Natalia Oreiro: “La libertad es lo más importante en la crianza de...

Natalia Oreiro: “La libertad es lo más importante en la crianza de mi hijo”

(CABA) La velocidad e intensidad con las que habla Natalia Oreiro son apabullantes. A veces, se detiene a pensar unos segundos en la pregunta pero, una vez que comienza a contestar, pone quinta a fondo y lo entrega todo. No escatima en nada. En más de una ocasión se lleva las manos al corazón y luego las abre, en señal de agradecimiento, honestidad o emoción pura. Siempre sonriente, siempre franca. Y, sobre todo, siempre presente, acá y ahora, atenta a cada detalle de su interlocutor y, también, de su entorno. Logra un efecto extraño: en una lujosa habitación de hotel, en plenos preparativos para un evento de Avon y rodeada de al menos cuatro personas –su asistente personal, una representante institucional de la marca de belleza, dos consultoras de prensa, más otras tantas que entran y salen a cada rato–, Natalia crea un clima intimista y relajado. Su foco pleno en la entrevista no la hace perderse nada de lo que pasa: cuando le sirven un vaso de agua de manera totalmente imperceptible, como sólo en un cinco estrellas se estila, ella interrumpe la respuesta de turno para dar un cálido agradecimiento al servicio y recién después regresa a su reflexión. A borbotones.

Superpoblación de la suite al margen, conversar con ella no se parece –en casi nada– a la típica entrevista con una celebridad clase A. No hay en ella artificios ni poses: apenas una mujer sencilla, abierta y dispuesta a una charla sincera, natural. Allí revela que todo lo discreta y reservada que es en otras plataformas tan explotadas por los famosos –no posee cuenta de Twitter, Facebook ni Instagram– resulta inversamente proporcional a la locuacidad y extroversión de que hace gala en el encuentro cara a cara. “Elijo no tener redes sociales porque mi vida ya está muy expuesta como para, además, exhibirla ahí. Mi trabajo habla por mí: mis películas, mis discos, mis conciertos”, dirá en un momento de la charla.

Ese trabajo que habla por ella… Las 8 telenovelas que protagonizó en el prime time nacional, muchas de las cuales se convirtieron también en éxitos de exportación al punto de posicionarla como un fenómeno de proporciones madonnísticas en países como Israel y Rusia, donde tiene incontables clubes de fans, un documental titulado Nasha Natasha que este año compitió en el Festival Internacional de Moscú y legiones de seguidores que pusieron de moda aprender el castellano. Una carrera musical que comenzó en 1998 al ritmo de Que sí, que sí y que, hasta la fecha, cosechó tres álbumes de estudio –que vendieron 7 millones de copias–, 6 discos recopilatorios –para Polonia, Hungría y la República Checa, entre otros– y cinco giras internacionales. Las películas Infancia clandestina, de Benjamín Ávila, y Wakolda, de Lucía Puenzo, por las que ganó el Cóndor de Plata a Mejor Actriz en 2013 y 2014, estatuillas que se sumaron a los tres Martín Fierro obtenidos como Mejor Actriz de Comedia por Sos mi vida (2006) y Solamente vos (2014) y Protagónica de Ficción Diaria por Entre caníbales (2016).

Curiosa casualidad: el 15 de septiembre de 2015, Oreiro quedaba fuera del foco directo de los medios tras el fin de la tira de Juan José Campanella, que protagonizó en Telefe. Y exactamente un año después se estrenó Gilda, no me arrepiento de este amor, la película sobre la máxima leyenda femenina de la cumbia argentina. “Es un sueño cumplido”, admitió Natalia en las ruedas de prensa que dio en las semanas previas a su vuelta a la pantalla grande. Pero eso no significa que en esos 366 días haya estado inactiva. En los meses previos fue noticia por partida doble. Por un lado, lanzó la nueva colección de Las Oreiro, la marca de indumentaria que dirige junto a su hermana Adriana y que anunció su desembarco en la avenida Alvear. Por el otro, Avon reveló, en julio, que la había elegido como su Embajadora de Belleza, iniciando esa relación con el lanzamiento del perfume Little Black Dress y una campaña de concientización titulada Belleza por un Propósito. “Mirá lo que son las vueltas de la vida: mi primer trabajo como modelo fue para un catálogo de Avon”, cuenta con la expresión satisfecha de quien sabe que todo lo ganó a base de trabajo y compromiso, y no sólo por ser una cara bonita.

