Buenos Aires, 19/11/2017, edición Nº 1831

Micromecenas: nueva plataformas online

Las plataformas online que permiten que el público financie proyectos culturales son un nuevo recurso de autogestión; ¿democratización o tiranía de los consumidores?

Arás parece haber quedado cierta época de idealización del arte en la que la gente amaba a sus ídolos a la distancia. Internet y la “open culture” (la posibilidad de compartir contenidos libremente) hacen que hoy sea posible una novedosa manera de acercarse a los artistas y creadores: colaborar con proyectos artísticos y culturales como pequeños mecenas. Mientras se desdibujan los límites entre el público que consume y el que produce, la tecnología -que ha sabido complicarle la vida a la industria con la piratería y cambió los patrones de consumo- también ha salido al rescate de los artistas y emprendedores culturales.

Gracias al crowdfunding (microfinanciamiento colectivo en plataformas en Internet), muchos han podido realizar sus proyectos con el aporte en dinero de un público cada vez más deseoso de participar. Sólo como ejemplo, en la plataforma local Ideame, los proyectos culturales que más financiación han logrado incluyen un libro-objeto que recopila la experiencia de una plataforma de comunicación científico-cultural (El Gato y La Caja) realizado por un grupo de amigos, que recaudaron 248.000 pesos para poder imprimirlo y ahora van por la segunda fase del proyecto. Y el de un maestro itinerante de dibujo cuyo proyecto es viajar alrededor del mundo dando clases de pintura para chicos (Pequeños Grandes Mundos), que ya lleva recaudados 103.851 pesos.

El funcionamiento de estos sitios es más o menos similar en todos los casos: los artistas, emprendedores y productores suben online su iniciativa, explican en qué consiste (algunos graban videos o hasta elaboran manifiestos), detallan cuánto dinero necesitan y establecen “metas” de financiamiento que deben cumplir. Finalmente, establecen “premios” de distinto nivel de acuerdo con la donación que se reciba. Por lo general las campañas tienen un límite de tiempo que suele rondar los dos meses, durante el cual se va actualizando automáticamente la recaudación obtenida. Si bien hay plataformas gratuitas, muchas cobran una comisión que va entre el 3 y el 5 por ciento.

Una de las primeras en ver esta veta fue la cantante, activista y pionera delcrowdfundingAmanda Palmer. Palmer fue responsable de la viralizada charla de TED “El arte de pedir” (“The Art of Asking“), y ahora del libro homónimo. En esta charla Palmer explica cómo aprovechar los nuevos esquemas de financiamiento y habla acerca de su propia campaña en el popular sitio Kickstarter (la campaña de un proyecto musical más popular del sitio a la fecha). Su alegato -no carente de cierta sensiblería y algún que otro golpe bajo- expone un nuevo paradigma en el que el artista sale a pedir ayuda a su público sin ningún tipo de vergüenza y aprovechando la interacción que las redes sociales permiten.

Para todos los gustos

En Estados Unidos los sitios Kickstarter e Indiegogo fueron los pioneros. Hoy permanecen activos y comparten el podio con Gofundme como los tres sitios más utilizados para el micromecenazgo.

Algunos hitos de Kickstarter han sido el proyecto de la propia Palmer, o el que se concretó cuando los fans de la serie de culto Verónica Mars tomaron el asunto en sus manos y financiaron una película basada en el show y protagonizada por Kristen Bell. Fue el proyecto fílmico más financiado en el sitio (5,7 millones de dólares), pregonado como el futuro de la industria cinematográfica. Nada mal para una campaña onlinepropulsada por el público.

Indiegogo es la plataforma preferida para financiar proyectos fílmicos en la escena independiente, y su gran popularidad lo hace el elegido de los cineastas emergentes y las pequeñas productoras. A la hora de pagar a los inversores se ofrecen regalos como actualizaciones del proyecto, primeras ediciones u originales, objetos utilizados en la filmación y todo tipo de merchandising.

PledgeMusic es para quienes estén buscando financiamiento en el ámbito musical, en particular artistas independientes. Aquí, bandas de todo tipo se autofinancian sus discos, tours e incluso su equipamiento, lo que es posible siempre y cuando se ofrezcan premios a cambio. Las recompensas pueden incluir descargas de mp3, álbumes, música escrita y hasta encuentros behind the scenes exclusivos en recitales o participaciones en videos de la banda. Algunos músicos también ofrecen conciertos o apariciones especiales.

Fuera del financiamiento cultural, y al menos en Estados Unidos, las plataformas de microfinanciamiento están tan difundidas que las hay para cualquier fin, ya sea para cuestiones personales, como recaudar dinero para pagar cuentas médicas o financiar un viaje (FundAnything), o para fines científicos (Experiment).

En español

En América Latina el panorama no es ni tan variado ni está tan desarrollado, pero existen diversos portales de micromecenazgo. En el país, las dos principales son Ideame y Panal de Ideas.

La primera comenzó en 2011 en la Argentina y Chile de la mano de Mariano Suárez Battan, Juan Pablo Cappello y Tiburcio de La Cárcova. Las categorías más recurrentes y financiadas son las que se engloban en impacto social y todo lo relacionado con el sector artístico y cultural (editorial, cine y video, música, artes visuales y escénicas). “Creemos que en América Latina las industrias culturales han logrado adueñarse de la herramienta gracias al ejercicio adquirido de la práctica autogestiva, y se ha encontrado en el financiamiento colectivo la forma de canalizar y potenciar los recursos generados a partir de sus propias redes”, explican desde la compañía. Algo que quizás evidencie el avance de este fenómeno en el país es que el crecimiento del sitio fue exponencial: en los dos últimos años duplicó al de los primeros dos. En poco más de cuatro años logró superar los mil proyectos financiados, los 100.000 colaboradores y tres millones de dólares recaudados en proyectos.

