Buenos Aires, 22/11/2017, edición Nº 1834

Motivaciones fáciles para evitar comer de más

La motivación por ingerir comidas en exceso puede tener su base en situaciones por fuera de la propia dieta. Dormir bien y tomar agua, las claves para no cruzar el límite

Hay investigaciones que encontraron una de las respuestas más buscadas por la ciencia: por qué las personas comen de más. El estudio liderado por la nutricionista Ashley N. Gearhardt de la Universidad de Michigan en los Estados Unidos, arrojó como resultado que “comer alimentos ricos en azúcares y grasas en exceso estaría relacionado a la zona del cerebro llamada neostriado. Esta parte sería la encargada de “aumentar el deseo por comer ese tipo de alimentos”.

Dormir pocas horas puede generar hambre durante la noche y que cualquier tipo de alimento sea el que sacie ese apetito

Esta zona del cerebro está relacionada directamente con la función motora y del aprendizaje. Pero según la investigación estadounidense, también se emparentaría con la motivación por comer exageradamente.

 El estudio también permitió observar que las personas que consumen alimentos ricos en azúcares y grasas no sólo comen más, sino que no logran saciarse. Esto estaría relacionado con que, en la naturaleza se asocia el sabor dulce a los alimentos favorables para la salud (frutas y verduras); el sabor amargo, en cambio, a las toxinas. Este descubrimiento es muy importante, ya que conociendo esta información se puede desarrollar un medicamento o suplemento que actúe directamente sobre esta zona del cerebro

Cómo no caer en los excesos alimenticios

Dormir bien

La revista Obesity publicó un estudio en donde se demostró que aquellas personas que sufren de insomnio o duermen pocas horas, ganarán alrededor de 250 calorías al día siguiente. Esto se debe a que cuando el cuerpo se siente cansado y no aparecen las ganas de preparar un plato saludable, se opta por una solución rápida. Muchas veces, lo inmediato es lo perjudicial. Caer en comidas poco nutritivas y altas en azúcar para “recuperar” los niveles de energía puede causar un efecto contrario. Es fundamental dormir entre 7 y 8 horas a diario.

Consumir abundante agua

 
Cuando el cuerpo está deshidratado, el hipotálamo, encargado de regular las hormonas del apetito en el cerebro, confunde esta sensación con el hambre. Entonces también se come más y se toma menos líquido. Siempre tener una botella o un vaso a mano para recordar que hay que tomar agua.
Comer despacio
Si el trabajo o la rutina hace que las comidas deban llevarse a cabo con rapidez, posiblemente implicará que el cuerpo nunca se sienta satisfecho y se lo alimente de más. El cerebro tarda 20 minutos en registrar que una persona está llena.

No abusar de los carbohidratos

Los carbohidratos refinados se digieren muy rápido hasta transformarse en glucosa y funcionan como un acelerador del cerebro. Entonces, una dieta sin frutas y verduras y con alimentos altos en azúcar provocará más ganas de comer al siguiente día. Lo recomendable es optar por carbohidratos como el arroz, cereales y pastas.

Evitar los anuncios que provoquen hambre

Científicos del Instituto de Psiquiatría Max Planck indicaron que ver anuncios de comida por las noches contribuye a la producción de grelina, la hormona que segrega el aparato digestivo y que aparecen altas concentraciones de la misma cuando hay hambre y bajas cuando no hay ganas de comer.

Esta puede transformarse en una razón por la que se decida comer sin estar completamente hambriento. Sucede algo similar cuando se huele un rico plato.

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