Buenos Aires, 21/11/2017, edición Nº 1833

Lugares en donde todo el mundo está feliz

Una nueva premisa circula por las urbes modernas: cómo hacer para que sus habitantes se sientan mejor. Semáforos con juegos, bancos de plaza con música y demás inventos de la arquitectura de las emociones.

Si casi el 90% las personas viviremos en las grandes ciudades para 2050, es necesario que el medio urbano contribuya a que nuestro día a día sea más llevadero. Parece que las junglas de cemento con enormes edificios, autopistas y frías estructuras arquitectónicas ya comienzan a formar parte de una postal del pasado. Ahora las ciudades más vanguardistas y avanzadas están modificando su fisonomía de la mano del arte, la creatividad, la música, las luces, el deporte, y la lógica competitiva de los juegos (corriente conocida como “gamification”) y los juguetes. Las urbes se vuelven más amigables. Es que una de las tantas tendencias cuando se aborda el concepto de ciudades inteligentes (smart cities) es la de “felicidad urbana”. Esto significa planificar y ejecutar estrategias y elementos arquitectónicos que achiquen la distancia entre la ciudad y sus habitantes (y turistas) para regalarles a todos burbujas de satisfacción, pequeños momentos de felicidad. Y, para tan importante objetivo, los espacios públicos se convierten en los centros principales, que deben ser más interactivos, agradables y -con perdón de la palabra- divertidos. Algo así como desparramar por toda la ciudad la lógica de los juegos infantiles típicos de las plazas.

¿Puede una ciudad hacernos más felices? En el libro Happy City: Transforming our Lives through Urban Design, el periodista canadiense Charles Montgomery asegura que sí. Él fue uno de los pioneros en unir las ciudades con las emociones, la confianza y el comportamiento de sus habitantes. La explicación, asegura, es química. Nuestro cerebro libera la hormona llamada oxitocina cada vez que tenemos un encuentro positivo y que nos genera confianza. La clave, entonces, parece ser diseñar edificios, plazas, calles, museos y sistemas de transporte público para que, con la ayuda de la tecnología, favorezcan el contacto y estimulen conversaciones e interacciones entre los miembros de una comunidad.

Hay ejemplos de esta tendencia en casi todas las ciudades más importantes del mundo. Ofrecer wifi, cargar los dispositivos como celulares y tabletas, escuchar música, relajarse en pleno centro, interactuar con el otro mediante mensajes y juegos, premiar al que usa la bicicleta son algunas de las funcionalidades más comunes de los proyectos. En Rusia, para el Festival Archstoyanie, una instalación bautizada Fast Track (producida por Salto Architects) consistía en una cama elástica de casi sesenta metros de largo que invitaba a saltar a cientos de personas en el medio de un bosque. En Montreal, pensaron si era posible generar una melodía de manera colaborativa junto a los vecinos y diseñaron unas hamacas para una plaza que hacen sonar diferentes notas musicales en cada columpio.

Las opciones para pasar un rato divertido se multiplican en cada ciudad importante. En la era de las selfies, las redes sociales y la conectividad, el único pecado es aburrirse. Porque, como cantaba Peret, es preferible reír que llorar.

Una nueva premisa circula por las urbes modernas: cómo hacer para que sus habitantes se sientan mejor. Semáforos con juegos, bancos de plaza con música y demás inventos de la arquitectura de las emociones.

N Building

El edificio del estudio de arquitectura Teradadesign Architects en Tokio, Japón, tiene la fachada cubierta de códigos QR para que los peatones puedan acceder a la información sobre los locales que hay adentro, ofertas, promociones y servicios.

Listen Tree

Un árbol que emite sonidos cuando nos acercamos, gracias a un dispositivo audio/ha´ptico con sensores de proximidad que se integra a la naturaleza. Es un proyecto del MIT que se encuentra en fase experimental. Ya hay tres funcionando en México DF. Se pueden ver en listentree.media.mit.edu.

Atelier Zündel Cristea

El proyecto del estudio de arquitectura AZC (del francés Grégoire Zundel y la rumana Irina Cristea) es un puente formado por mo´dulos inflables como si fueran anillos gigantes de treinta metros de dia´metro. Tiene boyas flotantes fabricadas en PVC, unidas por un cable de alta resistencia. En la parte central de cada anillo, se extiende una red de cama ela´stica que permite saltar o recostarse para disfrutar el paisaje. El puente gano´ el tercer premio en el concurso Bridge in Paris, en Archtriumph Competition.

Banco Boombench

Fabricado en 2008 por los alemanes Scott Burnham y Michael Schoner, arquitecto y diseñador respectivamente, este banco para exteriores reproduce mu´sica de un dispositivo mo´vil a trave´s de una conexio´n bluetooth. Fue presentado en la exhibición Experimenta Design en Ámsterdam.

Ibali

Disen~ado en 2012 por la agencia Fórmula D para Ciudad del Cabo, en Suda´frica, se trata de un asiento con sensores que detectan la presencia humana y activan música y/o mensajes de audio. Ideal para relajarse un rato.

Street Pong

En algunos semáforos de Copenhague, enfrentados a cada lado de la calle, está instalado este juego que permite a dos peatones enfrentarse en el famoso juego Pong mientras esperan la luz roja para cruzar. Es un proyecto de los dinamarqueses Sandro Engel y Holger Michel, de la agencia Urban Invention.

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