Buenos Aires, 17/11/2017, edición Nº 1829

“Mil noches y un instante”, lo nuevo de Aznar

Álbum en vivo.

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(CABA) En algo más de un año, Pedro Aznar resumió en dos brillantes discos en vivo sus anhelos musicales, su formación y sus guías. El primero, Puentes amarillos, exhibía la obra de Spinetta con un show a pocas semanas de su muerte, basado en el amor y el respeto. El segundo es flamante, Mil noches y un instante, donde vuelve brevemente sobre Spinetta para acomodarlo en un marco de Beatles y folclore, de guitarra y bajo.

El nuevo disco de Aznar (será imprescindible una edición en DVD) es el registro parcial de uno de los shows que dio en el Gran Rex, solo y luciendo su condición de multiinstrumentista, en junio del año pasado. Es un show íntimo donde el despliegue de virtuosismo, no sólo instrumental sino también vocal, está plenamente al servicio de la conexión con el público, algo que no se ve con mucha frecuencia.

Hay en Mil noches y un instante algunos estrenos, varios temas propios reversionados, un set de los Beatles y dos invitados a tono con la propuesta, Abel Pintos y Teresa Parodi. También hay algunos trucos de prestidigitador.

El propio Aznar resume la idea en una de las líneas de “Claroscuro”, el tema propio que abre el show y el disco. “Puedo ser yo mismo / frente a este abismo“, canta desgarrador. Y básicamente se dedica a eso. Ante el abismo de un escenario en soledad, el ex Serú Girán muestra todas sus facetas. Da clase en ese tema con la guitarra, pero les da paso a los bajos en “Perdón”, una de las nuevas, y luego a la guitarra acústica en “Pensaba en vos”. En esa demostración de manejo de varios instrumentos, hay uno que se mantiene firme y también brilla: la propia voz de Aznar, uno de los mejores cantantes del país, capaz de pasearse por climas y escenografías como sus dedos de alternarse instrumentos.

Se dijo “los bajos” en “Perdón” y no es un error. En su unipersonal, Aznar grabó en el escenario un primer bajo y luego tocó y cantó sobre esa pista. En el CD sólo se escucha el resultado final, lo que hace más necesario el DVD. El truco es usado varias veces a lo largo del disco, con un punto culminante en “Because”, de los Beatles.

“Río secreto”, con una hermosa letra de Teresa Parodi, abre un bloque dedicado al folclore. De cadencia melancólica y algo de pesadez campera, se acopla con “Laura, la del estero”, en la misma línea de memoria agridulce y ya con Parodi como invitada en la voz. Forman una buena dupla, aquí y en “El otro país”, con Aznar conteniendo el desborde emocional de la folclorista. En ese marco, el del abordaje al folclore, Aznar inscribe “Barro tal vez”, de Spinetta.

El otro invitado, Abel Pintos, canta con Aznar la inoxidable “Zamba para olvidar”, con arreglos mínimos en una experiencia casi puramente vocal. Los dos confirman la buena química y la sintonía con el público en la versión en castellano de “A primera vista”, de Chico César.

El bloque Beatles es siempre respetuoso, pero por momentos lleva a Aznar a tareas titánicas. “Blackbird”, “Lady Madonna” con piano y “Michelle” fluyen naturalmente. Lo impresionante es como se carga en sus solitarios hombros canciones como “Strawberry fields forever” o “”I am the Walrus”, esta última con la ayuda de programaciones. Y especialmente con la hermosa “Because”, el gran tema de Abbey Road que los Beatles grabaron a tres voces.

Allí, Aznar hizo de George Harrison con un teclado. Luego se grabó en tonos medios, como Lennon, con guitarra. Y concluyó con bajo y la voz aguda que en Abbey Road grabó McCartney. El resultado es digno de la ovación que genera.

Luego de “Quebrado”, de su disco homónimo, y la inclusión de Gustavo Cerati en la lista de afluentes con “Lisa”, aparecen de nuevo los Beatles, para una dulce versión de “Goodnight”. Y algo queda claro: el hombre de los mil instrumentos logró capturar mil noches en una.

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