Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Menos verdes y más bares en las plazas

La polémica ley que permite colocar bares en plazas sacó a la luz una verdad: el escaso espacio verde que tiene la Ciudad de Buenos Aires en relación a otras ciudades del mundo. (CABA) Marta volvió de la plaza Dorrego indignada. Los bares vecinos habían puesto unas mesitas y era imposible que su hijo jugara a la pelota sin importunar a los parroquianos. Y, por supuesto, todos se quejaban. “En...

La polémica ley que permite colocar bares en plazas sacó a la luz una verdad: el escaso espacio verde que tiene la Ciudad de Buenos Aires en relación a otras ciudades del mundo.

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(CABA) Marta volvió de la plaza Dorrego indignada. Los bares vecinos habían puesto unas mesitas y era imposible que su hijo jugara a la pelota sin importunar a los parroquianos. Y, por supuesto, todos se quejaban. “En San Telmo casi no hay plazas, si las usan los bares, a dónde voy a ir con los chicos”, se lamentaba. La verdad, en ese momento, me pareció que Marta exageraba, qué le hacen unas mesitas a una plaza y qué lindo es tomarse un cafecito bajo los árboles. Hoy, veinte años después, la plaza Dorrego es una exclusiva extensión de los bares. Sus escasos 2.219 metros cuadrados albergan un promedio de 100 mesas, demasiado para una placita que no es ni un cuarto de manzana.

Es que cuando permitís una explotación comercial de ese tipo, aunque sea limitada, le abrís la puerta a intervenciones mayores que se pueden realizar con un simple cambio en la reglamentación de la ley”, me explica el arquitecto Rodolfo Livingston hablando del caso de mi amiga Marta pero refiriéndose a la nueva ley que permite instalar bares en las plazas. “Es un disparate –termina por explotar Livingston ni bien se mete de lleno en el tema–, dicen que en Europa y Estados Unidos existen bares en las plazas pero París o Nueva York tienen mucho más verde por habitante que los escasos 1,9 metro cuadrado de Buenos Aires”. Y tiene razón, No hace mucho se hizo un ranking de las ciudades con mayor cantidad de espacio verde por habitante y Curitiba, en Brasil, ganaba por muerte (52 m2 por persona), Nueva York rebosaba de verde (23,1 m2/p), París y Santiago de Chile estaban en los límites que establece la Organización Mundial de la Salud, unos 10 metros cuadrados de verde por habitante, y Buenos Aires se ahogaba con su 1,9 metro cuadrado de espacio vegetal por porteño.

La nueva ley permite instalar bares en parques de más de cinco manzanas de tamaño y lejos de los bordes en los que ya haya bares. Los espacios que están en condiciones de ser explotados parecen pocos: Parque Centenario, Lezama, Los Andes, Chacabuco, Las Heras, Thays, Rivadavia, Patricios, Indoamericano, Roca y Sarmiento, la Reserva Ecológica, el Jardín Botánico y las plazas Irlanda y Rubén Darío en Recoleta. Si te ponés en la cabeza (y el bolsillo) de un empresario que además del bar tiene que construir baños públicos, estacionamiento de bicicletas, Wi-Fi y bibliotecas, solo algunos parques son apetecibles. Andá a concesionar un barcito gourmet en el Parque Indoamericano donde la gente necesita metros cuadrados para vivir.

Este es uno de esos típicos negocios en los que nadie le ve la ventaja. Olvidate que pueda ser una fuente de ingresos para la comuna, sabemos que eso no funciona y, además, lo que recauden será chauchas y palitos. Ponele que la gran cosa sea que algunos lugares abiertos tengan baños públicos, como dice Livingston, esa es una responsabilidad de la comuna. “Además –vaticina el arquitecto– van a ser todos containers amarillos. Cuando Carlos Thays colocaba baños en sus parques (el mayor diseñador de parques de la Argentina y autor del paisajismo clásico de Buenos Aires), hacía una suave loma, enterraba un poco la edificación y todo pasaba desapercibido”. Por mí, que crecí y viví sin baños públicos ni en las plazas ni en las calles, que no los instalen nunca.

¿Sabés lo que pasa? El que se quema con leche, ve una vaca y llora. Tantas medidas supuestamente “progresistas” terminaron siendo negocio para tan pocos que ya no creo en nada. La idea de los bares es muy linda si el metro cuadrado de verde de Buenos Aires no fuera una especie en extinción. Pienso en los bares, en las rejas de los parques y se me hace que en un futuro me van a aplicar derecho de admisión o voy a tener que consumir para patear una pelota con mis hijos.

Fuente: Clarín

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