Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

Monumento truncado: qué pasó con la punta del Obelisco

(CABA) “¡Che, al Obelisco le robaron la punta!”, fue lo primero que pensé cuando miré para arriba”, explicaba ayer uno de los tantos fans de Ñengo Flow, músico portorriqueño al cual sus jóvenes seguidores porteños –lookeados al estilo rap- homenajean juntándose cada domingo en la 9 de Julio y Corrientes. Ellos fueron ayer testigos del extraño movimiento que hubo en el centro de la ciudad: un conjunto de personas –entre...

(CABA) “¡Che, al Obelisco le robaron la punta!”, fue lo primero que pensé cuando miré para arriba”, explicaba ayer uno de los tantos fans de Ñengo Flow, músico portorriqueño al cual sus jóvenes seguidores porteños –lookeados al estilo rap- homenajean juntándose cada domingo en la 9 de Julio y Corrientes. Ellos fueron ayer testigos del extraño movimiento que hubo en el centro de la ciudad: un conjunto de personas –entre las que se encontraba Eduardo Costantini, empresario dueño del MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires)- rodeaba al Obelisco mirando hacia arriba. Pasa que hasta dentro de una semana el Obelisco no tendrá más ápice (punta).

El Obelisco quedó trunco. Aunque a decir verdad, la punta del Obelisco está ahora ubicada en otra parte de la ciudad de Buenos Aires: se encuentra ahora en la explanada del MALBA, en Avenida Figueroa Alcorta y San Martín de Tours. ¿Pero qué está pasando, por qué? Bueno, se trata de La democracia del símbolo, una obra de arte contemporáneo, precisamente un site-specific (es decir, un tipo de obra que se hace para producir una alteración en un lugar preciso). El autor es el artista Leandro Erlich.

El artista logró el truco del Obelisco truncado poniendo, por encima del ápice real del Obelisco, una construcción que oculta la punta, que imita al material del monumento y genera la ilusión de que el Obelisco continúa y termina, de repente, sin punta. Pero en realidad la punta está oculta bajo una especie de capuchón de metal que imita al material del Obelisco. Por supuesto, se trata de un truco (Erlich es un artista que usualmente trabaja usando “trucos perceptivos”, visuales en sus obras).

La obra fue realizada gracias a la colaboración de distintos ministerios del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, MALBA y la empresa Fate. Estos dos últimos financiaron el trabajo que, aunque parezca pequeño, requirió de un complejo proceso de realización: un año de producción, ingenieros, calculistas, el artista y sus asistentes trabajando en conjunto; y grúas y permisos para poder habilitar ese capuchón: ¡el “tapón” artístico es de hierro y pesa ni más ni menos que 3 toneladas!

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Ayer la gente que pasaba por esa zona se quedaba asombrada mirando para arriba. “¿Por qué le quitaron la punta?”, se preguntaba atónito un turista colombiano. “¡Uy, le falta la punta!”, decía un chico que rondaba por ahí escuchando música. “Cuando salí del subte fue lo primero que vi”, dijo un turista británico. Es que la cosa no pasa para nada inadvertida: se trata del Obelisco, uno de los máximos íconos de la ciudad. No es una cosa chiquita, no se trata de algo menor.

El artista de la obra contó ayer a Clarín por qué decidió “sacarle” el ápice al ícono porteño y trasladarlo al MALBA (es decir, construir su “doble”, una imitación de ápice de Obelisco en la vereda del museo): “Quise generar la posibilidad de cumplir la fantasía de conocer el Obelisco por dentro”, decía, “democratizar el acceso. Es algo que nunca pudo hacerse, porque en su interior no están dadas las condiciones para que el público entre, hay una escalera muy pequeña y, además, el Obelisco nunca fue pensado para eso”.

A la hora de explicar por qué eligió el Obelisco y no otro monumento de Buenos Aires, Erlich apunta a que se trata de un ícono de la ciudad. “Es su símbolo por excelencia. Siempre despertó una fascinación particular a los artistas y a la gente en general. Y es, además, un lugar de encuentro: un referente.”

Se podría decir que se trata de una obra en dos tiempos: el primero ocurre en el Obelisco mismo. El segundo, en la vereda del MALBA: quien se traslade hasta allí podrá entrar al ápice del Obelisco de manera gratuita. Una vez dentro, observará que hay cuatro pantallas de video con cuatros vistas, cuatro perspectivas de la ciudad de Buenos Aires: son videos filmados desde las propias ventanas del Obelisco real. Dos de los videos muestran dos partes diferentes de la avenida 9 de Julio; los otros dos, los lados de la avenida Corrientes. Los videos fueron filmados por el artista en 4K (es decir, altísima definición); pero no muestran el paisaje de la ciudad en tiempo real.

El Obelisco fue construido en 1936 por el arquitecto modernista Alberto Prebisch (su nieto ayer estaba rondando el monumento, mirando también hacia arriba para ver lo que pasaba con su punta). Desde la inauguración fueron muchísimos los artistas que trabajaron imaginando obras basadas en él: desde Grete Stern y Horacio Coppola en los años 30 hasta Marta Minujín y Leandro Katz en los 70.

Con la realización de esta obra en el espacio público y en uno de los puntos e íconos más calientes de la ciudad, Malba festeja su 14 aniversario, en el día de la primavera.

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