¿Creés que las mujeres saben realmente lo que significa ser bellas?

A toda mujer le gusta verse atractiva. Claro que esa es una cuestión subjetiva, porque a mí me puede parecer bella alguien que, a otra persona, no le parece tanto. Creo que ahí empieza lo interesante: que todos somos distintos y, además, tenemos diferentes percepciones. Pero lo más importante, lo esencial, es que la belleza va de adentro hacia afuera. Y eso lo creo de todo corazón. Una linda máscara de pestañas y un labial pueden ayudarnos un rato a estar anímicamente mejor, pero, a la larga, si no estamos interiormente satisfechas con quienes somos, es muy difícil salir adelante. Serás una diosa pero, si no irradiás confianza, no sirve de nada. Se trata de sentirnos seguras.

¿Cómo convive esa convicción personal con tu participación en una industria que promueve otro paradigma de femineidad?

Desde ya, hay un estilo de belleza que venden los medios. O, mejor dicho, vendemos, porque me tengo que incluir en ese mundo en el cual trabajo. Frente a eso, las chicas jóvenes, que todavía está desarrollado su psiquis, pueden confundirse. A veces, parece que para ser linda hay que ser extremadamente flaca. O, en un momento, se usaba mucho busto, entonces todas las chicas querían tener unas lolas enormes; después, se usó mucha boca y empezaron a buscar eso. Pero ahí es cuando nos convertimos un poco en la mirada del otro y no en la propia. Nunca nos vamos a ver lindas si siempre estamos buscando la aprobación del afuera. Vos podés sentirte un poquito más segura con herramientas externas pero, si no hacés un trabajo personal para saber quién sos y qué querés en la vida, es pura ilusión.

El poder de la belleza

“Tener la posibilidad de ser parte de la inmensa Red de Mujeres que ha construido Avon en estos 130 años, brindándoles a millones la oportunidad de obtener un ingreso económico para poder ser autosuficientes e independientes, es un enorme privilegio. Ser vocera de una compañía que, hasta la fecha, donó casi u$s 1.000 millones para la lucha contra el cáncer de mama y la violencia de género, es poderosamente inspirador. Pero, más que nada, es el propósito de trabajar concretamente en oportunidades de desarrollo femenino lo que me motivó. Es una verdad indiscutida que, al empoderar a una mujer, se mejoran virtualmente todos los demás aspectos medibles de la sociedad. Y creo fuertemente que el factor más importante del empoderamiento es la independencia económica. Porque cuando una mujer logra un ingreso, logra autosuficiencia y confianza en sí misma, que es también la base para detener flagelos como el de la violencia de género”. Con esas palabras, Oreiro debutó como Embajadora de Avon, compañía que no dudó en calificarla como “la mejor voz en el Cono Sur para multiplicar los desafíos a futuro de la campaña Belleza por un Propósito”. En el comunicado que oficializó la alianza, la actriz confesó que “cuando me contaron la propuesta, sentí que era el mensaje que estaba esperando. A lo largo de mi carrera representé muchas veces a mujeres como todas –no me gusta decir comunes, porque todas son extraordinarias–, que no tenían un rol protagónico, y tuve la fortuna de, a través de mis personajes, representar su transformación. ¡Y ha sido tremendamente inspirador! Saber que, como actriz, puedo darle voz a las grandes mujeres que hacen, que construyen, que son solidarias, que sienten, que crean; mostrar que toda mujer puede encontrar su esencia y lograr sus sueños encarando al mundo con coraje, hace que mi trabajo tenga también un propósito. Por eso, expresar este compromiso es tan simple y genuino. Estoy convencida que en toda mujer hay belleza y poder. Y que, cuando se demuestra, es capaz de generar grandes cambios en su entorno”.

¿Creés que tu historia personal inspira a otras mujeres a empoderarse?

Aclaro que no creo ser ejemplo de absolutamente nada. Cada vez que me hacen una pregunta, siempre la contesto desde mi propia experiencia, sin pretender que nadie siga mis pasos. Ahora bien, soy una persona que cree fuertemente en los sueños, el trabajo y el esfuerzo. También creo en la suerte y en el destino. Pero, si vos no salís a buscar ese destino o te quedás solamente con la suerte que tuviste, probablemente tu vida se achate. Porque nadie va a venir a golpear la puerta de tu casa para decirte: “¡Tengo una oportunidad buenísima!”. En mi profesión, muchas veces me pasó que, si no mostraba el cambio que estaba dispuesta a hacer, me encasillaban en ciertos roles.

