Buenos Aires, 28/05/2017

Luján: el órgano de la basílica ya lleva 40 años de silencio

Se rompió en 1976 y nadie cumplió la promesa de arreglarlo

(PBA) El órgano es descomunal aunque nadie la nota. Cuando se ingresa a la Basílica de Luján, queda a espaldas del visitante. Actualmente, está custodiado por la Gendarmería. Mide 14 metros de frente y 7 de profundidad. Pesa 12 toneladas. Está compuesto por 3800 tubos, listones y fuelles. Es una maravilla artesanal de precisión industrial. El más importante en su tipo de toda Hispanoamérica. Fue fabricado en Francia a fines del siglo XIX y donado a la Iglesia argentina en 1908. A mediados de los ‘90, fue declarado Monumento Histórico Nacional. Para los entendidos es el Stradivarius, el Cohiba o el Bugatti de los órganos. Su nombre es Cavaillé-Coll y un pequeño detalle: nadie lo toca desde 1976. Está roto. Silenciado. Un instrumento callado es una metáfora posible de la impotencia.

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Néstor Kirchner y Julio De Vido, con venia del fallecido obispo Héctor Rubén Di Monte, prometieron restaurarlo en 2003, cuando se anunció el proyecto de remodelación de la Basílica –obra trunca, con sospecha de sobreprecios, que duplicó presupuesto y aún continúa–. Pero el Cavaillé sigue ahí. Vulnerable como nunca, recibe la humedad, las piedrillas y el polvo de la obra que lo rodea sin conclusión. Recibe, además, visitas inesperadas. Por ejemplo, la de un tipo que parece salido de un policial sueco. El hombre se dedica a entrar de polizón por la noche a las iglesias y, después de forzar puertas y ventanas, se graba tocando tangos pésimos en los órganos sacros para luego difundir las imágenes por Internet. El Cavallié también fue víctima de este desquiciado. Pero unos pocos lo saben. Son los mismos que reclaman, sin suerte hasta ahora, que alguien se haga cargo de esa obra de arte desprotegida. NT

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