Natalia Oreiro, en la cárcel de Ezeiza

Natalia Oreiro, en la cárcel de Ezeiza

(CABA) La ansiedad asoma a flor de piel en las casi 100 reclusas del Complejo Penitenciario Federal IV de Mujeres de Ezeiza. Seleccionadas por su buena conducta, aplauden, taconean con ritmo, cantan y se prueban coronas de flores sobre el pelo, como si se tratara de un cotillón simbólico, especial, en el preludio de una gran fiesta-homenaje.

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El salón de la prisión de máxima seguridad se convierte en una celebración de la cultura y en un tributo a un ícono de la música popular y también a una actriz, a través de la proyección del film (casi documental) Gilda. No me arrepiento de este amor.

Minutos antes de que el lugar quede en penumbras, Natalia Oreiro y la directora de la película, Lorena Muñoz, irrumpen en la sala cultural del penal y saludan con un beso a cada una de las presas, que purgan condena o esperan sentencia firme por delitos como narcotráfico, trata de personas, estafa y venta de armas, entre otros.

“Ésta es la primera vez que se exhibe una película que está en cartel. Para las chicas eso es increíble, ya que es como una ilusión de libertad; como estar un rato sintiéndose libres, compartiendo lo mismo que el resto de la sociedad”, dijo Oreiro.

La actriz es empática y acorta el abismo que separa a una estrella de las mujeres privadas de libertad. Para ella, muchos de esos rostros agradecidos le eran familiares, al punto de llamar a varias por su nombre. El año pasado presentó en el mismo penal el film Infancia clandestina, que protagonizó con la dirección de Benjamín Ávila, y fue entonces cuando les prometió volver con Gilda, actualmente en cartel. NT