¿Tuviste que pelear mucho para lograr espacios de mayor legitimación y no ser, por siempre, ‘la heroína’ de las telenovelas?

Y, sí. Creo que el hecho de que me empezaran a suceder cosas distintas, a nivel profesional, tuvo que ver con que quise mostrar que podía hacerlo. Porque, generalmente, el afuera te termina rotulando con lo que le funciona. Pero nunca quise que me etiquetaran: cuando sentí que estaba cómoda en una situación, siempre traté de ir por algo nuevo. En ese sentido, para mí la valentía va primero; y después viene todo lo demás. Si hay un desafío y es difícil, ¡llamáme! Porque para mí es muy motivador saber que, todo el tiempo, me estoy superando. Me considero una mujer en constante evolución, siempre aprendiendo, formándome. Quizás, lo que hace 10 años me hacía feliz, de repente hoy ya no. Sí me identifica, porque es parte de mi historia; pero si quiero algo nuevo, ¿por qué no animarme? Nunca es tarde para cambiar.

En los últimos años, asumiste un rol de compromiso con causas sociales mucho más explícito, como cuando impulsaste la campaña en favor de la lactancia materna con Unicef. ¿Ser madre fue el disparador?

Sí. Y, de hecho, fue una propuesta mía hacia ellos. Porque cuando fui mamá de Ata (NdR: Merlín Atahualpa, nacido en 2012, fruto de su matrimonio con el guitarrista Ricardo Mollo) sentía cierto prejuicio social con relación al tema. Entonces, les dije: “Miren, me está pasando esto y me gustaría difundirlo”. Porque yo tengo las herramientas y la información para saber que la lactancia prolongada es importante, no sólo para el hijo sino también para la madre, pero mucha gente tiene muchos prejuicios al respecto. Para mí, no hay nada más natural que dar la teta. Es algo ancestral, instintivo, que no te lo vende ninguna publicidad.

Parece que queda un largo camino por recorrer, todavía, porque hace poco, en San Isidro, la policía amenazó con detener a una madre que amamantaba a su bebé de 9 meses en una plaza…

Siendo algo natural, ¿cuál es el problema de hacerlo en un lugar público? Cuando, en realidad, en un lugar público se hacen atrocidades. ¡Y acá estamos hablando de un gesto de amor! Me parece que, en ese sentido, lamentablemente la sociedad todavía necesita evolucionar. Además, existen derechos de las mujeres que no son respetados: las madres tenemos el derecho de amamantar en cualquier lugar, inclusive en nuestros espacios de trabajo nos lo tienen que permitir. Y si no tenemos la posibilidad de que nos traigan a nuestros bebés, sí tenemos el derecho de extraernos leche en ámbitos adecuados, que por lo general no existen. En mi propia experiencia, he trabajado desde los 6 meses de mi hijo y me he tenido que sacar leche en lugares inmundos. En esos casos, hablé con la producción y les dije: “Miren, yo necesito este tiempo, es mi derecho y me da igual si se les retrasa todo. Ustedes me contrataron sabiendo que soy una madre en etapa de lactancia”. Por eso creo que lo más importante es la difusión de nuestros derechos, como a elegir el tipo de parto que querés y que te lo respeten. Muchas veces, terminamos siendo un número. “Bueno, que pase la que sigue”, parece que dijeran los médicos, cuando en realidad es un momento absolutamente especial y en el que necesitás una contención absoluta. Si no difundimos estos derechos, es muy difícil que las mujeres lleguen a conocerlos y a reclamarlos.

¿Considerás que hay equidad de género en el mundo artístico local?

La Argentina es un país en donde las mujeres del mundo artístico tienen un lugar de privilegio absoluto. Aunque, en verdad, depende… En el cine, los roles protagónicos, en su gran mayoría, son de hombres; cuando en la tele es al revés: las telenovelas tienen una protagonista femenina clave. Pero, mirá qué curioso: si bien las películas nacionales son protagonizadas casi en absoluto por varones, estadísticamente son las mujeres quienes deciden qué se va a ver en pareja o familia. En la tele, dicen que los que deciden son los chicos. Por eso funcionan tan bien las comedias familiares: las pueden ver todos juntos. Pero, si pensamos quiénes son referentes en comunicación en la Argentina, las mujeres tienen un lugar muy privilegiado. Lamentablemente, seguimos viviendo en un mundo muy machista y van a pasar décadas para que estemos en igualdad de condiciones laborales y sociales con los hombres. Pero creo que la Argentina, en ese aspecto, es muy privilegiada en relación a otros países de América latina.

