Buenos Aires, 24/08/2017, edición Nº 2083

María Cher, de las calles de Palermo a la pasarela

(CABA)Tenía entre 10 y 11 años y un circuito fijo por las calles de Palermo: Scalabrini Ortiz, Cerviño, Salguero y la vuelta. Dos veces por semana visitaba los negocios de moda de lo que entonces era el centro comercial del barrio –Tube’s, John L. Cook, Via Vai, Cemento y Peter Flowers– y escuchaba como las vendedoras, que ya la conocían por su nombre, le repetían que todavía no había ropa...

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(CABA)Tenía entre 10 y 11 años y un circuito fijo por las calles de Palermo: Scalabrini Ortiz, Cerviño, Salguero y la vuelta. Dos veces por semana visitaba los negocios de moda de lo que entonces era el centro comercial del barrio –Tube’s, John L. Cook, Via Vai, Cemento y Peter Flowers– y escuchaba como las vendedoras, que ya la conocían por su nombre, le repetían que todavía no había ropa para ella. “Ya en 7mo. grado empezaba a encontrar alguna cosita, y después en la secundaria me la pasaba ahí”, recuerda María Cherñajovsky, para todos, la diseñadora y empresaria María Cher.

¿Y después?

Siempre fui muy de Palermo Viejo. A los 21 empecé a vivir por la zona. Y después puse mi primer local ahí, en Uriarte y Honduras, un poco antes de que explotara el barrio.

¿Qué tenía esa zona? ¿Por qué se volvió tan atractiva también para la moda?

Siempre tuvo una cosa muy pintoresca, entre las casonas antiguas, los PH, todo eso, tan argento, ¿no? Y a la vez está muy cerca de muchos puntos de la Ciudad, para un lado y para el otro. Las alternativas eran avenidas como Santa Fe o Cabildo, lugares con otro movimiento. Palermo tiene otro actractivo, es como un shopping a cielo abierto porque la cantidad de propuestas que hay es muy grande, es un paseo.

¿Por qué se dio este crecimiento de la moda en los últimos años?

Creo que forma parte de un proceso natural que se da en todo el mundo y tiene que ver con el valor del diseño en la vida de todos nosotros. También porque el argentino tiene una búsqueda conceptual, estética, intelectual. Los sitios de Internet, las publicidades, todo empieza a tener cada vez más valor estético y más diseño.

Dice que, en general, las argentinas tienden a la sobriedad al momento de vestirse. “Creo que también hay algo de equilibrio entre lo sensual y lo práctico. Un poco nos gusta pero a la vez es práctica, no es que la mujer argentina se clava unos tacos altísimos para ir a trabajar como se ve en algunos países, es más relajada, está aceptado esta cosa de estar cómoda. Inclusive a veces me da la sensación de que provoca más miedo estar demasiado arreglada que al revés”, expone. Y sigue: “Por otro lado, siento que en estos últimos años sí hay un permiso para ir jugando un poco más con la ropa. Eso también tiene que ver con el diseño, te va entrando y cada uno lo agarra de acuerdo a lo que va sintiendo. Algunas personas se divierten mucho con lo estético aunque no se dediquen a temas relacionados con el diseño”.

¿Cómo sos para mirar moda? ¿Qué cosas te llaman la atención?

Siempre estoy mirando. En general me llama más la atención la actitud de la gente que la ropa. Y eso me dispara cosas. Pero no sólo me dispara la ropa de moda, también la ropa de trabajo, los skaters, los rockeros que van caminando por la calle con su estilo. También libros y décadas y mujeres de la historia, después todo se va juntando y te tenés que ir abriendo de eso, porque el producto necesita otra cosa, si no te cerrás mucho para una marca como la mía, que tiene 600 artículos.

Hace seis años empezó a organizar los encuentros Mujeres que inspiran, un ciclo de charlas que convirtió en libro con Carla Czudnowsky. “Es un proceso que viene desde hace años, a partir del intento de meter en las campañas ideas y temas sociales. La devolución que teníamos en los focus group era que no interesaba mucho esa temática. Las clientas esperaban mensajes más de moda, aspiracionales, otra cosa”, cuenta. Intentó sumar contenido social sin llegar a temas tan duros como el aborto o la violencia. “Busqué la vuelta con mujeres de otras edades, con un casting en la calle, siempre tratando de mostrar otro modelo de mujer, algo que fue siempre mi contradicción interna con la moda”, avanza. Pero tampoco funcionó. Entonces optó por generar otro espacio para ese intercambio. En cada encuentro, unas mil personas se reúnen a escuchar a cuatro mujeres –desde Narda Lepes hasta Estela de Carlotto– que comparten su experiencia. “Buscamos que sean vivenciales, mujeres militantes de ideas, que tienen una búsqueda y un trabajo que impacta en los demás. Y la misión de cambiar algo en la sociedad”, describe. Se suma la venta de remeras temáticas a beneficio de las fundaciones que las acompañan. Que las inspiran.

Fuente: Clarín

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