Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Masacre de Flores: Matías Bagnato teme que le den salidas transitorias al asesino

Fructuoso Álvarez González asesinó a toda su familia incendiando la casa mientras dormían. Ahora, pide salidas transitorias.

(CABA) Fructuoso Álvarez González asesinó a toda la familia de Matías Bagnato, incendiando la casa mientras dormían, el 17 de febrero de 1994, en lo que se llamó Masacre de Flores. Era su venganza por una deuda. En el incendio, murieron los padres de Matías, sus dos hermanitos menores y un amiguito que ocasionalmente dormía allí. Meses antes del crimen, había agredido a la abuela de Matías, en un hecho de ribetes siniestros.

El asesino no sólo no se arrepiente de haber quemado vivas a cinco personas, entre ellas tres niños, sino que en cada oportunidad que tuvo amenazó al único sobreviviente de su crimen. Ahora, pide salidas transitorias.
El juez de Ejecución Penal se las negó, pero el fallo fue apelado y ahora la decisión está en manos de una de las nuevas Cámaras de Casación creadas por el Gobierno.

“¿Dónde están mis derechos?”, se pregunta Matías en diálogo con Infobae.” ¿Es justo que yo haya tenido que vivir 21 años con miedo y mendigando justicia? Está en riesgo mi vida y la de mi abuela”.

Fructuoso Álvarez González fue condenado a perpetua por el múltiple homicidio. En 2004 le permitieron completar su condena en España.

“Como nadie de la justicia argentina controló nada –cuenta Matías–, España lo dejó libre en base a un error en el expediente: la fecha del homicidio estaba mal anotada –1990 en vez de 1994–. Eso le restó años y en el 2008 lo dejaron completamente libre”.

Cuando vuelve a Argentina, migraciones lo demora porque en el sistema estaba registrado que debía estar cumpliendo condena. Acá interviene el inefable juez de Ejecución Penal Axel López, célebre por su propensión a violar el sentido común liberando a delincuentes reincidentes y peligrosos –entre ellos, varios violadores seriales y asesinos que volvieron a delinquir. Migraciones le envía un oficio a Axel López, quien nunca lo respondió, por lo tanto lo dejan ingresar al país.

Matías Bagnato se enteró de que el múltiple asesino estaba libre, el día que el teléfono sonó en su casa, de madrugada, a la misma hora del incendio, 15 años antes. Al otro lado de la línea, Fructuoso Álvarez González lo amenazaba de muerte.

Durante todo el tiempo que estuvo prófugo, el asesino lo llamaba constantemente, siempre de noche, distorsionando la voz, como en 1994. “En el año y medio que tardaron en arrestarlo estuve prácticamente sin salir de mi casa, con custodia permanente“, recuerda Matías.

Un nuevo juez de Ejecución, José Pérez Arias, fue designado en lugar de Axel López –que atravesó un juicio político aunque no fue destituido-. “Gracias a Dios me mantiene informado de todo, aunque como bien sabemos en la ejecución penal la víctima no es parte“, dice Matías Bagnato.

Y cuenta: “Quince días después del jury a Axel López, Pérez Arias me convocó y me dijo que si bien yo no formaba parte de la causa, nada le impedía tenerme al tanto. Y así lo hizo. Hace un mes, me avisó de que el asesino de mi familia había pedido salidas transitorias”.

Aunque por el tiempo de condena cumplido, está habilitado para pedir las salidas transitorias, los informes psicológicos, socioambientales y de criminología son lapidarios. Vale la pena verlos en detalle.

La sección asistencia social se expidió de manera desfavorable. La finalidad de las salidas transitorias es fortalecer los vínculos familiares del detenido, por lo que debe haber una o más personas con las cuales éste tiene relación y que quedan como garantes de que el reo va a residir con ellas. Pero Fructuoso Álvarez González presentó a una sobrina que nunca lo visitó en el penal por lo que asistencia social determinó que no existe ningún vínculo a fortalecer.

“Se observa en su discurso conducta y acciones manipuladoras tendientes a lograr su beneficio personal por sobre el compromiso y el vínculo con el otro“, dice por su parte el informe elaborado a partir del tratamiento psicológico que el detenido recibe en prisión.

En consecuencia, Pérez Arias rechazó de manera categórica la concesión de las salidas transitorias. Pero el abogado del múltiple asesino apeló, por lo que el juez se vio obligado de elevar el pedido a Cámara.

