Buenos Aires, 27/03/2017

El mejor horario para comenzar a trabajar es las 4 de la mañana

Varios estudios apoyan el método popularizado por grandes ejecutivos que empiezan a trabajar de madrugada.

(CABA) Su despertador suena a las cuatro de la madrugada por elección, no por obligación. A esa hora no hay ruido ni real, ni social: el teléfono está mudo, las redes sociales desiertas y la mayoría aún duerme. La hora perfecta para empezar a trabajar, para ellos, es antes del amanecer. Una rutina laboral que cada vez gana más adeptos, que han rediseñado su horario para aumentar su productividad y ganarle horas al día.

Hace dos años, Filipe Castro, director de marketing de Prodsmart acusó un mal común: no tenía tiempo para nada. El trabajo devoraba parte de su día, y apenas quedaba espacio para el ocio, la familia, o el deporte. Así que, siguiendo los pasos de grandes ejecutivos como Tim Cook o el director de Starbucks Howard Schultz, se propuso el reto de levantarse a las 4:30 de la mañana durante 21 días. No para trabajar más horas, sino para trabajarlas mejor. Y funcionó: “Descubrí que desde entonces hasta las siete de la mañana no hay distracciones, como si nada ocurriese en el mundo. Eso me ayuda a concentrarme más y a ser más productivo, en esas horas resuelvo gran parte del trabajo del día”, explica. Después de algo más de dos horas trabajando, hace ejercicio y se incorpora a la oficina en torno a las 10, con el grueso de sus tareas realizado.

Este tipo de rutinas alejadas de los estándares llevan años creciendo en EE.UU., núcleo de los métodos de gestión del tiempo y la productividad. Cuentan con su propia literatura, infinidad de manuales, escuelas y gurús que con sus particularidades; coinciden en lo esencial. “Todos los estudios indican lo mismo: que la dos horas más productivas son las primeras del día, nada más llegar al trabajo, que suele ser de 9 a 11” resume Dan Ariely, catedrático de Sociología y Economía conductual en la Universidad de Duke (Carolina del Norte). Su propuesta pasa por adelantar ese inicio de la jornada a la madrugada, cuando las distracciones disminuyen y la sensación de aislamiento refuerza la concentración. Y la eficiencia.

Alondras y búhos

Según sus estudios, estamos profundamente equivocados respecto a nuestros hábitos: “La mayoría pensamos en nosotros mismos como más transnochadores de lo que realmente somos, creemos que somos más productivos de noche”, explica. Esto lleva a prolongar las jornadas hasta altas horas, lo cual no se traduce en más efectividad sino en más cansancio. El catedrático apela a la tradicional distintición entre “alondras” y “búhos” (la gente más activa durante las mañanas frente a la noctámbula). “En realidad, creer que rindes más por las noches es solo una ilusión”, dice. Mantiene que la madrugada tiene “un montón de atractivos” relacionados con la falta de distracciones, pero la mejor forma de sacarles partido no es trasnochar sino arrancando el día de madrugada.

Prolongar las jornadas hasta altas horas no se traduce en más efectividad, sino en más cansancio

Durante la mayor parte de su vida, Berto Pena se creyó un búho incurable, incapaz de ser productivo a horas más tempranas. El director de ThinkWasabi trabajaba hasta tarde pero sentía que no rendía. Hasta que empezó a aplicar las rutinas del gurú David Allen, basada en el método de Getting Things Done, y que también comparte la premisa madrugadora. “La seguí durante años y me dio resultado. Ahora ya no me levanto a las 4, sigo mis propios hábitos y método, porque hay un momento para cada cosa y las necesidades cambian”, explica. A las 6 de la mañana ya está delante del ordenador, entregado a las tareas más creativas y las que le requieren más concentración. Sin llamadas telefónicas, interrupciones o redes clamando atención. “Cuando la mayoría de la gente se incorpora al trabajo yo casi he cubierto la mitad de mi jornada. El día se aprovecha más, porque no faltan horas, lo que falta es organización”, agrega.

