Buenos Aires, 23/11/2017, edición Nº 1835

Maltrato y abandono: ¿Puede reinventarse el Zoo porteño?

La periodista Tamara Novelle asegura que nada justifica que existan estas cárceles de animales, pero tampoco es tan sencillo lograr que desaparezcan.

Por Tamara Novelle

(CABA) La semana arrancó con un rumor sobre el inminente cierre del zoológico de la Ciudad de Buenos Aires. Y la posibilidad, que a las horas porteñas desestimaron las autoridades, fue celebrada por proteccionistas que desde hace años vienen denunciando las condiciones de abandono en las que se encuentran los casi 2500 ejemplares que habitan hacinados en las 18 hectáreas ubicadas en el barrio de Palermo.

¿Tiene algún sentido que hoy sigan existiendo estos espacios de cautiverio cuando ya prácticamente carecen de fines educativos ante el avance de los medios de comunicación e Internet en los que se pueden ver todo tipo de documentales y acceder a la información con sólo hacer un click? ¿Es necesario que encima sigan funcionando en edificios que responden a una realidad de hace más de 140 años?

El debate no es nuevo. En nuestro país ya viene de larga data. Muchos recordamos el agobiante calor que soportó el oso Arturo en el zoológico de Mendoza, que desde los primeros días del año está cerrado. Todo nos impulsa a decir que nada justifica que existan estas cárceles de animales. Además, si bien aún queda algún que otro humano de dudosa sensibilidad sacándose fotos con leones o tigres drogados dentro de las jaulas, cada vez son menos las visitas que reciben los zoo. Pero tampoco es tan sencillo lograr que desaparezcan.

Es que, más allá de que en este tipo de espacios trabaja mucha gente, y que también se realizan investigaciones, los animales que viven desde hace años encerrados no sobrevivirían en su hábitat natural porque perdieron todo tipo de comportamientos de supervivencia. Por otra parte, muchos son especies exóticas que terminarían en manos de cazadores furtivos si no se los protege en algún tipo de reserva natural. Y tampoco existen tantas fundaciones proteccionistas, ni voluntarios que destinen dinero de sus bolsillos, para que se pueda albergar la cantidad de bichos que hoy viven en zoológicos.

Entonces, ¿pueden reinventarse como deslizó el director del zoo de Palermo? Es una opción. Quizás, de hacerlo seriamente y con compromiso, muy acertada. Lograr transformar esos predios de maltrato en espacios de verdadero cuidado y conservación, donde los fines no sean los meramente comerciales, sino más bien lugares ecológicos y de recuperación sería la mejor salida al triste presente que hoy padecen. NR

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Fuente: Muy

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