeño Valentín, de 8 años, pueda caminar con sus flamantes prótesis que fueron fabricadas gracias a la tecnología de una impresora 3D. “Es muy emocionante verlo caminar. Ya apenas se las probó no tuvo problemas. Es alegría, felicidad y estamos muy agradecidos por el trabajo que se tomaron por nuestro hijo”, sintetiza Pablo Benítez (31), peluquero de profesión, mientras ve jugar a Valentín. A su lado, Karina (33), la mamá, no deja de sonreír. “Es un cambio muy grande. Le cambió la postura, lo vemos más cómodo. Nosotros enviamos sus datos para la confección de los pies y decidimos venir para la medición del cono (donde se aloja el muñón). Y todo fue bien”, describe.

Mientras sus papás hablan con Clarín, Valentín se acaba de probar las prótesis. Su sonrisa interminable contagia. Es hincha de Boca y quiere conocer Carlos Tevez. También desea volver a la escuela, ya que lleva dos meses sin ir a clase porque creció y las prótesis anteriores ya no le servían. Pero ahora, con esta nuevas, se ilusiona con reencontrarse el lunes con sus amigos y compañeros. “Me gusta participar en todos los juegos y especial jugar a la pelota con ellos”, dice Valentín con algo de timidez.

La familia se completa con Priscila, de 10 años, que aún no sabe que quiere ser de grande pero manifestó que le gustaría ser “biomédica o periodista”. Este fue el primer encuentro cara a cara entre la familia oriunda de la localidad de Laferrere y los diseñadores de las prótesis, el ingeniero Edgardo Karschti y los estudiantes de ingeniería biomédica Andrés Godoy y María José García Cabello. “El proyecto nos puso muy felices. Igual es algo que está a prueba y sujeto a ensayos de todo tipo”, sostiene Karschti.

Godoy y García Cabello, que están a punto de recibirse en la Universidad Nacional de Tucumán, explican que su trabajo estuvo relacionado con la anatomía de Valentín bajo la premisa de que la prótesis trabaje en armonía con su cuerpo y no produzca daños: “Tuvimos en cuenta su postura, qué tipo de actividad tiene y, como vemos es muy activo, que soporte sus movimientos”.

Karschti, formado en la Universidad Tecnológica Nacional, cuenta el origen de esta cadena de favores: “Siempre me gustó crear cosas. Hace un año me había comprado una impresora 3D que hice traer desde China. La tenía casi en desuso en mi casa. Aprendí a usarla y me propuse ‘este año tengo que hacer algo importante’. Apenas vi el pedido desesperado de auxilio de la mamá de Valentín en Facebook, me dio un poco de enojo que nadie quisiera arriesgarse a ayudar a esta familia. Me contacté con ellos y les dije la verdad, que iba a intentarlo, pero no les podía asegurar nada”.

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No sólo lo intentó, sino que lo logró. Una pieza funcional, con un peso de 500 gramos sin calzado y construida con PLA –un polímero biodegradable proveniente del almidón–, aluminio y Flex –un material que sirve para amortiguar los golpes que se producen al caminar y hacen más confortable el lugar de alojamiento del muñón–.

La historia comenzó años atrás cuando Valentín fue diagnosticado con una meningococcemia o púrpura fulminante que obligó a amputarle sus piernas por debajo de la rodilla y los dedos de su mano derecha. Sus padres comenzaron a peregrinar para mejorar la calidad de vida de su hijo. Pablo contó que tuvieron muchas complicaciones para conseguir las prótesis. Las primeras que recibieron estaban mal realizadas y luego intentaron conseguir otras por medio de un técnico mecánico, pero nunca les fueron entregadas.

Los costos aumentaron y se les hizo imposible comprarlas. “Comenzamos en esta lucha hace cuatro años. Lo primero que conseguimos para Valentín fue una prótesis por medio del gobierno nacional, que costó $ 50.000. Pero nuestro hijo casi no las pudo usar, le molestaban, lo lastimaban. Decidimos arreglarlas con especialistas en ortopedia; nos costó $ 16.000. Pero tampoco logramos que se sintiera cómodo”, relata el papá.

Este proyecto nos pone muy felices. Sabemos que restan ensayos y pruebas, pero ya son funcionales y se las llevará puestas”, señala Karschti. El costo de las nuevas piezas, que son más livianas y adaptables, es de apenas 500 pesos.

Los leves inconvenientes que aparecieron en los primeros ensayos fueron subsanados por el esfuerzo de los profesionales tucumanos que finalmente lograron que las prótesis sean confortables. En pocos días, Valentín regresará a Laferrere. Ya se imagina jugando con sus amigos. Viajó a Tucumán en busca de una nueva esperanza y la encontró. NR

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Fuente: Clarín

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