La decisión está ahora en manos de una de las Cámaras de Casación que el gobierno creó recientemente. Se trata de la Cámara de Casación Penal en lo Criminal y Correccional que sólo atiende temas de Ejecución Penal, por lo que suele expedirse con relativa rapidez. El legajo fue elevado hace 20 días.

Uno de los integrantes de la Cámara es Eugenio Carlos Sarrabayrouse, uno de los jueces postulados por Cristina Kirchner para integrar la Corte Suprema. Los otros dos presidentes de la Cámara son Pablo Jantus y Horacio Leonardo Dias.

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Que Fructuoso Álvarez González no está arrepentido no es un secreto para la justicia ni es un prejuzgamiento. Su excarcelación implica una amenaza. “Si ya me tenía bronca antes, ahora con todo lo que yo hice para evitar que lo liberen, se pueden imaginar…”, piensa en voz alta Matías.

“Con estas cosas, continuamente me los matan de nuevo –agrega, evocando a su familia-. Mi abuela, con 87 años, revive todo… Está aterrada, no duerme, me dice que no tiene miedo por ella, sino por mí, soy todo lo que le queda”.

La buena noticia es que la Corte Suprema de Justicia confirmó el nuevo cómputo de la condena, descontando los años que Álvarez González estuvo prófugo. Esto había sido apelado. Pero ahora la Corte confirmó la condena a perpetua. Sin embargo, y aún si Casación le niega las salidas transitorias, Matías Bagnato no tendrá paz. Como la ley argentina fija un límite a la perpetua, el hombre que quemo vivos a tres niños de 9, 11 y 14 años podrá pedir la libertad condicional en octubre de 2016.

La agresión a la abuela
Matías recuerda algo que pasó unos meses antes del asesinato de su familia, y que permite hacerse una idea de la clase de persona que es Fructuoso Álvarez González.

Vale aclarar primero que el asesino era pariente político de los Bagnato. Estaba casado con una prima de José, el padre de Matías. Asistía a fiestas familiares y hasta compartieron algunas vacaciones. Cuando a José Bagnato le empezó a ir mal en la fábrica de zapatillas que tenía –Rainbow- y pensó en cerrar, Fructuoso Álvarez González le ofreció ayuda. Fue una sociedad de palabra que duró menos de un año. Puso dinero y retiraba cheques. Hasta que empezó a reclamar una deuda que efectivamente existía pero no era del monto que él alegaba.

Unos meses antes del incendio, Álvarez González citó a la abuela de Matías para discutir el monto de la deuda reclamada. La mujer asistió a la reunión con ánimo de componer las cosas. Lo que sucedería en ese encuentro era inimaginable y un funesto anticipo de la masacre. Fructuoso Álvarez la esperaba con un abogado y quiso hacerle firmar un documento reconociendo una deuda muy superior a la real. Como ella se negó a firmar, él empezó a tirarle de los cabellos y a golpearla en la cara. El abogado aconsejaba: “No le pegues fuerte, no le dejes marcas”. Como ella no cedía, la obligó a aspirar cocaína.

En ese momento, bajó las escaleras la esposa de Fructuoso y le rogó: “A la tía no le hagas eso”... Él replicó: “Subí porque si no te mato a vos y a tu hija”. Ella no tuvo más remedio que obedecer.

La siguiente presión a la abuela de Matías fue la vejación sexual: Fructuoso Álvarez González se bajó los pantalones y refregó sus genitales contra la cara de la mujer obligándola a tocarlo.

Afortunadamente, la esposa atinó a llamar a la casa de su primo para avisarle lo que estaba pasando. Los padres de Matías llegaron corriendo y él hombre se escapó. La familia Bagnato hizo la denuncia en la comisaría 45.

Fue entonces cuando Fructuoso Álvarez González empezó con sus amenazas: “Levanten la denuncia porque los quemo a todos”.

En la mañana del 16 de febrero, la abuela de Matías viajó a Mar del Plata. Esa noche, uno de sus hermanos invitó a un amiguito a dormir en la casa: estaba libre la cama de la abuela.

En la madrugada del 17 de febrero Fructuoso Álvarez González cumplió su amenaza, incendió la casa con toda la familia adentro. Sólo Matías, que entonces tenía 16 años, pudo escapar, ayudado por los vecinos, porque su ventana no tenía rejas. Todos los demás murieron: sus padres, José, de 42 años, y Alicia, de 40; sus hermanitos, Fernando, de 14 y Alejandro de 9, y el amiguito que dormía allí, Nicolás Borda, de 11 años.

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Fuente: Infobae

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