Buenos Aires, 21/10/2017, edición Nº 1802

Movilidad inteligente: la innovación en el transporte y el fin del tránsito

De todos los frentes de innovación que se abren en la actualidad, el del transporte parece ser uno de los que está viviendo avances más acelerados y disruptivos.

Por Sebastián Campanario

(CABA) A mediados de los ochenta, la cadena de TV estadounidense NBC produjo noventa capítulos de una serie por entonces muy exitosa, Knight Rider, que en América latina se tradujo como El auto fantástico. En aquellas historias de acción, el actor David Hasselhoff interactuaba con un vehículo con tecnología de avanzada (KITT), que hasta poseía inteligencia artificial para conversar con su dueño.

Larry Page, uno de los dos fundadores de Google, tenía 13 años en 1986 cuando NBC emitió el último capítulo de la serie. En una reunión que tuvo meses atrás con el creativo argentino Fernando Vega Olmos, dueño de la agencia de innovación Pic Nic, le contó: “Yo era fanático de El auto fantástico, y estaba esperando que las grandes automotrices hicieran un vehículo que se manejara solo, como Kitt: las ventajas me parecían obvias. Esperé uno, dos, tres, cuatro años?, y nada. Entonces decidimos encarar el proyecto nosotros mismos, desde Google”.

“De todos los avances tecnológicos que van a revolucionar en el corto plazo el transporte, la de vehículos automanejados (self driving cars) es la que está más a la vuelta de la esquina”, asegura Leonardo Valente, un economista argentino de 36 años que impulsa varios emprendimientos, entre ellos el de la fabricación de un auto “híbrido” que pueda alternar entre el uso de nafta y el de energía eléctrica.

Valente vive en Bahía Blanca, da clases en la Universidad Nacional del Sur y estudió en Singularity, una de las mecas de estudios sobre innovación: allí desarrollo junto con dos socios el motor híbrido que por estos días intenta introducir en la villa 1-11-14, en el Bajo Flores.

Días atrás, Valente discutió en Buenos Aires con ex alumnos de Singularity sobre el timing de la era de la abundancia en materia de energía para vehículos: él cree que llegará en menos de diez años mediante la tecnología de fusión nuclear con almacenamiento vía hidrógeno (a la que apostó Toyota). Un dato de color: entre los que debatían se encontraba un músico de bajo perfil que cursó el programa ejecutivo de Singularity: Pedro Aznar.

De todos los frentes de innovación que se abren en la actualidad, el del transporte parece ser uno de los que está viviendo avances más acelerados y disruptivos: los cambios se anuncian con base semanal o diaria. Es un sector que puso quinta en 2015. En lo poco que va de 2016 se supo que el mayor fabricante de autos de Estados Unidos, General Motors, se asoció con Lyft -la start up que promueve el uso de autos compartidos- para fabricar vehículos autónomos en el futuro, con una inversión inicial de 500 millones de dólares.
Tesla, la firma de autos eléctricos de Elon Musk, anunció esta semana que programa el primer viaje de costa a costa de Estados Unidos sin conductor de acá a entre 24 y 36 meses. Y en el CES de Las Vegas, una de las mayores conferencias mundiales de tecnología, el CEO de Ford, Mark Fields, le dijo al MIT Technology Review que por ahora no hay un acuerdo estratégico con Google (como se especulaba en el mercado), pero que la firma viene trabajando en tecnologías de vehículos autónomos.

Leonardo Valente

Los “incumbentes” de este segmento (los grandes fabricantes de autos) ven cómo las proyecciones recientes de aumentos de ventas por incorporación masiva de ciudadanos de países de desarrollo intermedio -China y la India, principalmente- a la clase media se desvanecen a medida que avanzan las modalidades de vehículos compartidos, que vuelven ridícula la noción de poseer un auto propio, con todos sus gastos asociados, y que luego se usa un porcentaje muy pequeño del tiempo del día. Y en estas alternativas intensivas en uso de software, las empresas de tecnología parecen tener ventaja sobre los fabricantes tradicionales. De hecho, las grandes firmas ya no se denominan a sí mismos fabricantes de autos, sino “empresas de movilidad inteligente”. Y se dignan a asociarse con start ups nuevas de igual a igual, a las que hasta no hace mucho miraban con escepticismo.

