Buenos Aires, 26/09/2017, edición Nº 1777

Marcelo Araujo: el relator del relato

Es la cara visible del programa oficial Fútbol para todos, pero antes apoyó a la dictadura, se fanatizó con el menemismo, apoyó a Duhalde y festejó con Macri. (Ciudad de Buenos Aires) Si de pibe sos de Atlanta, de grande no podés hinchar por Chacarita. Es una regla. Y si la rompés, bancate que en el barrio te acusen de vendido, de traidor y de unas cuantas cosas más. Sólo...

Es la cara visible del programa oficial Fútbol para todos, pero antes apoyó a la dictadura, se fanatizó con el menemismo, apoyó a Duhalde y festejó con Macri.

(Ciudad de Buenos Aires) Si de pibe sos de Atlanta, de grande no podés hinchar por Chacarita. Es una regla. Y si la rompés, bancate que en el barrio te acusen de vendido, de traidor y de unas cuantas cosas más. Sólo Maradona pudo salir indemne de semejante travestismo: en el ‘81 pasó a Boca y sepultó veinte años como hincha de Independiente. Pero es el Diego. Ahora, si el que se puso más camisetas que el Tweety Carrario es la cara visible del fútbol oficial la cosa cambia. Se trata del ex procesista, ex menemista, ex duhaldista, macrista y kirchnerista Marcelo Araujo. El Relator del Pueblo. La voz nacanpop del Fútbol para Todos. Uno de los casos más notables de flexibilidad ideológica. Si pudieran, en TVR se harían un picnic.

Lo que vino. Además de tener un pasado a pedir de archivo, la última temporada de Marcelo Araujo fue movidita. Perdió la pulseada contra Mariano Closs y se quedó afuera del relato de la Selección, bajó a los clásicos Tití Fernández y Marcelo Benedetto de los campos de juego de los partidos principales, se tuvo que bancar que le cambiaran a Julio Ricardo, su comentarista, por Fernando Pacini, y hasta se ganó el repudio de San Lorenzo porque cuestionó al aire de manera despectiva la vuelta a Boedo. En fin, el presente turbulento de Araujo es acorde a una historia oportunista.

El desplazamiento de la cabina de transmisión cuando juega el Seleccionado ocurrió en octubre de 2011, días antes del Argentina-Chile por las Eliminatorias. A pesar de la buena relación de Araujo con Don Julio, la decisión tuvo el sello K, y hasta circuló la versión de que Cristina fue la que le había bajado el pulgar porque pretendía gente más joven. El cambio de Pacini por Julio Ricardo fue otra decisión que se tomó fuera de las oficinas de FpT y que el relator tuvo que aceptar. Desde entonces, los partidos más importantes de la fecha están privados de una memorable dupla: el relator que cada tanto acierta el nombre de algún jugador que no sea de Boca y el comentarista para el que todo sucede “naturalmente”.

El caso Tití-Benedetto es bien araujiano. Dos clásicos del campo de juego se quedaron afuera justo antes de otro clásico: River-Boca. Los dos periodistas que más horas de sus vidas pasaron junto a los bancos de suplentes ahora tienen que mirar por la tele el partido más importante de cada fecha. Fiel a su estilo personalista, Araujo tomó la decisión con la impronta que impuso en FpT: sin consultar a nadie. Y eso que Tití, el mismo que hace cinco años ganó Cantando por un sueño, dice que son amigos.

La historia con San Lorenzo es fresquita, pero tratándose de Araujo bien podría haber ocurrido durante los 90, o después. Así como siempre maltrató al aire a sus compañeros de trabajo, así como se burló de muchos de los rivales de la Selección, hace menos de dos meses necesitó apuntar a los hinchas del Ciclón que a través de un fideicomiso compran metros cuadrados del predio de Avenida La Plata. ¿Por qué no compran palcos y plateas en vez de comprar metros?, se quejó Araujo antes del último Boca-San Lorenzo. Los integrantes de la Subcomisión del Hincha, que impulsó el proyecto Vuelta a Boedo, se molestaron, obvio. Entonces sacaron un comunicado en el que repudian la frase, hablan de falta de respeto y recuerdan que durante los 90 Araujo insistía en bautizar como Fernando Miele al estadio que en realidad nunca dejó de llamarse Pedro Bidegain.

¡Lo que te devoraste! Tal vez el gran mérito de Araujo frente al micrófono es que tinellizó el relato con frases pícaras, populares y de doble sentido. ¿Hoy no piensan mojar? Encontró ese tono que genera sonrisas cómplices y rating fácil. O al revés, da lo mismo. ¡Se te salió, hermano, a veces pasa! Tomó el fútbol, lo condimentó con lenguaje tribunero y le sumó un par de chistes fáciles: una fórmula demoledora. Así, el relator que arrancó con la dictadura, se asentó en los 80 y brilló durante el menemismo, llegó a ser el relator estrella de la era K. El hincha de Atlanta, al final, rompió la regla y gritó por Chaca. Cualquiera podría decir que, como Groucho, tiene otros principios.

(Fuente: Diario Perfil)

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