¿Te considerás activista, militante, filántropa o referente social?

Me cuesta definirme, en realidad. Porque todo parte de una necesidad personal: necesito decir lo que pienso si siento que eso va a ayudar a modificar la realidad de otras personas. Y, como tengo la posibilidad de tener un micrófono adelante, lo hago. Para quienes nos dedicamos a esto, es un deber. Ahora, también entiendo y comprendo que una no está capacitada para opinar de absolutamente todo. Hay un dicho que me gusta mucho y lo empecé a aplicar, aunque realmente me cuesta: “Uno tarda dos años en aprender a hablar y 60 en aprender a callarse”. Los artistas tenemos que tener más cuidado con lo que decimos, porque hay algo que trasciende la charla personal y tiene mucho que ver la interpretación de quien lo traduce, lo recibe, lo lee. Me ha sucedido de querer dar un consejo y que se interprete absolutamente lo contrario. “Yo no dije eso: fue una ironía”, pensaba. Pero la ironía, cuando se transcribe, no se entiende. O depende del humor de la persona que lo recibe. Cuando una manifiesta una opinión, genera opinión del otro lado también.

Emprendedora sin límites
Cuando habla de Gilda, no me arrepiento de este amor, su más reciente película, estrenada en septiembre pasado y en la que se pone en la piel de la famosa cantante de cumbia de los ‘90, Natalia Oreiro abandona un poco esa energía arrolladora tan suya y, seguramente sin proponérselo, habla de modo más pausado, reflexivo, pero también con tintes de homenaje. No es para menos: Myriam Alejandra Bianchi, alias Gilda, es un papel clave en su carrera. Pero, sobre todo, una mujer con la que se identifica y que le fascina. “Es un personaje que, primero, admiré como fan, por sus canciones y sus letras. Después, cuando empecé a leer sobre su vida, me atrapó la mamá, la mujer, la maestra jardinera. Y también me inspiró ese mensaje universal, que tenían sus canciones, de luchar por cumplir tus sueños sin que te importe lo que digan los demás. Ella tenía 30 años cuando hizo el giro que cambió su destino. Era una mujer con una luz increíble que sigue siendo una artista transgeneracional y transcultural: es amada por todos los estratos sociales, la cantan en las canchas de fútbol, en las fiestas de casamiento, en los cumpleaños. Y hasta la reversionan otros artistas en el mundo. Creo que todo eso lo consiguió por su talento, su coraje y su esfuerzo. Gilda, más allá del mito, era una mujer como todas: tenía un sueño y quería cumplirlo. Para lograrlo, tuvo que derribar muchos prejuicios sociales y familiares. Sin embargo, trabajó duro y lo logró. Por eso, creo que muchas se van a sentir identificadas con su historia”, se ilusiona.

¿Te gustaría algún día estar detrás de cámara y dirigir una película?

Sí. Uno de mis sueños, entre tantos otros, pero que realmente es uno de los que más me importan y me gustaría cumplir, es dirigir cine. También me gustaría escribir historias, algo que vengo haciendo hace bastante tiempo. Y me interesa también todo lo relacionado a la producción, la dirección de fotografía y de arte, el diseño de vestuario… Creo que estos años de experiencia laboral haciendo películas y series me van nutriendo de información. Pero lo más importante para hacer una película es tener un tema que te interese contar. Estoy en la búsqueda, pero todavía sigo en etapa de construcción y de aprendizaje, de llenarme de conceptos. Ya se dará.

Con Las Oreiro, la marca de indumentaria que dirigís junto a tu hermana Adriana, llegaron a la avenida Alvear. ¿Es tu consagración como empresaria de la moda?

Para nosotras, es un sueño hecho realidad, porque se trata de una calle con muchísima historia, no solamente en la Argentina, ya que es reconocida como una de las más glamorosas del planeta. Así que llegar allí, con nuestra cuarta tienda, es una satisfacción. Y también un premio, después de tantos años de trabajo y esfuerzo. Ahora, lo primero que le planteé a mi hermana, cuando empezamos, es que no quería ser empresaria textil sino diseñar. Por eso, Adriana maneja la gestión administrativa, y lo hace muy bien, porque en Las Oreiro ya trabajan casi 70 personas. Y yo solamente estoy en la parte creativa: me divierten los diseños y también pensar y hacer los desfiles. Me siento una persona emprendedora, en todos los aspectos de mi vida: no me pongo límites.

