Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Motoqueros se sienten discriminados y piden 45% de aumento

Con la situación de inseguridad que se vive actualmente, los motoqueros son el principal blanco de las críticas y las paranoias. Actualmente cobran un piso de $ 6998 y piden 45% de aumento. Son un total de 15 mil trabajadores motorizados los que trabajan en el territorio porteño. (CABA) Es casi como una historia de esas viejas películas. Cuentan los más veteranos que este trabajo nació cuando los dueños de...

Con la situación de inseguridad que se vive actualmente, los motoqueros son el principal blanco de las críticas y las paranoias. Actualmente cobran un piso de $ 6998 y piden 45% de aumento. Son un total de 15 mil trabajadores motorizados los que trabajan en el territorio porteño.

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(CABA) Es casi como una historia de esas viejas películas. Cuentan los más veteranos que este trabajo nació cuando los dueños de varias salas de cine de la ciudad decidieron que era mejor comprar entre todos sólo una copia de las muy caras producciones que venían del exterior en los 80.

Entre función y función, el chico de la moto volaba en dos ruedas a otro cine con el rollo bajo el brazo para que otros empresarios pudieran proyectar esa misma película. Los memoriosos recuerdan incluso cómo un pinchazo podía hacer enfurecer a una sala repleta de gente.

Solitarios jinetes en una jungla de cemento, tras la explosión de los servicios de mensajería y delivery en los 90, los trabajadores en motocicleta son en la actualidad, según datos gremiales, unos 15.000 en la ciudad. En los últimos días, el aluvión de robos en motos y los esfuerzos espasmódicos de la política para hacer frente a la inseguridad volvieron a poner su trabajo bajo la lupa.

No es fácil el trabajo en la calle. Allí, la tarea siempre es de a uno. Por eso, como si fuera un reaseguro para sobrevivir al caos citadino, los motoqueros se amontonan en manadas, que todavía mantienen códigos comunes en base a lazos solidarios. De campera o chaleco, con el casco en una mano, el celular colgando del cuello y un morral cruzado sobre el hombro aparecen juntos en pequeños espacios abiertos del Microcentro donde aprovechan todas las mañanas para revisar sus papeles con los objetivos del día y pulir los detalles de sus motos, generalmente de baja cilindrada.

A pesar de lo que dicta el sentido común, el principal enemigo de este trabajador no es el tránsito ni tampoco el clima. Su adversario más peligroso es el tiempo. “Todo es ya. Todo gira en torno del apuro del consumidor“, explica Marcelo Pariente, secretario general de la Asociación Sindical de Motociclistas Mensajeros y Servicios (Asimm). A esa necesidad esencial, se suma que el 70% de los trabajadores del sector son informales en un mundo dominado por las mensajerías ilegales. Por eso, muchos continúan trabajando a destajo: cuantos más viajes hacen mayor es el salario.

Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar en 2010, con la firma del primer convenio colectivo de trabajo (CCT) para la actividad. Desde ese momento se estableció un piso salarial fijo, que hoy llega a los $ 6998 en mano para las ocho horas de trabajo. Hay trabajadores que llegan a ganar hasta $ 20.000, gracias al excedente de producción, un ítem que aún no está regulado.

La actividad todavía es anárquica. Nos queda mucho por hacer“, confiesa Pariente, un hombre alineado a la CGT Azopardo. Incluso algún medio bautizó al gremio como la caballería de Moyano. En la actualidad, Asimm tiene 4800 afiliados. Entre las deudas mencionadas por Pariente, estos trabajadores no tienen, por ejemplo, una obra social propia. Recién en junio, los motoqueros volverán a negociar paritarias. Sin embargo ya reclaman un alza salarial de 45%, algo que los empresarios afirman no poder pagar.

En general, ¿los trabajadores motociclistas conducen bien?“. Con gran habilidad, Pariente esquivó la respuesta dos veces. El sindicalista reconoce que el índice de accidentes laborales en el sector “es alto” y por eso el gremio comenzó a ofrecer cursos de capacitación gratuitos de manejo seguro y responsable con objeto de “transmitir experiencia” a los que recién empiezan. Entre los módulos que se enseñan en el curso está la posibilidad de subirse a un colectivo para ver cómo ve -o no- el colectivero al motociclista en la calle.

Fuente consultada: La Nación

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