Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

¿Qué motivos llevaron al gobierno porteño a cerrar el zoológico?

Motivos que llevaron al gobierno porteño a cerrar el predio de Palermo; eliminarán la exhibición de animales

(CABA) Hasta hace un par de años, los militantes locales de la liberación animal eran vistos como unos veganos extremistas que peleaban una batalla imaginaria en la entrada del Zoo, repartiendo volantes y alarmando al público con mensajes dramáticos sobre el cautiverio. Se habían autoconvocado por primera vez en 2012, en ocasión del remate que renovó la concesión a Jardín Zoológico SA. Hacia fines de 2014 ya tenían un plan de transformación redactado y una página web -SinZoo- para difundirlo. En abril de 2015, Adrián Camps, del Partido Socialista Auténtico, firmó la propuesta y la llevó a la Legislatura como proyecto de ley. La idea básica era cerrar el Zoo y abrir un jardín ecológico sin exhibición de animales.

Aunque el anuncio reciente de la Ciudad no permite precisar qué tipo de parque tendrá la ciudad en unos años, el bosquejo no difiere demasiado de la plataforma de SinZoo, algo impensable hace tres o cuatro años. “Si nuestra radicalidad impide que el proyecto avance, daremos un paso al costado”, decía Gerardo Biglia, abogado y miembro de la organización, el último noviembre, en días en que el debate se había cajoneado. El Poder Ejecutivo, en realidad, ya tenía en mente su propia movida.

La crisis del zoo de Palermo es larga y tiene sus aristas, que incluyen desmanejos políticos y empresariales, pero también forma parte de un quiebre global en la relación hombre-animal. El debate filosófico y científico se intensificó en las últimas semanas, a partir de incidentes ocurridos en distintos zoológicos del planeta.

El 14 de abril pasado, el chimpancé Chacha fue la foto del día cuando escapó de su jaula en el zoo Yagiyama de Sendai, Japón, y resistió su captura mostrando los colmillos sobre un tendido eléctrico, en una escena digna de El planeta de los simios. El video sigue siendo un espectáculo desolador, en especial el momento en que los dardos tranquilizantes lo vencen y el primate suelta el último dedo que lo mantenía colgado de un cable. Chacha sobrevivió y volvió a su jaula, donde los visitantes hoy lo ven como un héroe.

En todos estos hechos, lo que apareció fue la relación traumática del hombre con los animales en cautiverio. Casi siempre el factor emocional domina la opinión pública, y pocas veces se analiza el tema desde una perspectiva integral. Más allá de dramas individuales que ocurren en zoológicos, donde mueren animales y también cuidadores, las grandes masacres faunísticas de esta época se producen lejos de los centros urbanos, en la depredación humana de los hábitats. En ese contexto, hay muchos especialistas que aún creen en el rol de los zoos como centros de conservación y ámbitos pedagógicos para afrontar la emergencia ambiental.

El veterinario cordobés Fidel Baschetto, autor del libro-manifiesto “Repensando los zoológicos de la Argentina (2000)”, celebra la reestatización del Zoo de Buenos Aires. Y dice que ahora la institución debe ayudar a combatir la crisis de la fauna nacional, desde la retracción areal de la vizcacha hasta la extinción del lobo gargantilla, pasando por la muerte de infinidad de ejemplares por el desmonte masivo. “No debemos -dice Baschetto- tener una mirada tan especista donde sólo nos conmueva lo que vemos y mientras tanto no veamos las tribulaciones de nuestra fauna en sus ambientes. ¿Por qué una vizcacha tiene menos importancia que un león o un oso?”. NT

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