Buenos Aires, 21/09/2017, edición Nº 1772

“Mientras haya chicos, habrá calesitas”: carruseles de ayer y hoy

En la Ciudad de Buenos Aires hay 46 y hace unos días se aprobó un marco regulatorio para darles protección. Cómo funcionaban antes.

Por Miguel Jurado

(PBA) No las mató la televisión, ni la play, las calesitas siguen fascinando a los chicos pero ya no son lo mismo. “Mientras haya chicos, habrá calesitas”, me dice Roberto Couto, segunda generación de calesiteros y, alguna vez, fabricante. “Ojo, capaz que en el futuro no hay más chicos”, se ríe. Roberto cerró la fábrica hace unos años porque “ya nadie quiere calesitas”. Sin embargo, en la Ciudad de Buenos Aires hay 46 y hace unos días se aprobó un marco regulatorio para darles protección. Roberto tiene su propio carrusel girando en Parque Saavedra. Allí ejerce una profesión que aprendió de su tío y de su papá, dos gallegos que llegaron en los 30.

– ¿Los calesitero eran todos gallegos?
–La mayoría. Es que en esa época, los paisanos se daban una mano y muchos gallegos tenían calesitas. Primero vino mi tío José y puso una calesita con la ayuda de una asociación de calesiteros. Mi viejo, Argimiro Couto, llegó después y empezó a trabajar con él. Como era aprendiz de carpintero empezaron a armar carruseles. Yo me inicié con ellos de pibe, a los doce, y después seguí, hasta ahora.

– ¿Cómo eran las calesitas de entonces?
–Eran distintas, la calesita no estaba fija en una plaza como ahora, se llevaba a los barrios y se instalaba en un terreno baldío o en una plazoleta por un tiempo. La armábamos en distintos lugares a ver qué pasaba y, después de un tiempo, la mudábamos. Andábamos por todos lados. Mucho en Ciudadela, en Independencia y Rivadavia, ¿Dónde ahora está el Banco?, ahí había un baldío en el que nos instalábamos. En Ramos Mejía. En Villa Martelli, en Cochabamba y Las Heras. En Estación Padilla, en Malaver y Mitre, en Munro; en Villa Adelina y en la misma Estación de Munro. En 40 y pico de años, te imaginarás las vueltas que dimos.

– ¿Esas calesitas eran como las de ahora?
–Sí, más o menos, un poco más chicas y, además, las viejas calesitas eran calesitas calesitas, no como los carruseles de ahora en los que los animales suben y bajan. Antes los muñecos estaban fijos.

– ¿Qué diferencia tienen con el tiovivo?
–Es lo mismo, tiovivo es el nombre gallego de las calesitas. Antes eran muy parecidas a las de ahora pero al principio funcionaban con un caballo chiquito que llevaba anteojeras para que no viera alrededor. El pony caminaba en el circulo interior del carrusel y estaba muy bien entrenado para girar tranquilo. De pronto, por ahí se ponía nervioso por el ruido de una moto o de un auto, y empezaba a galopar. La calesita parecía que iba a salir volando. Había que acercarse y tranquilizarlo llamándolo por el nombre. La gente decía: “¡Pobre animal!”, pero el bicho estaba fenómeno. Fijate que todos los caballos de calesita eran gordos porque trabajaban sólo 4 horas al día y morfaban bien. Después vino el motor a explosión y mas tarde la electricidad. Antes poníamos discos de pasta.

–¿A los chicos todavía les gusta la calesita?
–Sí, pero no es como antes, ahora vienen solo los más chiquitos, a los 7 no se te suben más. Antes había pibes con pelos en las piernas que colgaban de barrote y te peleaban la sortija. Es que con la tele, los videojuegos y todo lo que hay, la calesita ya no interesa. A las nenas les gusta más, siempre fue así. Antes, si llegabas a un barrio lo primero que mirabas era si había nenas, si no había, a los 15 días había que irse. Los pibes son más inquietos, sobre todo los de departamento. Suben bajan, prueban un animal, después otro. Enseguida se aburren. A las nenas les gusta dar vueltas.

– ¿Vienen con los papás o con los abuelos?
–Con los abuelos. Los papás andan corriendo, si los traen, hacen dos vueltas y se van. Yo estoy todos los días desde las 2 de la tarde hasta las 7, por ahí hasta las 8 en verano. Pero este es un trabajo que funciona los domingos, si no hace mucho calor. Ojo, la calesita tiene muchas contras. Si llueve no funciona, si hace mucho calor tampoco porque la gente se queda fresquita en la casa. Antes, esas noches asfixiantes, venía la familia a la plaza con una lona y se tiraba para refrescarse. Ahora tienen aire acondicionado. La tecnología nos juega en contra.

– Dicen que las calesitas se inventaron para entrenar a la caballería hace dos mil años.
–Puede ser, calesitas hubo siempre. Pero la sortija es un invento argentino, eso te lo puedo asegurar.

–Hablemos de las sortija. Cuando era chico nunca me saqué una. Ya se que no es tu culpa, pero decime la verdad : ¿El calesitero le entrega al nene que más le gusta?
–No, no siempre, a veces te la sacan. Pero yo siempre trato de que todos la agarren, me gusta que se vayan contentos. Por ahí, al más chiquito que no puede agarrarla se la das en la mano.

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Fuente: Clarín

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