Buenos Aires, 19/11/2017, edición Nº 1831

Losteau y los fondos buitres

El diputado nacional por UNEN se refirió a los fondos buitre y cómo debe enfrentar la Argentina esta situación. (CABA) Hace un mes describí la decisión que la Suprema Corte de Justicia de los EE.UU. debía tomar en el caso del “fondo buitre” NML contra la Argentina como un meteorito que se nos acercaba peligrosamente, y cuya trayectoria cierta desconocíamos. La comparación no era antojadiza: mientras acá comentábamos la previa...

El diputado nacional por UNEN se refirió a los fondos buitre y cómo debe enfrentar la Argentina esta situación.

Martin_Lousteau

(CABA) Hace un mes describí la decisión que la Suprema Corte de Justicia de los EE.UU. debía tomar en el caso del “fondo buitre” NML contra la Argentina como un meteorito que se nos acercaba peligrosamente, y cuya trayectoria cierta desconocíamos. La comparación no era antojadiza: mientras acá comentábamos la previa del Mundial, allá lejos y a gran distancia de nuestra cotidianidad, se estaría resolviendo una cuestión con fuertes efectos sobre nuestro país.

Fue esa misma preocupación la que, a pesar de las discrepancias generales de política y de las críticas acerca del manejo puntual de esta cuestión, nos llevó a un grupo de diputados de la oposición a acompañar a la comitiva que viajó la semana pasada rumbo a Washington para explicar la posición argentina. Absolutamente nadie sabía qué curso de acción tomaría finalmente la Corte pero casi todos coincidíamos en que, si llegaba a extender los plazos, todo esfuerzo constructivo valía la pena.

Desafortunadamente, ahora ya sabemos que ese margen no existe: la Suprema Corte estadounidense rechazó tomar el caso argentino, dejando firmes los fallos de instancias previas. Quedamos con limitados cursos de acción. Uno es abrir el espacio para una negociación inteligente, que todos -los holdouts, la Justicia y el interés nacional- reclaman. Los yerros previos nos dejaron en una posición de debilidad que debemos intentar revertir. El alarde de intransigencia, la amenaza con un nuevo canje y hasta con un default técnico son, en ese sentido, tácticas válidas.

Sin embargo, es imprescindible actuar con precaución. Todo este proceso -y ayer hemos tenido una nueva muestra- ha demostrado que confundir la política de atril orientada al electorado interno con el diseño riguroso de la acción judicial puede ser sumamente costoso. Al igual que carecer de una visión sistémica: es contradictorio solicitar la cooperación de EE.UU. por este tema, mientras se insiste en el acuerdo con Irán o se dan señales de apoyo a la Rusia de Putin por el conflicto en Crimea. Finalmente, la acumulación de errores deriva en reacciones tardías y excesivamente onerosas cuando nos enfrentamos a la urgencia, tal como fueron los arreglos en el marco del CIADI, la indemnización a Repsol y el acuerdo con el Club de París.

Los fondos que están litigando contra la Argentina aprovechan ese marco de confusión para caracterizar y caricaturizar falsamente no a un gobierno, sino a un Estado y a una sociedad. Y para ello cuentan con abundantes recursos y capacidad de lobby. Por ese motivo han logrado volver irrelevante la verdad: a diferencia de otras crisis de fines de los ´90 (México, Rusia, Corea, Tailandia, etc.), la Argentina se recuperó repagando compromisos con el exterior en lugar de recibir fondos; la reestructuración de deuda fue inevitable; los términos de la misma terminaron siendo más generosos que lo que se percibe, y lo serían aún más si nuestro país redujera su costo de financiamiento a niveles cercanos a los que tuvo a comienzos del 2007, antes de la intervención del Indec. En efecto, si el costo de fondeo fuera de 7%, ¡lo otorgado a quienes entraron en el primer canje sería cercano a 77 centavos por cada dólar!

Cuando nuestros adversarios ganan esa batalla dialéctica, comienza a perder peso su clasificación como “buitres” o recordar que esos mismos fondos que avanzan judicialmente contra nuestro país tienen como política ganar dinero buscando oportunidades entre la carroña: obtuvieron 300 millones de dólares con la bancarrota y el rescate público de Chrysler, y más de 1000 millones de dólares relacionados con la caída de Lehman Brothers, mientras intentan seguir exprimiendo esa situación en la justicia de los EE.UU.

Ya está. Todo eso es pasado. Desde el lunes los errores cometidos con anterioridad poco cuentan -salvo como aprendizaje- y sólo cabe concentrarnos en resolver de la mejor manera posible el futuro. Nuestro país está todavía a tiempo de evitar males mayores, pero para ello no puede contentarse sólo con la diatriba, declamando que no cederá a la extorsión, vilipendiando a Griesa y sosteniendo que el fallo es sólo una grieta que los holdouts encontraron en una estrategia por demás sólida. Es tiempo de cuidar las expresiones (¿por qué, por ejemplo, el ministro comete la imprudencia de sostener en una conferencia de prensa que, si se pagara, los que entraron al canje podrían tener derecho a reclamar por la suma de 120 mil millones de dólares?) y -más imprescindible aún- de saber negociar priorizando los intereses nacionales de largo plazo y comprendiendo acabadamente los riesgos.

En momentos de duda, el Gobierno acudió a las demás fuerzas políticas para presentar la cuestión como una política de Estado y recibió sostén. Ayer tuvo lugar una reunión de Capitanich, Kicillof y Zannini con todos los presidentes de bloque, tanto del Senado como de Diputados, solicitada por el PEN y volvió a encontrar la misma predisposición. Pero el Gobierno también tendrá que hacer su parte, abandonando la soberbia, rompiendo la endogamia para adoptar una actitud más abierta y, sobre todo, actuando con rigurosidad. Eso es lo mínimo que reclama -de todos- esta delicada situación.

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