“Como la mayor parte de las revoluciones, esta va a ser gradual”, anticipa Valente, quien cree que los primeros autos sin conductor irán por vías parecidas a las de Metrobus, “lo cual reduce de manera exponencial la cantidad de variables que hay que tener en cuenta para el manejo autónomo en una ciudad”.
Ford, GM, Lyft, Google, Apple y Tesla creen que los primeros automanejados se utilizarán en flotas de vehículos compartidos, para transporte urbano. Entre los obstáculos que faltan superar está el de sensores que funcionen bien en condiciones climáticas extremas y cuestiones de comportamiento que son muy “humanas”: “Supongamos que en una esquina no hay semáforo y el peatón confía en cruzar miradas con el conductor para saber si puede pasar. ¿Cómo se resuelve esa situación con inteligencia artificial?”, planteó Fields.

Pero los self driving cars son apenas uno de los andariveles por los que se mueve la disrupción en transporte, que por estos días incluye las modalidades de autos compartidos (Lyft, Uber, etcétera), los autos y las bicicletas híbridas (con tracción en parte a electricidad), las autopistas exclusivas para ciclistas, los hoverboards (skates voladores como los de Volver al futuro II, en período experimental aún, aunque se llama también hoverboards a los Segways eléctricos sin manubrio, que doblan cuando uno se inclina) u opciones de transporte público futurista como el “bus-túnel”, que diseñó la empresa china TBS y que podría aprobarse este año en ciudades del país más poblado del planeta. Tiene la misma lógica de un subte, pero circula por arriba de las calles, sobre rieles a los costados, con lo cual no interfiere con el tránsito, se desplaza a alta velocidad, funciona a electricidad y tiene capacidad para 300 personas por unidad.

En futurismo, igualmente, nadie le gana a la iniciativa de Musk del Hyperloop, con el que se está avanzando mediante aportes de inteligencia colectiva. Consiste en un tubo que contiene aire a baja presión por el que unas cápsulas circulan sobre un colchón de aire. En teoría, el sistema sería capaz de viajar del centro de la ciudad de Los Ángeles al centro de la ciudad de San Francisco en menos de 35 minutos, a poco más de 1100 kilómetros por hora.

Nicolás Stier es un matemático argentino que viene trabajando en temas de transporte y tránsito del futuro. Dio clases hasta el año pasado en la Universidad Di Tella y ahora es empleado de Facebook, en la casa central de la costa este de Estados Unidos. “Aparte de novedades de transporte de larga distancia rápido (como el Hyperloop o aviones que van a la estratosfera y vuelven), lo que puede cambiar la vida más significativamente a nivel masivo es el cruce entre los avances de la economía por compartir y los vehículos sin conductor”, opina. El modelo de posesión pasa a ser de estilo Netflix (por suscripción a una flota de autos), baja la cantidad de vehículos promedio y hay menos tránsito. “Al ser automáticos, las decisiones de rutas se pueden hacer mas centralizadamente y con información en tiempo real”, agrega.

Valente coincide: “El 90% de las soluciones a los problemas de tránsito van a llegar más por maña que por fuerza”. Y también hay un océano potencial de avances por el lado de la “eficiencia”: transportarnos menos, con la posibilidad de hacer trámites y gestiones por Internet, llegar a proveedores de salud y educación descentralizados, y trabajar más días desde casa en forma remota.

Un estudio de economía de la felicidad en Alemania mostró que el principal explicador de malestar emocional en una muestra de personas económicamente activas era el tiempo que tardaban en llegar a sus trabajos. Con esto de los traslados que podrían evitarse, Valente puede dar fe: llega a la entrevista cansado y con ojeras: anoche no durmió porque se olvidó las llaves adentro del auto y tuvo que ir a buscar unas de repuesto a Temperley. Esto con El auto fantástico jamás hubiera ocurrido. NR

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Fuente: La Nación

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