Según Agustina Lipovich, responsable de Proyectos de la Argentina, dos ejes importantes de la plataforma son brindar herramientas educativas para la formulación de proyectos y proveer herramientas de gestión para las personas que requieren financiación: “Buscamos que toda persona que tenga una idea pueda aprender a convertirla en proyecto y comunicarla, y que todo emprendedor pueda ?ponerse varios sombreros’, desde cómo hacer un presupuesto hasta poder gestionar la logística de la entrega de sus productos”.

Panal de ideas es una comunidad online donde gestores y creativos pueden financiar proyectos culturales y conseguir recursos clave a través de su sistema de voluntariadoonline gratuito. Este novedoso enfoque plantea que no sólo se puede colaborar con dinero, sino también con recursos personales como tiempo y trabajo, ya que aquí los artistas y productores realizan pedidos específicos para que cualquier persona pueda postularse y ofrecer colaboración.

Completan el cuadro algunas otras como Bananacash.com.ar, una de las primeras plataformas locales dedicada exclusivamente a la financiación de proyectos de cine y teatro; TuMecenas.com, Proyectanos.com y Groofi, un portal para impulsar iniciativas creativas. Bandtastic, que dejó de funcionar hace poco, en cambio apuntaba al nicho musical y de los artistas emergentes. Y Nobleza Obliga es una plataforma con fines solidarios.

Entrenados en autogestión

Lo paradigmático del caso argentino quizás sea que la mayoría de los proyectos suelen estar vinculados al ámbito cultural y artístico. El financiamiento colectivo como nuevo esquema de producción cultural parece maridar bien con el volumen del mercado de las industrias culturales y la idiosincrasia y el perfil emprendedor local, donde hay toda una nueva generación de entrepreneurs y gestores entrenados en ver oportunidades en los lugares más impensados.

En Ideame, uno de los proyectos que se ha vuelto más popular en la plataforma es el Anuario de Ilustradores, llevado adelante por un colectivo de artistas formado en 2007, que el año pasado decidió hacer un libro con trabajos de todos. “El proyecto excedía nuestro presupuesto, entonces pensamos que la manera lógica de hacerlo era extender una parte de esa participación a las personas que todos estos años dieron su apoyo a nuestro proyecto. Así que elegimos una plataforma que nos permitiera interactuar con ese público al mismo tiempo en que podían colaborar con el libro que queríamos publicar. Hicimos talleres, entregamos recompensas y salimos en campaña. Es un poco vertiginoso porque no sabes qué va a pasar y en el camino a veces ganan el estrés y los nervios. Mirás el número de porcentaje del proyecto y te mordés los labios para que llegue”, cuentan.

Otro proyecto es el de María Tórtora, que llevó de la pantalla a un soporte gráfico años de trabajo en el popular sitio de decoración no tradicional Casa Chaucha. “Antes de recurrir al crowdfunding lo intenté por las vías tradicionales y fue una pérdida de tiempo. Es un producto caro y las editoriales no se querían arriesgar a esa inversión, no confiaban en mis pronósticos. Ideame fue la posibilidad de hacerlo realidad. Y con mis reglas, que no es menor”, dice. María consiguió superar los recursos que necesitaba (reunió el 172% del presupuesto), prevendió casi 900 libros en dos meses de campaña y con el excedente mejoró la encuadernación e imprimió 3000 ejemplares en vez de 2000, que era su plan inicial.

Sin embargo, estas plataformas no están exentas de opiniones menos optimistas. Por ejemplo, las de quienes se preguntan por su impacto a largo plazo, al estimular la autogestión y la versatilidad, pero también orientar la creatividad hacia la demanda del público (¿y quizás hacia un canon artístico o gusto predeterminado por la audiencia?). Al fin y al cabo se trata de salir a buscar inversores, para lo cual hay que generar empatía e identificación con el público, o enfrentar la posibilidad de recaudación “0”. Como explicaba en una nota reciente la consultora en innovación May Groppo, asesora en los inicios de Ideame: “A partir de ahora las reglas del juego las va a establecer el consumidor”.

“Nosotros no sentimos que tuvimos que adaptarnos a un consenso externo. De hecho, nuestro video de presentación es una ironía misma a toda esa idea”, explica el colectivo de ilustradores detrás del Anuario. “Es cierto que es polémico el éxito o no de las campañas: hay proyectos que son una vergüenza pero ganan por simpatía, y hay otros que son altruistas y no llegan al 20 por ciento”.

Otros, como Tórtora, se posicionan totalmente a favor. “Someter un proyecto acrowdfunding no es algo simple. Hay mucho trabajo detrás, antes, durante y después de la campaña. Y ni hablar de exponerte al fracaso. Se aprende hasta con resultados negativos. Si todos podemos mostrar lo que hacemos, las probabilidades de que aparezcan cosas geniales crecen. Estoy 100% a favor de esta horizontalidad, creo que hace rato que ni el disenso estético o artístico están en donde está la plata. Más bien, es lo contrario. El «pulgar para arriba» de un gerente no tiene nada que ver con lo artístico. Y con esta revolución de la autogestión estamos equilibrando un poco las cosas”.

La popularidad puede ser algo relativo en el crowdfunding, ya que existen numerosos proyectos con miles de seguidores que fracasaron y otros pequeños a los que les fue bien. Resta ver si este nuevo poder conferido a las audiencias resultará capitalizable en favor de una apertura de visiones y creaciones o si simplemente aportará a más de lo mismo.

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