Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Marta Minujín y su app para encontrar el alma gemela

La artista cerró la primera Bienal de Performance con una acción basada en una aplicación que se asemejó a un encuentro de Tinder

(CABA) En una época en la que gran parte de la vida de las personas transcurre en el mundo digital, Marta Minujín decidió cerrar la primera Bienal de Performance con una obra que se asemejó a un encuentro de Tinder. La artista propuso que aquellos que quieran participar de la acción descarguen la aplicación Marta Minujín, respondan cinco preguntas para conocer su alma, vean cuántas almas gemelas tenían alrededor y vayan a encontrarse con esas almas al Puente de la Mujer el sábado 4 de julio.

El arte contemporáneo suele pedirle mucho a los espectadores. La obra física queda relegada al concepto, la idea detrás. Pero las pretensiones de Minujín fueron un poco más allá del desgaste mental: los participantes tenían que ir al Puente vestidos completamente de blanco, con un espejo en una mano y el teléfono con la imagen de su alma en otra.

El encuentro estuvo lejos de lo que la artista pretendía. Poca gente estaba vestida de blanco, muchos estaban de paso y otros ni si quiera entendían qué sucedía. No entendían por qué cada cinco minutos una voz rasposa decía: “Todavía podes bajarte la aplicación Marta Minujín desde la App Store o de Google Play para conocer tu alma”. Había cámaras, periodistas, turistas, curiosos. Pocos performers.

Una música étnica, que le deba un toque de misticismo a todo, recorría el puente de punta a punta. Los extremos del puente estaban custodiados por bellas damas que, vestidas de rojo, tenían iPads para que aquellos que se acercaran y quieran participar puedan hacerlo. Las chicas sonrientes les leían las preguntas, las personas respondían y cuando veían cuál era el color de su alma las promotoras de la Bienal de Perfomance les pegaban un sticker del mismo color que la imagen que salía en el iPad. Además les daban un espejo para que puedan participar con el kit entero.

La música mística dejó de sonar un momento. La voz de Marta dijo: “Ahora buscá a tus almas gemelas”. Tímidamente algunos empezaron a moverse en busca de quienes tengan el mismo color de alma. Se empezaron a formar rondas, algunos más relajados se abrazaron con sus almas gemelas y gritaron “Arte arte arte arte”. Aquellos que imaginaron el gran abrazo popular entre los grupos de almas se sintieron decepcionados.

Camperas de cuero, tapados de piel, botas, cinturones con hebillas sofisticadas. Esos detalles sí eran blancos. Abogados, arquitectos, diseñadores gráficos, algunas de las profesiones de quienes estaban allí. Un grupo de gente (que seguramente no terminaba de entender bien de qué iba la cosa) unida por la expectativa por ver a Marta llegar en un helicóptero para tirar pétalos de flores.

Marta llegó, vestida de negro, y tiró pétalos desde el helicóptero, pero no al puente sino en el canal de Puerto Madero. Mientras volaban pétalos de flores la voz de Marta en off decía: “Ahora, respirá y disfrutá de los pétalos”.

Un minuto y medio después no había Marta, ni performance, ni arte. Sólo había fotógrafos frustrados porque lo efímero de la obra no los dejó sacar buenas tomas.

Cuando todo terminó, sólo quedaron en los participantes las ganas de tener pétalos perfumados en sus casas así que muchos se agacharon a juntarlos. Otros prefirieron tomar selfies, mandar tuits y audios de whatsapp contando la hazaña. Marta ganó. Realizó una performance que empezó en el mundo digital y terminó en el mundo digital. De eso se trata su arte, arte, arte, arte.

minujin

Fuente: Rolling Stone

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