Buenos Aires, 24/08/2017, edición Nº 2083

Michetti, la dama que fue Puloil

La periodista y escritora Laura Di Marco señaló que “los problemas de las mujeres en política surgen cuando empiezan a luchar por una cuota propia de poder”.

(CABA) Va por su “proyecto personal”; egoísta; ineficiente; “incapaz” para la gestión. Incluso, por lo bajo, han llegado a llamarla “inútil”.
Adjetivos, todos, que le colgaron a Gabriela Michetti en los últimos días, y no precisamente desde el kirchnerismo, como cabría esperar. No. Esta vez el bullying fue disparado, sin piedad, por los popes de su propia fuerza política desde que decidió “rebelarse” contra la mayoritaria voluntad de los varones del PRO y competir en las PASO porteñas por la jefatura de gobierno de la Ciudad, donde lleva una importante ventaja sobre su rival, Horacio Rodríguez Larreta.

En los últimos días quedó más que claro que la cúpula del PRO, liderada por Mauricio Macri, se la quiere sacar de encima de uno de los principales territorios políticos del país y relegarla a un lugar más decorativo: la candidatura a vicepresidenta, acompañando a su jefe político, mientras aprende a tocar la campanita del Senado.

Aunque falta mucho aún para la interna, las principales figuras del macrismo ya votaron públicamente por Larreta. El primero en revelar el juego fue el secretario de Gobierno e influyente operador de Macri, Marcos Peña, en una entrevista con Clarín. Y luego fue el propio jefe porteño, en la mesa de Mirtha Legrand, quien no dejó espacio para la duda.

La pregunta es: ¿por qué tanto empeño en bajar a Michetti? ¿No será que se la quieren sacar de encima porque, si fuera jefa porteña, podría desactivar ciertos negocios de la política? ¿No será que la dama del PRO desafía un sistema de poder bien aceitado, que beneficia siempre a los mismos?

Un dato lejano en el tiempo –aunque recordable– podría ofrecernos alguna pista sobre esta hipótesis. En la Navidad de 2008, cuando era vicejefa porteña, Michetti, a cargo de la Legislatura (Macri estaba de viaje), se negó a firmar un polémico convenio que favorecía al zar del juego K, Cristóbal López. El acuerdo había sido negociado, en las sombras, entre Néstor Kirchner y el propio Macri y le permitía al empresario K agregar 1.500 máquinas tragamonedas a las 3 mil que ya explotaba en el Hipódromo de Palermo y quedarse con esa concesión hasta 2032.

La mesa chica del jefe porteño, de la que no participa Michetti, se inquieta con este escenario: si Macri no llega a la presidencia y Gabriela queda en control de la Ciudad, ¿quién sería entonces la nueva jefa del PRO, después de 2015?

Las mujeres –sobre todo si vienen “desde afuera”, como Michetti– tienen un efecto Puloil sobre la política, esa arena siempre sospechada. Es decir: el rol que les cabe es “blanquear” a los varones cuando los acompañan en fórmulas. Justamente ése fue el lento y exitoso trabajo de la senadora macrista durante muchos años: ayudó a Macri, y mucho, a reducir su imagen negativa y a quebrar la resistencia que generaba en amplios sectores.

Incluso hizo su propio “renunciamiento” cuando dejó la vicejefatura porteña para ir al Congreso, donde su figura se diluyó.

Los problemas de las mujeres en política –y en el mundo público, en general– surgen cuando empiezan a luchar por una cuota propia de poder. O de visibilidad. Es ahí donde empiezan a ser atacadas con toda la artillería cultural disponible de prejuicios. Un kit letal que le cabría a cualquier mujer que muestre su deseo de querer liderar.

Entonces, de pronto se volverá “caprichosa”, “feminista”, “egoísta” y sobre todo “incapaz”. La falta de capacidad es el prejuicio estrella hacia aquellas mujeres que salen a desafiar el mandato cultural de quedar en un segundo plano.

La violencia de género tiene muchas formas. Distintos grados de intensidad y muchas versiones: la descalificación es una de ellas. Y no por más sutil resulta menos corrosiva.

Las mujeres en política no son ni mejores ni peores: son nuevas. Y en ese sentido, tienen un rol similar al de los jóvenes. Una mirada menos contaminada las pone en mejores condiciones para cuestionar lo establecido (naturalizado por los varones) e impulsar cambios más verdaderos. Cambios resistidos por los que llevan años tejiendo un sistema de poder, con todos sus beneficios.

michetti

Fuente: Perfil.

 

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