Martín Caparrós va tras los pasos del origen de la literatura con...

Martín Caparrós va tras los pasos del origen de la literatura con su novela “Echeverría”

(CABA) Martín Caparrós se cruzó con Esteban Echeverría de casualidad. A fines de 2014, estaba en México como invitado de una editorial que presentaba una colección de textos clásicos, entre ellos, “El matadero”. Caparrós pensó: “Creo que no leo este libro desde el colegio”. Un segundo después, reflexionó con una mueca irónica en la cara, algo escondida por su peculiar bigote: “Otro de esos libros arruinados por la escuela”. (Egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires, seguro que por la cabeza también se le cruzó “Juvenilia”, de Cané). Pero por algo es cronista y “El matadero” le pareció “una gran crónica”. Es más, le pareció que era “la primera gran crónica de la Argentina”. Descubrió, comprendió, entendió que Esteban Echeverría (1805-1851) sería el personaje de su siguiente novela: “Echeverría”, su último libro, no es una biografía, ni una novela histórica, es, simplemente, una novela sobre un personaje que le interesó. Un personaje que, a su manera, contribuiría a construir “La Patria”. Recién nacida tras los sucesos de 1810 y 1816, a la Argentina le faltaba todo para ser una “Nación”. Y Echeverría se dio la modesta misión de inventar una literatura nacional.

-¿Qué es la patria?
-Para mí, la patria es el lugar donde voy al dentista. Pero creo que para esta gente, había otras definiciones posibles, sobre todo, porque la agarraban en un momento en que necesitaban definición. Su patria tenía veinte años, acababa de nacer de algún modo y estaba desprovista de casi todo, en términos de identidad, de cultura. Estaban en ese momento en que tenían la obligación de darle a esa patria características que después la definirían. Me parece que eso es muy interesante: cómo a un tipo se le puede ocurrir la idea de inventar una literatura argentina porque no existía.

-No había nada “argentino”.
-Creo que hay una diferencia muy importante con otros países latinoamericanos, que estaban más o menos en la misma situación. La mayoría de los demás no rechazó la herencia española de la manera en que este grupo porteño lo hizo. Entonces, colombianos, peruanos y otros tenían una base más sólida, seguían retomando o aceptando ese linaje español, que acá rechazaban radicalmente. Eso está expresado en algunas cartas y documentos de la época, pero tampoco hay tanto. Como no nos mantuvimos en esa tradición, el trabajo de invención de una tradición es más acuciante.

-¿Es todo un gran relato?
-Claro, acá había un propósito deliberado de construcción de un relato para armar esa patria. Acá no había nada, había que inventarlo todo.

-¿Pero no es algo que construimos ahora mirando para atrás?
-Bueno, ahora sí, cada uno arma su tradición y su linaje. Pero en ese momento no había nada y lo que había lo rechazaban y lo tuvieron que inventar. Lo curioso es que viniendo de intelectuales el contenido que tuvieron que darle para que fuera “argentino” era lo contrario, era la supuesta barbarie del salvaje y el gaucho y la naturaleza. Intelectuales argentinos intentando pensar su país y chocando con su país.

-¿Qué otros relatos hacen patria?
-Hay otros relatos patrióticos históricos, como Malvinas, la gesta sanmartiniana y ahora está de moda Belgrano como prócer incorrupto, el prócer pobre. Como todo relato patrio, va cambiando según el momento. Pero, por encima de todo, está eso de cómo conseguimos pensar que la patria es algo inmanente e inmutable cuando es lo más claramente construido. Por qué es patria Misiones y no es patria la ciudad de Encarnación, en Paraguay, que está ahí cerca. Es inentendible.

-No lo vivimos como un invento.
-No. Lo vivimos como natural. Las patrias son un gran invento. Lo curioso es que son como esencias eternas, cuando son cosas que empezaron hace 200 años. Hay una inmanencia, como que las cosas son más allá de su historicidad. Todo el trabajo de construcción cultural en los últimos 200 años en América Latina consistió en crear diferencias donde no las había. Nos quejamos de la desunión latinoamericana, pero hay todo un trabajo desde 1810 de crear esa desunión, de postular que si estabas de este lado de la frontera eras muy distinto a ese otro del otro lado de la frontera y por lo tanto había que inventar un montón de características que justificaran esa situación. Trabajamos mucho para crear esa desunión.

-Y “El matadero” es un mojón.
-Me parece que representa la contradicción argentina, la pelea de la clase media, media-alta, con la clase baja o bárbara. Por eso decía que Echeverría para poder hacer un relato de lo argentino tuvo que recurrir a aquellos que de algún modo están escondidos en su esfera social. Y eso que era un tipo que conocía bien el campo, tampoco era un tipo rico, era una clase media urbana, no tenía ningún linaje.

-¿Algo te llamó la atención?
-Sí, esas discusiones entre jóvenes cultos y antirrosistas que decían que la Argentina era una buena productora de materia prima agraria, pero que lo que tenía que hacer era agregarle valor. Resulta que 170 años después seguimos diciendo lo mismo, es muy impresionante. Parece el país calesita, siempre dando vueltas sobre lo mismo. NR

martin-caparros-echeverria2