Madre fuera de manual
“¿Cuándo vas a ser mamá, Nati?”. La prensa del corazón se lo preguntaba una y otra vez desde que se supo que estaba en pareja con Ricardo Mollo, guitarrista y cantante de Divididos. Ella tenía 24 y él, 44. Se habían conocido en una clase de yoga. El 31 de diciembre de 2002, en Brasil, en un barquito en altamar y con un tatuaje en el anular en lugar de anillo –“porque es para toda la vida– se dijeron “sí, quiero”. Pasó una década hasta que dieran la noticia: el 26 de enero de 2012 nació Merlín Atahualpa.

Actriz, cantante, emprendedora, esposa, mamá, activista. ¿Cómo conjugás tantas facetas?

Hay días en que se me diversifica mucho la profesión y también ejerzo un rol de mamá muy presente, así que no voy a mentir: a veces colapso, como mujer, porque siento que no llego a hacer las cosas como a mí me gustaría. Soy absolutamente exigente con todo y, evidentemente, en algo la estoy pifiando porque, en ocasiones, no disfruto de todo lo que me gustaría disfrutar. Tengo una vida preciosa, una familia hermosa, una profesión que me encanta… ¡Y estoy tan agotada! Ahí es cuando me digo: “Está buenísimo, pero no lo estoy disfrutando”. Está bueno aprender a decir que no. Y en eso estoy. A partir de un momento, empecé a construir mi vida y mi profesión más con el no que con el sí. Y creo que eso habla de quién soy: aprendí a decir que no sin miedo a perder.

¿Sentís que decir que no a las exigencias del afuera es una conquista típicamente femenina?

Sí, porque muchas veces lo que nos pasa a las mujeres es que no queremos perdernos nada. Pero cuando le decís que sí a todo, empezás a desdibujarte. Porque a vos no te gusta todo, no podés quedar bien siempre ni te cae bien todo el mundo, tampoco querés charlar con cualquiera ni tenés todos los días buenos. Creo que permitirse ser una mujer con sus altas y sus bajas, y saber decir que no, te termina haciendo una persona más feliz.

Sumando los hijos a la ecuación, ¿sentís que eso queda más en evidencia?

Pareciera que para la mujer es una obligación ocuparse de los quehaceres domésticos, además de ser una gran profesional. Y así como, en lo laboral, sentimos que tenemos que estar dando examen todo el tiempo para acceder a los mismos puestos que los hombres, en la casa también tenemos esa autoexigencia, contra la que todavía estamos luchando. Como tenemos la capacidad de hacerlo todo, somos mujeres orquesta o pulpo. Pero eso tiene un costo: un desgaste físico y psíquico muy importante. Entonces, a veces estamos cansadas y tristes. “¿Por qué será? Si tengo todo y me va bien…”, te planteás. ¡Lo que pasa es que estás cansada y querés dormir! (risas).

¿Cuál sentís que es el mayor desafío a la hora de criar a tu hijo?

Lo que más me importa de la crianza de Ata es la libertad. Yo estoy para acompañarlo y para decirle que es lo más lindo de este mundo pero, sin dudas, lo más importante que le puedo dar es la libertad para que él elija. Incluso aunque se equivoque. Que vaya, que se caiga, que se lastime: voy a dejar que haga todo eso y, después, voy a estar para curarle las lastimaduras. Porque si mi hijo quiere hacer absolutamente todo lo contrario de lo que para mí es lo mejor, no se lo voy a prohibir. Naturalmente, me sale acompañarlo por el mejor camino, pero si él mañana va y quiere hacer todo lo contrario, se lo voy a permitir porque es un individuo, no es mi propiedad. Además, ¿quién dice que tengo razón? Vengo de una generación en la que nuestros padres trataron de darnos lo mejor, que para ellos era sinónimo de trabajar muchísimo. Hoy, me doy cuenta de que está buenísimo trabajar, pero también es muy importante jugar con mi hijo. Si no, Ata me termina preguntando: “¿Los grandes no juegan? ¿Sólo trabajan?”.

¿Qué te hace sentir orgullosa de vos hoy?

Sin dudas, la respuesta es mi hijo. Pero, si me preguntás en el plano individual, diría que me enorgullece reconocerme como la misma nena que a los 8 años soñaba con ser actriz, porque tengo los mismos deseos de seguir aprendiendo y trabajando.

FUENTE: APERTURA.COM

S.C.