Buenos Aires, 19/09/2017, edición Nº 1770

Natalia Oreiro: “Cuando compré la casa, el barrio era supertranquilo”

(CABA) “A esta altura, creo que me volví un poco camaleónica porque me adapto a cualquier situación. Hace unas semanas recorría el transiberiano con 40 grados bajo cero y ahora estoy en la playa, con 34 grados de sensación térmica“, dice Natalia Oreiro (37) mientras se acomoda el pelo que de tanto en tanto se enreda con el viento. Fanática de la vida “eco” ­–tiene una huerta en su casa...

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(CABA) “A esta altura, creo que me volví un poco camaleónica porque me adapto a cualquier situación. Hace unas semanas recorría el transiberiano con 40 grados bajo cero y ahora estoy en la playa, con 34 grados de sensación térmica“, dice Natalia Oreiro (37) mientras se acomoda el pelo que de tanto en tanto se enreda con el viento. Fanática de la vida “eco” ­–tiene una huerta en su casa de Palermo–, Natalia viajó por un día a Pinamar para dictar una clínica de hierbas y explicar cómo plantar tomillo, menta y melisa, en su nuevo rol de embajadora de las limonadas Terma.

–Es poco común verte en la playa…

–Me encanta el mar, me parece un lugar de mucha paz y armonía, pero soy cero playa. No me tiro al sol ni diez minutos. [Risas]. Me hace mal, estoy un rato y enseguida me pongo colorada. Lo irónico es que alguna vez fui Miss Hawaian Tropic. El concurso lo gané a los 15 años y viajé a Arkansas representando a Uruguay. Perdí, pero me dieron el título de Miss Simpatía.

–¿Y a tu hijo Merlín lo llevás al mar?

–Sí, aunque somos más de río. Al gordo le encanta llevar el baldecito y jugar con el agua. Yo mientras tanto tomo mate y nos comemos un rico budín. Lo bueno es que Merlín siempre se las ingenia para jugar solo. Si bien nosotros lo acompañamos mucho, él también se banca los momentos en solitario y la pasa genial igual.

–¿Sigue tocando la batería?

–¡Sí! Pero ahora se volvió fanático de los autitos y de los aviones. Pensá que su primer vuelo lo hizo a los veinte días de nacer y a los diez meses ya viajaba con nosotros a Rusia. Para él es un programa viajar en avión.

–En diciembre fue el 12o aniversario de tu casamiento con Ricardo Mollo. ¿Festejaron?

–Muy tranquilos, en nuestra casa de Carmelo. Nos casamos el 31 de diciembre de 2002, así que festejamos nuestro aniversario y de yapa, el Año Nuevo. Por lo general la pasamos solos, porque en realidad celebramos más nuestra vida juntos que el año que comienza.

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–Pusiste en venta tu casona de Palermo…

–En realidad, la saqué de la venta después de que se hicieran públicas las fotos de mi casa. Me hubiese gustado que no trascendieran, pero bueno, hay cosas que una no puede controlar. Hoy ya no sé cuándo la voy a vender, pero lo que sí tengo claro es que quiero mudarme pronto.

–¿Por qué?

–Tengo ganas de irme a un lugar más tranquilo. Cuando compré la casa, el barrio era supertranquilo, no había nadie. Si bien la gente es muy simpática conmigo e incluso a veces me encuentro en la puerta con fans rusos que me quieren conocer, necesito un poco de paz. Nunca tuve ganas de vivir fuera de la capital, pero con Merlín me lo estoy replanteando. Me encantaría ver a mi hijo en una casa con un poco más de verde.

–¿Y cómo te llevás con las mudanzas?

–Fantástico. Ya perdí la cuenta de todas las veces que me mudé en mi vida. Por un tiempo fui casi nómade, pero desde hace quince años vivo en la misma casa. Ya es tiempo de cambiar. Me gustan las situaciones nuevas, las vivo con mucha alegría, es como volver a empezar y eso siempre es bueno..

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