Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Van a mejorar la protección de las aves en extinción de la Reserva Natural del Faro Querandí

La reserva será declarada Área importante para la conservación de aves (AICA) lo que mejorará la proteccion de esos animales en la costa de Villa Gesel.

(PBA) La zona cuenta con dos áreas AICA vecinas -la estancia Medeland y la zona de Mar Chiquita- por lo que las áreas de protección se unificarán de hecho y la región, ideal para ver en su hábitat natural a las aves, mejoraría en todo sentido tanto para los pájaros como para los vecinos y el turismo que disfruta de esa actividad no invasiva.

Los requisitos para que la Reserva del Faro Querandí área sea considerada AICA ya casi están cumplidos puesto que la bellísima monjita dominica, ave blanca y negra, y los gavilanes planeador, mixto y ceniciento, se encuentran allí mejor que en los campos con soja donde se arroja glifosato para evitar yuyos.

Como los gavilanes anidan en tierra, el veneno contra las plantas los afecta de manera directa, por lo que no sorprende el aumento de su número en la reserva de pastizales y dunas, junto al mar, donde deslumbran con su planeo perfecto sobre las olas o la arena.

El Faro y las 5.775 hectáreas que lo rodean y que constituyen la reserva de dunas más grande de América del Sur, fueron declarados Reserva Municipal en 1996 para conservar la flora y fauna del lugar.

Inaugurado en 1922 sobre la playa, a unos 5 km de Mar Azul y a 35 km de Villa Gesell, el Faro fue la primera construcción que hubo en esos terrenos y debe su nombre a las incursiones que hacían los indios querandíes hace varios siglos. Subiendo sus 276 escalones puede apreciarse la reserva en su total magnitud.

Allí no está permitido cazar pero sí pescar respetando la legislación vigente y a ésta se la puede practicar tanto desde la orilla como embarcado, en busca de corvina, pejerrey, gatuzo, brótola, cazón y pescadilla.

Para hacer el avistaje de aves conviene sumarse a algunas de las excursiones en 4×4 que salen del centro de la ciudad, ya que otro tipo de automóvil podría quedarse atascado en la arena.

Francisco González Taboas, de Aves Argentinas, explicó a Télam, que “una vez reunida la información sobre las especies en riesgo y el resto de la comunidad, más el análisis de la importancia de la región para una especie y el resto de la población, se eleva un informe a BirdLife International”.

Si la organización internacional proteccionista coincide con la mirada de los argentinos, el tema se resuelve en meses y de esa manera Argentina pasaría a tener 277 áreas AICA en su territorio, más del 12 % del total.

El especialista detalló que “esa zona es muy importante por varias especies, además de la lagartija de las dunas, por la monjita dominica, una especie de pastizal amenazada, al igual que el playerito canela, un ave migratoria que llega a nuestro país desde Alaska y Canadá”.

“Son aves de pastizales, que es precisamente, uno de los ambientes más amenazados de nuestro país, a causa de la expansión de la frontera agrícola”, dijo el experto.

“Extender el AICA hacia el mar daría más visibilidad a la Reserva para poder realizar mayores acciones de conservación. En la playa también se encuentran aves playeras amenazadas, como la gaviota cangrejera, el playero rojizo o el gaviotín golondrina, estos últimos también migradores de larga distancia”, contó.

“Además, la Reserva Natural Querandí, la zona de los pastizales costeros y las dunas de la provincia de Buenos Aires albergan mucha otra fauna, que aunque no esté amenazada, es importante desde el punto de vista turístico y educativo, como los gavilanes planeadores y cenicientos y el pecho colorado”, explicó.

Los gavilanes encuentran su mejor hábitat en la parte de pastizales, para anidar en tierra y cazar, ya que pese a su carácter depredador no son pescadores, y pocas veces atacan en la playa.

En la Reserva Querandí también se encuentran las lagartijas de la dunas y de Wiegmann, el zorro gris, el peludo, la ranita del zarzal; entre las aves, el ostrero común, el verdón, el tucu tucu y el playerito rabadillla blanca; y entre las plantas, el plumerillo, la orquídea de los bajos, la margarita de las dunas y la adesmia incana.

El avistaje de aves es una actividad que no requiere ser ornitólogo para desarrollarla ya que muchos aficionados la practican y se organizan en clubes que realizan viajes y excursiones con un libro sobre las especies del país, llamado guía de aves, un largavista y una cámara de fotos o de video.

Las 276 zonas AICA del país son ideales para la observación y en lugares como la Reserva Ecológica o los Bosques de Ezeiza, se ven halcones como el taguató, aguiluchos y gavilanes. Esos lugares son visitados semana a semana por avistadores cuyo número supera los 30.000 en el país. DD

Fuente: Télam

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