Buenos Aires, 22/10/2017, edición Nº 1803

Mauricio Macri: “La hora cumbre de mi día es cuando vuelvo a casa y me meto en la bañera con Antonia”

Junto con Juliana Awada, el jefe de Gobierno porteño abrió su corazón en una cálida entrevista con la Revista Hola. Antonia, su beba de ocho meses, le da vida como “padre abuelo”. (Ciudad de Buenos Aires – Revista Hola) Hay miradas cómplices, gestos cargados de ternura y, de repente, una imagen que quedará retratada en exclusiva para ¡Hola! Argentina transforma por completo la plomiza mañana del domingo. Antonia, la más...

Junto con Juliana Awada, el jefe de Gobierno porteño abrió su corazón en una cálida entrevista con la Revista Hola. Antonia, su beba de ocho meses, le da vida como “padre abuelo”.

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(Ciudad de Buenos Aires – Revista Hola) Hay miradas cómplices, gestos cargados de ternura y, de repente, una imagen que quedará retratada en exclusiva para ¡Hola! Argentina transforma por completo la plomiza mañana del domingo. Antonia, la más pequeña de la casa, sabe cómo hacer para que Mauricio Macri (53) y Juliana Awada (38) mueran de amor con tan sólo mirarlos a los ojos y sonreírles con la boca tan grande como se lo permiten sus mejillas regordetas. Es un momento especial para el actual jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Y no es para menos. Para él, los festejos por el Día del Padre empezaron el sábado a la noche cuando sus tres hijos mayores Agustina (30), Jimena (26) y Francisco (23) lo visitaron en su casa de fin de semana para comer en familia.

Tan sólo unas horas después, sentado en el gran living que da al parque, Mauricio se dispone a la charla con la “princesita de la familia” sentada en su falda. Y ahí está, feliz, pidiendo –medio en serio, medio en broma– un babero, pero no para Antonia, sino para él.

–¿Cómo estás viviendo esta “nueva paternidad”?

–¡Esto es todo! Le agradezco a Dios haber conocido a Juliana y tener la oportunidad que me da la vida de ser una especie de “padre-abuelo”. [Ríe.] Antonia tiene que ver con la velocidad con la que vivo, que me permite combinar el ímpetu juvenil con la madurez que me dieron los años. Volver a ser padre a los 53 me hace ver las mismas cosas que cuando nació mi primera hija, pero desde un ángulo totalmente distinto.

–Tu hija mayor, Agustina, tiene 30 años…

–[Piensa.] ¡Y Antonia, 8 meses! Es una diferencia increíble, un largo camino recorrido, ¿no? Agus es mi “AM 1” [por Agustina Macri] y ahora ya tengo mi “AM 2” [por Antonia Macri].

–¿Y qué cambió con Antonia en relación con tus primeros hijos?

–El amor es el mismo porque amo con locura a mis cuatro hijos por igual. Lo que se modificó fue mi capacidad de percibir y disfrutar de la paternidad. Cuando nacieron mis primeros hijos no me animé a participar del parto de ninguno de ellos y me daba miedo alzarlos cuando eran muy chiquitos porque creía que no tenía la suavidad o la delicadeza suficientes para hacerlo. Con Antonia, desde que la saqué de la panza de su mamá y la llevé para que la pesaran, nunca más la solté. A partir de eso, nació otra manera de vivir estos primeros momentos, donde antes los padres quedábamos relegados a un segundo plano. Las nuevas generaciones de padres están mucho más presentes y con Antonia entré en esta nueva movida. [Ríe.]

–¿Cómo se traduce esta presencia de la que hablás en el día a día?

–La hora cumbre de mi día es cuando vuelvo a casa, tipo 8 de la noche, y me meto en la bañera con Antonia. ¡Se detiene el mundo para mí! No hay más conflictos, ni problemas, es un espacio de alegría y conexión única. A la mañana también tenemos nuestros momentos, porque cuando regreso del gimnasio ella justo se está despertando. Mientras yo me ducho, ella juega en el piso del baño y cuando me cambio, la siento en uno de los cajones de mi vestidor… Quiero disfrutar hasta el último segundo con ella. El único problema que me trajo Antonia es que siempre fui un tipo muy puntual y ahora me hace llegar tarde a todos lados.

–¿Qué sentís que te enseñaron tus hijos?

–Mis hijos ayudaron a modernizarme y adaptarme a los cambios, a las nuevas formas de comunicación, a ser más directo y sintético. También me enseñan a disfrutar más y hasta me obligan a hacerlo. Ellos son muy activos, tienen muchas inquietudes y eso me hace entender lo que hoy por hoy moviliza a los jóvenes. Mis hijos están muy relacionados con la pintura, con la música y me conectan con una sensibilidad que muchas veces no tiene la política pura. No trabajar con ellos –una decisión que tomé yo– nos lleva a que cuando estamos juntos tengamos encuentros muy humanos. Siempre busco que exista ese espacio entre nosotros.

–¿Qué es lo que más disfrutás de hacer con ellos?

–Todo lo que pueda, porque para mí es un momento único cuando logro juntarme con mis cuatro hijos, y Antonia ha ayudado mucho a eso porque ahora los mayores me visitan más que antes. Estamos todos excitados y tremendamente felices con la llegada de esta beba. ¡Todos como locos con el “chiche” nuevo! [Carcajada.]

–¿Cómo es Antonia?

–Es la reina del buen humor, siempre tranquila. La mamá es una hechicera… Imaginate lo que es esta hechicerita. Está siempre regalando sonrisas por ahí a todo el mundo.

–¿Cómo te definirías en tu rol de padre?

–En este momento soy el papá más baboso del planeta. Antonia me tiene muerto de amor. Me cuesta mucho poner en palabras lo que siento, es algo increíble.

–¿Qué cosas que tus padres hicieron con vos y que juraste no repetir con tus hijos te encontrás haciendo ahora?

–Yo no me quejo de mis padres. La verdad es que recibí mucho amor de ellos y siento que soy un afortunado por eso. Claro que hay algunas cosas que me juré no hacer con mis hijos y lo estoy cumpliendo.

–¿Por ejemplo?

–Darles más espacio, poder escucharlos más, no querer imponerles algunas cosas, sino, en algún caso, tratar de convencerlos de aquello que yo creo que es mejor para ellos. En definitiva, se trata de darles una opinión sin que se sientan invadidos. Creo que eso es fundamental para una relación sana entre padres e hijos.

–En este día tan especial, ¿qué deseo pediste para tus hijos?

–Que puedan ser felices y que sean buena gente. Y no tengo dudas de que van por ese camino. Tengo unos hijos maravillosos, muy sencillos, muy cálidos.

–¿Qué tal es Juliana como mamá?

–Ella es lo más en todo. No puedo ser objetivo con Juliana y tampoco me interesa hacerlo. Es la mejor mujer que existe en este planeta y punto. ¿Qué más puedo decir?•

Texto: Sebastián Fernández Zini

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