La investigación más reciente a este respecto corresponde al psicólogo Josh Davis, director de investigación en el NeuroLeadership Institute, publicada la pasada semana en The Wall Street Journal. Sus resultados no solo secundan las tesis de los beneficios de iniciar la jornada temprano, sino que además dice haber descubierto la hora idónea para poner el despertador: las cuatro de la madrugada, la nueva hora bruja.

La importancia del entorno

Victor Martín, consultor de la agencia Young Media, se levanta a las cinco, pero no se pone a trabajar inmediatamente. “Primero, medito una hora. Reconecto conmigo mismo y hago visualizaciones. Sé que suena un poco a monje, pero para mi nivel de concentración es fundamental. Después ya conecto con el mundo y empiezo a trabajar. Es algo que hace cada vez más gente”, explica. Él también sufrió un cambio de hábitos hace algunos años, motivado por una circunstancia familiar que le obligó a replantear su horario. Realizó una de las dietas del sueño de Uberman, de las menos radicales, consistente en dormir cuatro horas y media por la noche y completar el ciclo con dos siestas de 20 minutos a lo largo del día. “Había que ser muy escrupuloso, tenían que ser exactamente esos minutos o todo se iba al traste”, recuerda. Aunque le satisfacía, los viajes y el jet lag le impidieron continuar: “Y eso que era la menos estricta de estas dietas, que yo creo que poca gente consigue mantener” comenta.

Pero además del período de aclimatación (que Víctor sitúa más en los 66 días que en los 21 tradicionales) el entorno es fundamental. “He tenido que reeducar a quienes me rodean laboralmente para que me contacten cuando puedo ser contactado, porque las llamadas de teléfono son ladrones de tiempo brutales”, explica. Como la mayoría de seguidores de este tipo de rutinas, Víctor programa sus correos electrónicos para no enviarlos a horas intempestivas y se acuesta temprano, otro de los pilares del método. Sus seguidores duermen entre 6 y 7 horas de media y aseguran que su vida social no se ha visto perjudicada. “Yo no sé si es un mito lo de las 8 horas de sueño, pero yo he rendido y rindo durmiendo menos”, subraya Berto Pena.

“Tú eres tu hábito, no al revés. No existe tal cosa como la predisposición”

A pesar de ello, son conscientes de que este tipo de métodos pueden no ser universalmente válidos: “En trabajos como el mío, con más flexibilidad, es más sencillo. Y eso no todos lo tienen. Pero también es cierto que todo el mundo puede intentar levantarse antes, que es algo que muchos ni intentan y tiene muchos beneficios”, opina Filipe. Aunque cada vez más directivos norteamericanos – y también figuras como Michelle Obama- con frecuencia apelan a este tipo de rutinas como clave del éxito, aún son pocos los CEO españoles se suman a la tendencia. “Las sociedades tienen sus propias particularidades culturales, pero la sociedad no es siempre el mejor ejemplo a seguir”, opina el empresario portugués. “Yo no trato de convencer a nadie de que se levante a las 4.30 también, solo digo que cada uno debe buscar sus mejores rutinas y adaptar su vida a ellas, no seguir las rutinas que la sociedad marca”, apostilla.

Al final, todo se trata de una cuestión de hábitos y de la flexibilidad de estos. “Tú eres tu hábito, no al revés. No existe tal cosa como la predisposición”, dice Victor, que antes de recolocar sus horarios también creía que era un ave nocturna. “Son los hábitos los que tienen que estar a tu servicio, no al revés. A mi no me importa levantarme a tal hora, sino lo que consigo con ello”, explica Berto Pena. En lo que coinciden todos es las repercusiones positivas de haber adelantado unas cuantas horas la alarma del despertador: dicen ser más productivos, pero también estar más descansados y con más tiempo disponible para todo lo que no es trabajo. Lamentablemente no hay fórmulas mágicas ni un esquema fijo e infalible. Tampoco horas brujas: “No es que seamos más productivos a las 4 de la mañana, es que el entorno en sí mismo lo es”, concluye Dan Ariely. Se trata de recolocar el puzzle para hacerlo encajar.

S.C.

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